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Latitud 03 de Septiembre de 2017

‘En diciembre llegaban las brisas’: novela de formación

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Moreno fue de las pocas mujeres colombianas que escribían en el siglo XX.

Mercedes Ortega González-Rubio*

La obra de Marvel Moreno, conocida como la ‘biblia barranquillera’, sirve como especie de iniciación a la literatura.

En diciembre llegaban las brisas (1987), de Marvel Moreno, es una de las grandes obras del siglo XX de la literatura colombiana y latinoamericana. Se inscribe dentro de la novela escrita por mujeres en Colombia. Entre las autoras que la precedieron, podemos citar a Olga Salcedo, con Se han cerrado los caminos (1953); a Elisa Mujica, con Catalina (1963); a Fanny Buitrago, con El hostigante verano de los dioses (1963); a Alba Lucía Ángel, con Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), y a Helena Araújo, con Fiesta en Teusaquillo (1981).

Esta obra, que ha sido llamada la ‹biblia barranquillera› por varios críticos, es una suerte de saga familiar que narra lo acontecido, no a una sola, sino a muchas familias. Ello la convierte en el retrato de una sociedad. La historia se centra en la vida de tres amigas –Dora, Catalina y Beatriz–, pero para hacernos entender el presente de estas mujeres recurre al pasado, lo que ellas y sus esposos –Benito, Álvaro y Javier– han heredado ideológicamente de sus padres y madres, abuelos y abuelas. Asimismo, la obra parte de lo local y lo regional –Barranquilla y el Caribe– para representar comportamientos humanos universales como la hipocresía y la autenticidad, el egoísmo y la solidaridad, la violencia y los afectos.

Antes de publicar esta novela, Marvel Moreno ya había escrito un libro de cuentos titulado Algo tan feo en la vida de una señora bien (1980). Este había circulado poco y fue escasamente reseñado en periódicos y revistas nacionales, aunque siempre despertando comentarios entusiastas. En 1987 se publica En diciembre llegaban las brisas (Bogotá: Plaza y Janés; todas las citas pertenecen a esta edición), y ahora la crítica que recibe es más abundante. Después vendría el segundo libro de cuentos, El encuentro y otros relatos (1992), con similar recepción que el primero. Hay que esperar al fallecimiento de la autora, en 1995, para que se produzca un relativo auge de los estudios sobre su obra, que –podría decirse– dura hasta hoy. Este interés se evidencia además en la reedición de su obra. En el 2001, la editorial Norma publica el volumen Cuentos completos, que incluye los dos libros anteriores y uno que había dejado inédito (Las fiebres del Miramar). En diciembre llegaban las brisas, por su parte, lleva ya tres ediciones (Plaza y Janés, 1987; Norma, 2005, y Alfaguara, 2014). Queda por editarse su última novela, El tiempo de las amazonas, que muchos mencionan y pocos han leído. Solo con su publicación la obra de Moreno estaría completa, para ser conocida y valorada por una sociedad que tanto necesita de su visión lúcida y crítica.

La formación de
Lina Insignares

Nacida en Barranquilla en 1939, Marvel Moreno se va del país en 1969 y no vuelve nunca más. Instalada modestamente en París, la autora escribe sobre la ciudad que recuerda, desde sus experiencias como miembro de un sector de la élite, pero con una posición fuertemente crítica frente a la sociedad patriarcal y violenta en la que tuvo que crecer.

Moreno recrea en En diciembre llegaban las brisas el mundo de las abuelas, madres, hijas, e incluso de las que vendrían después, «las nuevas muchachas de Barranquilla». Todas ellas se las ingenian para enfrentar los retos que se les presentan en un contexto sociocultural donde las mujeres son objetos de intercambio entre varones. Las más osadas –Divina Arriaga y su hija Catalina– logran desplegar una sexualidad libre y empoderada, y ser autónomas en todos los aspectos de su vida. Por eso mismo, por desafiar las normas imperantes para la mujer, son marginadas y tachadas de libertinas e insensibles. Sin embargo, la mayoría de los personajes de la novela –caso de Dora y Beatriz– no pueden llevar la vida según sus propios deseos, y terminan sucumbiendo, suicidándose o alienándose en identidades estereotipadas como la esposa sumisa o la suicida.

En las tres primeras partes de la novela se cuenta la historia de Dora, Catalina y Beatriz, a través de lo que su amiga Lina Insignares recuerda. Cuando vivía en Barranquilla, esta fue testigo de todo lo sucedido, y luego lo recuerda, enferma en París, desde su madurez. Así que En diciembre llegaban las brisas resulta ser una novela de formación múltiple, pues se enfoca en estos cuatro personajes. Pero sin duda, Lina –quien nunca deja de ser un personaje periférico en la trama– es la clave para entender lo que la novela quiere decir acerca del proceso de aprendizaje del ser humano.

Entre la Lina niña-adolescente de Barranquilla y la Lina adulta de París hay grandes diferencias. En un principio, ella aprende de la experiencia de su abuela Jimena y sus tías Eloísa e Irene, «sin preguntarles nada ni comprender gran cosa, intuyendo vagamente que algún día esos fragmentos de ideas vendrían a ordenarse en su mente cuando las circunstancias la sacaran de la algodonosa incertidumbre de su adolescencia» (pág. 224). La relación con sus parientas es, pues, de tipo pedagógico: ellas son las guías en el desarrollo de su identidad.

