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Latitud 06 de Agosto de 2017

Estonia, milagro a orillas del Mar Báltico

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Tallinn, capital de Estonia, alberga 400.000 habitantes, un tercio de la población del país.

Andrea Quintero Angulo

Con un pie en su pasado histórico, y el otro en un promisorio futuro, Estonia sorprende a sus visitantes por ser modelo de una sociedad liberal, democrática y equitativa en la que la gente es lo primero.

El frío nos transporta a dinámicas culturales difíciles de imaginar para quienes vivimos en una ciudad del trópico como Barranquilla. Viajar a Estonia, un país de 1.3 millones de habitantes en la costa oriental del Mar Báltico, y que comparte fronteras con Finlandia y Rusia, implica empacar en la maleta toda la parafernalia propia de un viaje a la cima del Everest. Guantes, medias y pantalones térmicos son algunas de las prendas necesarias para sobrevivir a temperaturas que oscilan entre los 5 y los -8 grados centígrados al inicio de la primavera. En ocasiones previas al viaje, mi mente divagaba sobre las vicisitudes de la vida en este país, donde al menos debes ponerte tres capas de ropa para esquivar al frío en una latitud que se caracteriza por tener inviernos largos y veranos cortos. Pero lo cierto es que, para los estonios, el frío hace parte de la vida, está en el ADN de un pueblo cuyos orígenes pueden rastrearse 11.000 años atrás hacia el final de la última Edad de Hielo.

En nuestro mundo globalizado de hoy, la carta de presentación de Estonia es la famosa aplicación Skype. La revolucionaria invención nació en Tallinn, su capital, con  el lema Bringing people closer together, whenever they’re apart (Acercando a la gente cuando sea que estén separados). Los estonios se sienten orgullosos de ello, y con razón. Skype introdujo al mundo una innovadora manera de comunicarnos que eliminó, de manera virtual, las barreras geográficas, e hizo de esta nación el ejemplo de un modelo de economía abierta, versátil y libre de burocracia, en la que el idioma oficial es el estonio, pero también idiomas como el inglés , el ruso —25% de la población es rusa—, y finlandés, son hablados ampliamente.

Pero para entender mejor el milagro estonio hay que revisar el origen de su modelo económico actual. Al tratarse de un país con recursos naturales limitados, las pequeñas y medianas empresas y el sector público proveen la mayoría de plazas de trabajo de los estonios. En este panorama el uso creativo de las tecnologías de la información fue poco a poco constituyendo un nuevo sector de ‘industrias sin chimeneas’. Hoy por hoy, aplicaciones web que permiten votar de manera online usando una tarjeta de identificación digital o ‘ID Card’,‘robots-entrega’ y la prescripción, vía internet de un 99% de las recetas médicas, componen el paisaje del primer país con un sistema que pone a la ciudadanía en una esfera digital. Una dosis de democracia joven y las adecuadas decisiones políticas, han permitido a Estonia forjar una sociedad igualitaria sin el desgaste de guerras interinas o la lucha contra la corrupción. Algunas de las conquistas de este ‘e-country’ (país electrónico), es la declaratoria, en el año 2000, del acceso a internet como derecho humano básico, por lo que no es extraño que en cualquier esquina de Tallin pueda encontrar una red de Wifi gratis. A la vez que ciudadanos declaran renta en tan solo cinco minutos a través de una aplicación, modalidades como los e-business, o negocios electrónicos, y el ‘e-banking’ —99% de las transacciones se hacen vía Internet, hacen de las filas, la burocracia, los trancones y el uso de papel en diferentes sectores sea cuestión del pasado—.

En diciembre de 2014 Estonia se convirtió en el primer país del mundo en ofrecer la ‘e-Residency’, residencias virtuales que le permiten a sus ciudadanos realizar cualquier trámite vía online, desde el pago del parqueadero público hasta permisos sanitarios. Incluso la firma digital tiene el mismo valor que la manuscrita. Mientras algunos países tienen hoy en día el dilema de entrar al mundo digital o implementar un modelo de educación óptimo, Estonia comparte el ranking de la mejor educación del mundo junto con su país vecino, Finlandia. Por paradójico que pueda sonar, a pesar de la creciente apertura del país, los estonios mantienen aún cierta frialdad en sus relaciones interpersonales. Hay excepciones, claro, y en mi viaje tuve la fortuna de interactuar con personas muy amables y de una gran calidad humana.

