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Latitud 07 de Enero de 2018

Humo blanco para Expedientes X

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Julio Lara Bejarano*

Este mes fue el estreno de la undécima temporada de la serie dirigida por Chris Carter, que llegó cargada de más teorías conspirativas que intentarán descubrir Mulder y Scully.

Dos hechos clave para registrar en un expediente clasificado tuvieron lugar en diciembre. Primero, el Pentágono expuso la existencia de un millonario programa secreto encargado de investigar avistamientos de Objetos Voladores No Identificados (OVNI). Seguidamente, el comandante David Fravor, ex piloto de la Armada de los Estados Unidos, reconoció su encuentro con uno de ellos, manifestando en una entrevista con ABC News que «eso no era de este mundo». Ahora, no bien entrado el año, justo en pleno duelo ególatra–nuclear entre Donald Trump y Kim Jong– un, Chris Carter, guionista, productor y director, pone otro dedo en la llaga ‹conspiranoica› con un monólogo interpretado por el actor William B. Davis en su legendario papel de ‹El fumador› durante el primer episodio de la recién estrenada temporada de los Expedientes X (X Files, 1993–2018). El tapiz es un collage de imágenes de archivo y dramatizadas que incluyen a George W. Bush, al propio Trump y a otros mandatarios mundiales, a pruebas atómicas, guerras y revueltas populares y, no podía faltar, el alunizaje, que –como cabe esperar, según el show– forma parte de un engaño orquestado por el gobierno norteamericano para inclinar a su favor la balanza del poder durante la Guerra fría. Lo cierto es que Mulder y Scully vuelven al ruedo y por undécimo ciclo de misiones intrépidas en la pantalla chica, el fin del mundo, como lo conocemos, está cerca.

La verdad está ahí afuera

Del glorioso 1993 en que presenciamos la conjunción de dos estrellas nacientes en la limitada parrilla televisiva nacional, nos acordamos los fanáticos. Gillian Anderson y David Duchovny comenzaban a encarnar los célebres papeles que, pese a sus denodados intentos por girar la tuerca, continúan reclamándolos. De la primera sólo teníamos noticia por un episodio del seriado Clase del 96 (Class of ’96, 1993). Del segundo, pequeños papeles en televisión y cine con Picos gemelos (Twin Peaks, 1991), la comedia Beethoven (1992), el drama biográfico Chaplin (1992), el thriller Kalifornia (1993) y el drama erótico  Cuando llama el deseo (Red shoe diaries, 1992) dirigido por el fallecido Zalman King. Pero fue Carter, periodista de profesión y guionista de Disney, quien aparejó el casting perfecto. William Fox Mulder y Dana Katherine Scully, un creyente y una escéptica, ambos agentes del FBI asignados al área con peor reputación en el buró, serían la insignia de Ten Thirteen Productions, empresa del creador, escritor y productor ejecutivo del seriado, director además de diversos capítulos y de una de las dos películas que constituyen su universo expandido. No obstante, sendos proyectos paralelos no correrían con idéntica suerte. Millennium (1996) y Los pistoleros solitarios (The lone gunmen, 2001), este último spin-off o derivado del show, comprobarían que su magia no estaba ‹ahí afuera›, y serían cancelados tras breves períodos. Lo mismo ocurriría, pese a los elogios de la crítica, con Harsh Realm (1999), donde un grupo de soldados libra una guerra en territorios de la realidad virtual. Sin embargo, aquello lejos de desanimar a su creador, le motivó a introducirse en el mundo de los videojuegos, nuevamente con su joya de la corona. De este modo, ‹Los expedientes X:

Resistir o servir› (2004), juego de aventura y horror lanzado para la plataforma PlayStation 2, transcurre entre zombis y brujerías, como una misión más de sus protagonistas, pero al vívido alcance de los gamers que osaban disputarla. Posteriormente, el largometraje televisivo The after (2014), escrito y dirigido por Carter, giraría en torno a ocho extraños arrojados por fuerzas misteriosas y dispuestos a sobrevivir en un mundo violento que desafía toda explicación. Acumulando aplausos de crítica y audiencia, ello supuso el preámbulo a la décima temporada, en 2016, de su producto más exitoso. Nada mal para un fanático de Kolchak: The night stalker (1974), programa sobre un reportero testigo de eventos extraordinarios, que con sólo 20 capítulos conquistaría la inspiración del futuro creativo californiano.

La fórmula mitológica

Érase una vez, en una galaxia muy lejana, que veinticinco episodios podían conformar la sola temporada de un seriado en TV. Hoy, cuando diez, trece a lo sumo, parecen demasiados para los adictos al cable o al video en demanda, parecemos olvidar el enorme trabajo de un showrunner o productor ejecutivo por aquellos días, intentando conservar la integridad del relato, la coherencia de los acontecimientos y la autenticidad de sus personajes.

