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Latitud 21 de Junio de 2015

Entre la idea y la experiencia

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La obra ‘E14LAM’, del laboratorio artístico cubano Candelario, inserta a la población. Es una maqueta gigante de madera pintada de blanco de los edificios de cemento que poblaron los barrios de las afueras de La Habana en los años 70.

Efe

La XII Bienal de La Habana ha mutado las calles y plazas en una gran galería al aire libre. Reúne a 300 artistas y curadores de 45 países.

Sentir la ciudad y su gente, es decir involucrar a sus comunidades poblacionales y profesionales, sus micropolíticas y microespacios de socialización son algunos de los lineamientos que el equipo curatorial de la XII Bienal de La Habana se ha trazado para esta cita de las artes plásticas en la que Colombia participa con el colectivo Octavo Plástico, de Cartagena, integrado por Ana Victoria Padilla Onatra, Roberto Carlos Pérez Guerrero y Enmanuel Julio Pinilla.

También hacen presencia por Colombia, Graciela Duarte y Manuel Santana, así como Nicolás París. Más de 300 artistas y curadores de 45 países participan en este evento catalogado como el mayor de las artes plásticas de la capital cubana, cuyas calles y plazas se han convertido en un gran escaparate de obras de todas las disciplinas en interacción con las comunidades.

Plazas, escuelas, centros culturales y otros lugares emblemáticos de la ciudad como el Malecón o el Morro, la antigua fortaleza construida por los españoles se han transformado en espacios expositivos albergando instalaciones, dando paso a performances, talleres y muestras audiovisuales.

Entre la nómina de los 120 artistas invitados destacan nombres como el indio Ansih Kapoor, el francés Daniel Buren, el afgano Aman Mojadidi, los suizos Lang & Baumann, el mexicano Asaro, el uruguayo Guillermo Zabatela, la chilena Guisela Munita o el italiano Michelangelo Pistoletto.

Sin embargo, son los cubanos los más numerosos, con 26 participantes como los consagrados Lázaro Saavedra o Esterio Segura, o prometedores artistas noveles como Fidel García o Glenda León.


En primer término, la obra del colectivo cartagenero Octavo Plástico.

Con el propósito de sacar el arte a las calles y no quedarse dentro de los recintos clásicos del arte, los artistas extranjeros viajaron en varias ocasiones a La Habana para familiarizarse con los espacios y crear obras «vivas» y «orgánicas» que dialoguen con la gente y se inserten de manera natural en su entorno, explicaron los organizadores.

El director de la Bienal, Jorge Fernández, subrayó que esta edición continúa además con su intención de ser escaparate de artistas de lo que entonces se conocía como ‘periferia’ artística, centrándose en las primeras ediciones en América Latina para adentrarse después en Asia y África.

Más allá de tratar de «dar voz» a los excluidos de los circuitos tradicionales de arte y acoger todo tipo de propuestas, esta bienal –bautizada Entre la idea y la experiencia– no pretende abordar un tema en específico ni tendrá un núcleo central de exhibición.

En esta edición, la bienal presenta una vez más la propuesta Detrás del muro, que convierte el Malecón en una galería a cielo abierto con los proyectos de una cincuentena de artistas como Mournir Fatmi (Marruecos), Humberto Vélez (Panamá), o los cubanos Ernesto García, Liudmila López y Duvier del Dago.

En este apartado, Duke Riley, uno de los artistas estadounidenses que participan en esta bienal, la primera que se produce en medio del deshielo entre Cuba y EEUU, instalará una gran pista de patinaje sobre hielo en la avenida del Malecón, que mira a las costas de Florida.

También destaca el espacio «Zona Franca», que ubicado en la fortaleza del Morro se convierte en la mayor muestra de arte cubano contemporáneo de los últimos años, con nombres como Eduardo Ponjuán, Ernesto Rancaño, Lázaro Saavedra, Meira & Toirac, Eduardo Abela, Arturo Montoto, Manuel López Oliva e Iván Capote.

Entre los más de 120 artistas invitados, individuales y colectivos, hay otros que se han sumado a proyectos grupales como el «Museo Orgánico», que lidera el artista cubano Alexis Leyva ‘Kcho’, en su galería del barrio El Romerillo.

En coincidencia con la celebración de la Bienal, se concretó el primer intercambio entre pinacotecas de Estados Unidos y Cuba con la exposición colectiva Ruido Salvaje, un centenar de piezas del Museo del Bronx, de Nueva York, ahora instalada en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Para el equipo curatorial de la Bienal sigue siendo hoy un ejercicio estéril instaurar conceptos preconcebidos de lo que entendemos por arte, por lo que reiteran que la percepción colectiva se transforma en los desafíos y las incertidumbres que genera la experiencia donde se abren nuevos horizontes culturales y se crean otras maneras de sociabilidad y de interconexión.

 

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