Sin embargo, Lina no es alguien que simplemente escucha y observa: desde niña se va haciendo una idea del mundo que la rodea y construye su propia escala de valores. Por ejemplo, no es la testigo impasible ante la violencia a la que Benito somete a su amiga Dora, sino que se pone de su lado y trata de ayudarla –contrario al criterio de su abuela–, acción que se funda en su propia ética. Más adelante, Lina pensará que ese comportamiento era un poco ingenuo, y «llegaría a preguntarse sonriendo si a lo mejor su abuela no había tenido razón (…). Pero no entonces. Entonces acababa de cumplir catorce años y nadie, ni siquiera su abuela, podía convencerla de que Dora era arrastrada por una fuerza oscura» (pág. 13).

No obstante, si bien la Lina de París es más madura que la Lina de Barranquilla, no considera que la actitud de su adolescencia hubiera estado equivocada. A pesar de todas las miserias vividas, las propias y las ajenas, no ha «perdido sus ilusiones». Efectivamente Dora y Beatriz no pudieron ser «salvadas» de ser víctimas del patriarcado, y Lina renuncia a creer que todo puede ser entendido y organizado. Pero a pesar de que no hay una gran revelación al final, Lina llega a la toma de conciencia de que no todo se puede saber, «que los laberintos de la vida contienen enigmas sin descifrar (…)» (pág. 434). La edad, en vez de traer mayor claridad y definición a sus juicios, los relativiza, estableciendo que lo único que existe es «una interrogación continua, un eterno peregrinaje» (pág. 351).

Lucien Goldmann define la novela como la búsqueda degradada de valores auténticos en un mundo degradado. En el caso de En diciembre llegaban las brisas, la conversión final de Lina no tiene que ver con un acceso a la autenticidad o a la trascendencia vertical, sino con la toma de conciencia del carácter degradado de su búsqueda. Su proceso de aprendizaje termina con una autolimitación, con la renuncia a la búsqueda de una verdad única, sin que ello constituya una aceptación del mundo y sus convenciones ni un abandono de su propia escala de valores. Goldmann llama esta autolimitación «madurez viril». Aquí tendríamos que hablar de madurez femenil.

El epílogo: el broche de oro

Uno de los rasgos más sobresalientes de esta obra consiste en la forma en que está narrada. Las tres primeras partes, correspondientes a las historias de cada amiga, tienen un narrador omnisciente. Pero, sorpresivamente, el lector se encuentra al final con un epílogo: unos pocos párrafos en los que Lina habla en primera persona. El crítico francés Jacques Gilard, uno de los principales estudiosos de la obra de Moreno, se refiere al epílogo con un término arquitectónico: la clé de voûte, en español, la clave, la última pieza que se coloca en la construcción de un arco y que lo ‹corona›. En otras palabras, el epílogo es el ‹broche de oro›.

El lector podría creer que en estos párrafos va a encontrar finalmente la historia de Lina, el personaje más nombrado en la obra pero al mismo tiempo más evasivo. Como la novela trata de las otras tres amigas, nunca se sabe gran cosa de la que une las historias, y el lector espera tal vez que al fin se le relate en detalle la vida de esta heroína escondida, lo cual no sucede. Sin embargo, la información que aparecen allí es decisiva para tener una comprensión integral de la novela.

En primer lugar, Lina comienza diciendo que no ha vuelto a Barranquilla, lo cual le da la distancia definitiva para erigirse en observadora y analista del pasado. Solo desde esta posición de mujer madura y distante puede ella alzarse como una narradora legítima. Doblemente legítima porque estuvo ahí, lo vivió, y porque está lejos, en el tiempo y en el espacio.

Luego aparece el dato tal vez más significativo de todos: Lina declara que es escritora, y desde ese rol entabla una relación con sus receptores. Estos dos últimos aspectos convierten a En diciembre llegaban las brisas en una novela autorreflexiva, pues habla del acto mismo de escribir.

Es de central importancia que sea Lina misma, en primera persona, la que cuente que es escritora, pues se trata de un acto confesional en el que ella acepta la responsabilidad de la escritura. Así, la novela culmina el viaje de iniciación de este personaje, recorrido que la conduce a empuñar la pluma. Además, Lina no solo se autoproclama escritora, sino que dice haber escrito un libro donde denuncia la opresión de las mujeres de Barranquilla (pág. 435). De esta forma, la misma novela da la clave acerca de cómo quiere ser entendida: como un manifiesto feminista.

Finalmente, cuando Lina afirma ser la autora de un libro, menciona a las nuevas muchachas de Barranquilla, identificándolas como sus posibles lectoras. Al dirigirse por primera vez a sus receptores, los convierte en personajes (narratarios). Esta es otra de las características de una novela de formación: su finalidad pedagógica. La novela se convierte así en una guía para las generaciones venideras.

Este año En diciembre llegaban las brisas cumple 30 de publicada. No hay mejor manera de celebrarla que las nuevas generaciones del siglo XXI disfruten de su lectura, para que descubran qué tiene para decirles esta novela. Como dice Lina, tal vez al fin sepan distinguir el amor del erotismo «reconociéndoles a ambos su carácter sagrado de iniciación en el largo peregrinaje que permite vislumbrar el infinito: y ser más humildes, y reconciliarse alguna vez con la vida» (pág. 283).

*Doctora en Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Toulouse, Francia. Profesora del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad del Norte. Sus áreas de interés son la literatura y cultura latinoamericana y del Caribe, y los Estudios feministas y de género. Especialista en la obra de Marvel Moreno.

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