Así debió ser para los Expedientes X, máxime al conducir dos líneas argumentales básicas bien delimitadas. Por un lado, capítulos independientes que ponían de manifiesto el mundo de lo paranormal (monstruos, fenómenos inexplicables, criptozoología, etc.), y por el otro la meticulosa prolongación de una mitología sobre la vida extraterrestre y su ligadura con una conspiración global auspiciada por hombres que al margen del poder legítimo y democrático pactaron un apocalipsis viral con el objeto de colonizar y repoblar el planeta.

Visto así, resulta en extremo fácil resumir 217 capítulos que, a la fecha, han merecido 5 Globos de Oro, 16 Premios Emmy, 2 del Sindicato de Actores (SAG), 2 de la Sociedad Norteamericana de Directores de Fotografía (ASC) y 2 del Sindicato de Directores de Arte (ADG), entre otras múltiples nominaciones que por sí solas evidencian la naturaleza estética, narrativa y dramatúrgica del programa. ‹Muerto vivo›, ‹Ladrón›, ‹Tirador en primera persona›, ‹Dos padres/Un hijo›, ‹El Prometeo posmoderno›, ‹Kill Switch›, ‹Memento Mori›, ‹Tempus fugit›, ‹Grotesque›, ‹Nisei›, ‹El descanso final de Clyde Bruckman›, ‹Duane Barry›, ‹Paciente X› y ‹Memorias de un fumador›, son algunos de los títulos que pasaron a integrar la cultura popular desde su primera emisión al aire, sin contar las incontables repeticiones y vistas en streaming, lícitas e ilícitas, como en cuanto a descargas desde la red.

La chimenea humana y más arquetipos

Walter Skinner, el vigilante que se hizo cómplice; Alex Krycek, el traidor e instigador a conveniencia; Jeffrey Spender, el caminante ciego que ve la luz de repente; y Frohike, Byers y Langly, el trío fiel e inseparable de Geeks en pie de ataque permanente, son algunos de los perfiles inolvidables co-creados por el reparto. Junto a ellos, John Doggett y Mónica Reyes, Garganta profunda, el Señor X, Diana Fowley, Marita Covarrubias, el director Kersh, Brad Follmer, Gibson Praise, Billy Miles y, recientemente, los agentes Einstein y Miller, hacen leyenda. Pero ninguno como ‹El fumador› (o C.S.M., por Cigarette Smoking Man, en inglés).

Caracterizado por el canadiense William Bruce Davis, ex profesor de actuación en la Universidad de Bishop y fundador del Centro William Davis de Actuación para Jóvenes Estudiantes, en Vancouver, su nombre real en la serie:

Carl Gerhard Busch Spender, demoró en ser expuesto a la fanaticada. Antes, desde el puro piloto, fuimos conscientes de su poder y nivel de influencia, de cómo integró y movió los hilos del ‹Sindicato› junto a un grupo de conspiradores anónimos a la opinión pública; de cómo alteró, incluso, el devenir de la historia al situarse detrás del asesinato de Martin Luther King y John F. Kennedy, de la llegada del hombre a la Luna, del ascenso de Sadam Husein y la caída de la Unión Soviética. Ello sin contar con el ocultamiento de un accidente Ovni y el homicidio de un alienígena superviviente. Todo un personaje. Héroe, según lo define el propio intérprete, y amado anti–héroe por quienes contemplamos aquel breviario de su vida en Memorias de un fumador, cuando anhelando el retiro para dedicarse a escribir novelas de ciencia ficción (y dejando el vicio, de paso), regresa derrotado a su reino de sombras.

No confíes en nadie

«He sido testigo de la historia, en su mayoría violenta, una abominación», declara el fumador. «¿Hay vida allí afuera?, ¡Santo cielo!, al dudar no sólo falla la imaginación, sino también la capacidad de reconocer los límites de nuestra estupidez, el origen de nuestra ciencia, el rudimento de nuestras herramientas…», continúa su soliloquio en el arranque de la undécima temporada del seriado. Tras seis controvertidos capítulos previos (hace dos años), diez nuevos se alistan para retomar el legado de las primeras nueve macro estructuras que se despidieron de la teleaudiencia en 2002. Por aquel entonces, en lo que creímos su final definitivo, un vehemente C.G.B. Spender se llevaba el cigarro hacia un orificio practicado en la garganta para afirmar que su relato asustó a cada presidente desde Truman en el 47 y que diez siglos atrás los Mayas temían que su calendario se detuviera en la fecha exacta donde su historia comenzaba: diciembre 22 de 2012.

Todavía confiamos en seguir dilatando el tiempo, aunque tengamos el mismo temor: que unos cuantos en el poder (y a su sombra) detengan el reloj mundial, como si de encender y apagar una llama se tratase.


*Julio Lara Bejarano: Jefe de Prensa – Cinemateca del Caribe. Periodista, docente, formador de públicos.

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