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Latitud 15 de Octubre de 2017

Gobelinos del Caribe, de Leandro Soto

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El artista cubano Leandro Soto, uno de los invitados de ‹Caribe Negro›, evento de la Universidad del Norte.

Grisel Pujalá

La obra del artista hace parte de la exposición que se realiza en el marco del evento ‹Caribe Negro›, que junto con el artista Juan Carlos de la Hoz se instala el martes 17 de octubre.

Existe una dinámica ‹sincrética› que se apropia de toda una gama de formas culturales, especialmente de los códigos de las culturas dominantes y los ‹criolliza›, desarticulando signos dados y re-articulando su significado simbólico.
Kobena Mercer

Las religiones africanas han servido de punto de partida para la formación de nuevas formas sincréticas de espiritualidad caribeña que van desde el vudú en Haití (combinación de santos católicos y loas), rastafarianismo, bautismo negro y pentacostalismo en el Caribe anglosajón, hasta la espiritualidad conciliada de orichas africanos y dioses hindúes en Trinidad y Tobago y la de santos católicos y dioses yorubas en la Regla de Ocha o santería cubana. Todas las prácticas espirituales antes mencionadas muestran signos de hibridación resultando en que cada una de ellas despliegue una estética particular asociada con sus prácticas.

En el caso específico de la llamada Regla de Ocha cubana, hay muchos artistas visuales que han trabajado con esta tradición, creando en el proceso su propia estética y estilos, entre ellos Leandro Soto, una de las figuras principales del famoso grupo Volumen Uno,  que cambió el curso del arte contemporáneo cubano en los años ochenta. Leandro Soto es reconocido en Cuba e internacionalmente por ser el primer instalador y hacedor del arte de la performance en su país, así como también el haber sido el primero en su generación en integrar el legado afro-cubano a su obra.

Leandro Soto ha trabajado con la representación visual de los Orichas fuera de su contexto cultural original, no solo en pintura sino también en escenografía, performance, cine, arte de la instalación, ilustración de libros y diseño de vestuario.

La obra de Soto involucra al espectador en representaciones visuales contemporáneas de una religión originaria de África y desplazada a Cuba hace más de cuatrocientos años. Su obra de arte apunta hacia la evolución y adaptación de esta religión –que sobrevivió primero ocultando sus rituales y eventualmente incorporando elementos de la narrativa católica dominante en la isla– y que ha llegado hoy a diferentes partes del mundo, recreando a su paso memorias, formas de arte  y fortaleciendo un sentido de pertenencia en entornos extraños y desconocidos. El quehacer artístico de Soto pone de relieve además cómo los artistas contemporáneos cubanos de la diáspora, a pesar de estar desplazados de sus contextos culturales originales, trabajan con sus tradiciones y al mismo tiempo son capaces de crear nuevos significados sincréticos.

Soto ha ido creando a través de los años una narrativa híbrida que integra elementos de varias culturas como se puede observar en la muestra  de ‹Gobelinos del Caribe›, la cual corresponde a la itinerancia vivencial del artista. Crear una obra de arte de fácil transportación es una manera de mantener el arte hoy como un elemento participante en la vida cotidiana de aquel que la posee, no importa su emplazamiento. Una obra que viaja con el dueño y es desplegada en un nuevo espacio ayuda a mantener una continuidad visual en un mundo de valores cambiantes. No obstante, es muy probable que la obra sea decodificada una vez más en el nuevo contexto. Si bien una pintura enmarcada ‹decora› el lugar donde se le coloca y el marco le ayuda a hacerle pertenecer al ambiente, por el contrario un gobelino u obras transportable equivalentes hacen la misma acción pero de manera inversa. Estas obran apropiándose del espacio –sin querer integrarse a este– lo redefinen, lo transmutan. Una obra en forma de gobelino que llega enrollada y se le despliega con un gesto sencillo es capaz de proyectarse instantáneamente a todo su alrededor marcando su presencia.

En esta serie, Soto se traslada a décadas anteriores revisitando los aciertos obtenidos por las generaciones de los pintores cubanos que produjeron su arte anterior a la década del 50. Estos artistas de la vanguardia y la post-vanguardia lograron una representación estética costumbrista de lo cubano usando los temas del ambiente del hogar, el contexto local, el paisaje tropical y los ofrecidos por las diversas culturas presentes en Cuba desde los tiempos de la colonia hasta esa fecha.

Las obras presentes en ‹Gobelinos del Caribe› resuenan conceptualmente con los tapices o gobelinos que reproducían las obras maestras predilectas de los reyes españoles, los cuales llevaban consigo cuando se desplazaban en sus viajes reales. Los tapices en la tradición hispánica se afirman en el siglo XVIII y se caracterizaban por temas de costumbres, escenas, tipos y paisajes. Es la intención de este artista la de ‹cubanizar› y ‹criollizar› la tradición de los códigos tradicionales de los gobelinos, añadiéndole el legado mitológico de la cultura afro-cubana.

Estas pinturas fundamentadas en síntesis culturales cubanas son como instalaciones pintadas a mano, las cuales podrían hacerse tridimensionales a voluntad. Pueden verse como bocetos y mapas con una geografía particular de significados. Leandro Soto usa materiales significativos de la cultura caribeña, especialmente  el textil de yute en el cual se almacenaba el azúcar de caña producida en la región junto al lienzo de tradición europea y la pintura acrílica, inventada en México, la cual mantiene flexibilidad después del secado, lo cual sucede muy rápido si se la compara con el óleo tradicional europeo. También usa creyones de colores con base de cera fabricados por él mismo. El estilo de representación de esta serie de gobelinos es figurativo sin usar, a propósito, la ilusión de profundidad. Las imágenes pueden ser decodificadas y llegar a convertirse en texto verbal siempre y cuando se haga desde el contexto de la Regla de Ocha y de la cultura cubana.

*Graduada de Hunter College (NYC) y obtuvo su doctorado en filosofía en la Universidad de Miami. Recientemente jubilada de la Universidad de las Indias Occidentales, en Barbados, es coleccionista de arte, curadora y actual directora del proyecto internacional ‹CAFE: las Jornadas de los Artistas Cubanos›, el cual investiga las distintas formas en que una comunidad en diáspora puede cambiar, asimilar nuevos valores o reafirmarse en sus formas de expresión originales.

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