El mayor reto de esta ventana hacia el Mar Báltico está en disminuir el promedio de edad de su población. Estonia necesita gente joven y con espíritu libre que quiera aprovechar todas las oportunidades que un país de avanzada puede ofrecer. Centros académicos como la Universidad de Tallinn ofrecen becas para estudiantes de países en desarrollo en diferentes programas de pregrado, maestría y doctorado. Becas que, además del semestre académico, incluyen rubros para la manutención y los pasajes aéreos, esto sin contar que, una vez en Tallinn, no deberá preocuparse por el transporte público, pues es gratis para todos los ciudadanos, incluso para los extranjeros que estén estudiando. 

A pesar de ser una ciudad pequeña, con cerca de 400.000 habitantes, en Tallinn se puede encontrar una oferta cultural y gastronómica amplia con teatros cada cuatro cuadras, gente educada, museos con temáticas diversas, buen cine y gran variedad de comida. La oferta culinaria incluye versiones actualizadas de clásicos de la cocina de Estonia, comida rusa, y establecimientos con comida ultra picante de la India, que sugieren cómo está ciudad portuaria ha estado también abierta a la cocina de inmigrantes.

Si bien la vida nocturna de Tallinn es más tranquila que la de otras capitales europeas, los eventos dedicados a la música y las artes están a la orden del día. Anualmente se celebra The Tallin music week que atrae a músicos y artistas de toda Europa, y para los amantes del séptimo arte, la ciudad cuenta con un excéntrico festival en invierno llamado Black Nights Film Festival. Su directora, Tiina Lokk, me contaba que nunca pensó que su festival se convertiría en un evento categoría A, a la altura de festivales como el de Berlín, Cannes y Locarno.

Un recorrido imperdible que atrae a turistas en todas las épocas del año es el famoso Old town o casco antiguo de la ciudad. Construido por los cruzados alemanes a finales de la Edad Media, es uno de los pueblos medievales mejor conservados de Europa. A medida que se recorre se pueden observar hermosas murallas intactas por el paso del tiempo y callejuelas con pisos empedrados, al mejor estilo de Game of Thrones. Otro lugar imperdible para visitar es el Parque Nacional de Lahemaa, considerado el primer entorno verde como parque estatal de la antigua Unión Soviética. Geográficamente Estonia es un país privilegiado, la mitad de su territorio está rodeado de bosques, limita al norte con el golfo de Finlandia, y cuenta con más de mil quinientas islas en el Báltico, motivos que hacen que el aire de esta nación sea considerado el más limpio del mundo.

Llegar a Tallinn toma 13 horas de vuelo, sin contar el tiempo de espera entre los aeropuertos de París o Frankfurt, desde donde se hace conexión. Así que si llegó tan lejos, no querrá perderse la oportunidad de tomar un Ferry y cruzar en dos horas y media el Mar Báltico para arribar a Helsinki, la capital de Finlandia. Si su espíritu viajero se lo permite, puede aventurarse y tomar un bus que en 6 horas lo llevará a San Petersburgo, Rusia. Otro destino para conocer y disfrutar.

Durante el viaje llamó siempre mi atención el silencio perenne de Tallinn, tan lejano del bullicio de pitos y música de las ciudades colombianas. En general Estonia parece ser un lugar apropiado para los amantes del silencio y la vida del campo, un paraíso para la introspección y la contemplación de una naturaleza aún virgen pero cuyas inclemencias climáticas exigen cierta actitud estoica y de comunión con la vida natural. Esto, y el hecho de ser un país que se encuentra a la vanguardia de muchas otras naciones europeas, constituye el sello distintivo de una nación con un pie en el pasado y otro en el futuro, en la versión diseñada de su propia utopía.

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