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Latitud 11 de Enero de 2015

El pescador digital

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Foto: Cortesía de Elainer Ipuana

Rafael Caro Suárez* / @rafacarocucuta 

En las playas de la Guajira, el wayuu Marciano Ipuana relata cómo adquirió conocimientos gracias al Kiosco Vive Digital que MinTIC instaló en la vereda Bocas de Camarones

Todo aquel que se dedique a la pesca artesanal sabe según Marciano Ipuana que este trabajo depende de los caprichos de la naturaleza: un día la marea sube y al otro baja, y entonces llegarán las jornadas de la abundancia o de la escasez. Sin embargo, explica, desde que el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) instaló un Kiosco Vive Digital (KVD) en Bocas de Camarones donde nació el 25 de abril de 1969 ha podido desafiar hasta las más intrincadas leyes del universo, con ayuda de la tecnología.

“En el KVD me enseñaron a navegar por internet, y conocí el GPS que es una herramientas con las coordenadas de cualquier lugar del mundo”, explica este Wayuu de complexión robusta y buena estatura (1,78), con la piel cobriza y templada como un tambor. Ipuana también aprendió a encontrar información relacionada con la pesca: dónde comprar insumos de calidad en Riohacha o Santa Marta, y cómo consultar el estado del clima de los días venideros; así, considera que se convierte en un pescador cada vez más instruido.

Marciano pone como ejemplo de su aprendizaje el uso de la georreferenciación, que le ayuda a ubicar con exactitud los puntos donde se concentran los peces más apetecidos por los pescadores de la región. Así logró conjurar la mala suerte a la que antes achacaba sus jornadas inciertas de pescas nulas. Entendió que con el uso apropiado del internet mejoraría su productividad: “Ahora pesco hasta 30 kilos de sierra, y 40 de pargo”, asegura.


Marciano Ipuana, consultando páginas del mundo de la pesca en el Kiosco Vive Digital en Bocas de Camarones , Guajira

También aprendió que los peces que frecuentan las aguas de su comarca, como la sierra, el pargo, la mojarra, el bagre o la carita, salen en cardumen por las madrugadas. Por eso cambió de estrategia, y en vez de tostarse la piel con la canícula  del mediodía; ahora prefiere la penumbra, con la suave y fresca brisa del alba. En compañía de Genaro Ipuana, su hermano, recoge la embarcación y se va por las rutas que previamente identificó en internet como las mejores para pescar.

Si es enero como ahora, los vientos lo llevarán por senderos afortunados. En cambio en enero, o entre julio y septiembre, el mar se pone picado y navegar se convierte en una acción suicida; recuerda la vez que su nave se desvió por caminos peligrosos a causa del oleaje impertinente que los sacudió bruscamente. Marciano conoció la bravura del mar, y pensó que terminaría anclado en las profundidades infinitas de las aguas que lo vieron nacer. “Afortunadamente no pasó nada. Pero ahora prefiero consultar antes en el Kiosco el estado del clima, así uno sabe a qué atenerse”, señala.

Actualmente, el MinTIC adelanta su iniciativa ‘El Campo se conecta’, que contempla la instalación de cientos de Kioscos Vive Digital en diferentes departamentos, que al finalizar el 2014 sumarán un total de 7.621 KVD que permitirán a campesinos y habitantes de las zonas rurales de todo el país acceder a la tecnología, al internet y a otros servicios de telecomunicaciones.

Secretos del oficio

Marciano es pescador desde los ocho años de edad, cuando el viejo Marcelo Ipuana (su padre, hoy con 85 años) le enseñó los secretos del oficio: cómo utilizar las velas de la embarcación para aprovechar la brisa marina, la mejor manera de agarrar el remo para darle velocidad a la nave, y cómo, cuándo y dónde echar la red para emprender una pesca generosa. Aunque las exiguas ganancias de Don Marcelo en sus años de labores no le permitieron ofrecer a sus hijos lujos ni abundancia, Marciano agradecerá siempre a su padre haberle enseñado a pescar para conseguirse el sustento.


Marciano Ipuana en plena faena

Porque si eres de la Guajira, exclama Marciano, tienes dos opciones: si eres de la zona árida, dedicarte al pastoreo de animales; pero si eres del mar, entonces te convertirás en pescador. En el caso de Bocas de Camarones, vereda ubicada a 15 kilómetros de Riohacha y con el litoral a tan solo 200 metros de distancia, algunos de sus 500 habitantes se dedican a los oficios del campo, otros a la crianza de chivos, las mujeres a la fabricación de tejidos artesanales, y los más osados a vivir del mar.

Son hombres recios que se encargan de llevar a sus hogares el pescado para que sus mujeres lo sazonen y acompañen con ñame y agua de panela. Al constituirse como un producto de alta demanda, es razonable que se venda como pan caliente: “Puedo vender hasta 70 kilos de pescado en tan solo media hora. El kilo de pargo está a $10.000, y el de sierra a $14.000”, relata Ipuana, que en sus mejores días se gana entre 120 y 500 mil pesos. Nada mal para un pescador guajiro que utiliza la tecnología.

Claro está que él tiene un plan B por si llega la mala hora: si el clima le impide zarpar, entonces se desplaza medio kilómetro hacia la ciénaga Navío Quebrado, un paraíso donde los flamencos de rosados plumajes conquistan un paisaje de ensueño generalmente coronado en las mañanas por un sol anaranjado. Allí, unas veces pesca lisas, otras lebranches e incluso camarones; y durante las vacaciones se convierte en el guía turístico de los ‹cachacos› que llegan del interior del país a conocer su región. “Cobro entre $35.000 y $50.000 por recorrido. La Guajira es un destino obligado para todo aquel que desee conocer las maravillas de Colombia”, afirma.

Marciano está seguro de que viviendo en Bocas de Camarones no le faltará nada. Tiene al frente el mar donde pesca su alimento y se consigue el sustento; además, allí encontró el amor: Sujelis Iguarán, su esposa y la madre de sus hijos Elainer (21), Aldair (20), Harold (16) y Marcelo (12). Allí vive a cuerpo de rey: como pesca temprano y se desocupa antes del mediodía, juega al dominó y al fútbol; luego apacigua el bochorno con unas cervezas heladas, y hasta le queda tiempo para escuchar vallenato tendido en una hamaca sabrosa. Por eso Marciano nunca cambiaría el rumor de las olas ni el cantar de los pájaros descomunales que sobrevuelan su caserío, por el modernismo ensordecedor de la metrópoli más imponente. “Eso sí”, aclara, “seguiré visitando el Kiosco Vive Digital, para seguir conociendo lo que sucede allá, en el otro lado del mundo”.

 
*Periodista de la Universidad Javeriana de Bogotá. Cúcuta (1978). Redactor del periódico El Tiempo (2003 – 2005); también ha sido colaborador de periódicos como La Hoja, La Opinión y El Espacio. Trabajó en las oficinas de prensa de entidades como la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, actualmente se desempeña como asesor de prensa del Ministerio TIC.

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