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Latitud 16 de Abril de 2017

El evangelio según Martin Scorsese

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Héctor Romero

Controversial y provocador, Scorsese retrata en sus películas temas como la religión y la mafia, valiéndose de personajes que deambulan entre la condena y la redención.

La penitencia no se hace en la iglesia, se hace en la calle.
 
Charlie (Harvey Keitel) - ‘Mean Streets’ (1973)
 
My Voyage to Italy es un documental realizado por Martin Scorsese en 1990. Trata sobre un profundo viaje personal a través de la historia del cine italiano y la marcada influencia que tuvo dicha cinematografía sobre él. En los primeros minutos el filme esboza un pasaje del limitado mundo que transitaba cuando era niño: «Mi mundo no se componía más que de nuestro apartamento, la iglesia, la escuela, que estaba a una manzana, y la tienda de caramelo que quedaba en la esquina», afirma el cineasta. Luego aparecen registros pertenecientes a una vieja filmación familiar. En ella figura la celebración religiosa dedicada a un santo italiano. Vemos las calles abarrotadas por gente con banderas y encendiendo pólvora. También lo que sería una reunión casera de los antepasados de Scorsese, la tienda administrada por sus abuelos paternos; niños luciendo el atuendo característico de quien va a hacer primera comunión.  
 
De adolescente Martin quiso ser sacerdote. Él mismo sustenta esta aptitud como una forma de escapar a la peligrosidad ofrecida por el barrio. Acude a misa y emplea parte del tiempo libre siendo monaguillo. Los frecuentes ataques de asma y cierto temor infundado por los gánsteres del vecindario hacen del cine y la religión su único refugio. Crece viendo películas italianas y poco a poco despierta en él la atracción por las iconografías religiosas. Luego de culminar la secundaria decide inscribirse en el seminario. Irónicamente, Scorsese tomará consciencia de la profesión cinematográfica por la decisiva influencia de un cura aficionado al séptimo arte. 
 
La que viene siendo su primera película reconocida, en la temprana carrera como director de cine, Mean Streets (1973), revela señales sobre la importancia que tuvieron las grabaciones caseras y el abandono de los estudios clericales. No es gratuito contemplar al inicio del filme una secuencia en formato Súper 8 que reproduce un ambiente similar al captado por sus familiares en las rústicas y antiguas imágenes. La escena es distintiva del universo en construcción del director: los valores italoamericanos, la familia y la calle como eje central donde se intercalan los anteriores elementos. Es posible elaborar conjeturas: las encrucijadas espirituales que atacan a Charlie, su protagonista (interpretado por Harvey Keitel), quizá tengan semejanza con la frustración de Martin Scorsese al no lograr ser cura. El protagonista de Mean Streets libra una disputa consigo mismo entre elegir el camino de la fe o seguir una vida criminal. Estos dos mundos opuestos se cruzan y provocan un profundo remordimiento que solo apacigua asistiendo a la iglesia. Charlie se encuentra atado a una devoción por temor a Cristo, confía en él, pero rechaza la penitencia católica. Desea imponer una creencia a su manera. Al final asume una actitud redentora y termina inmolado a tiros.
 
El icónico Travis Bickle (interpretado por Robert de Niro), protagonista de Taxi Driver (1976), ha salido del infierno vietnamita para caer dentro del infierno neoyorquino. Su vida puede asimilarse como una espiral dantesca. Trabaja largos turnos nocturnos manejando taxi y es testigo directo del submundo citadino. Travis no posee propósito alguno que le entregue significado a su existencia. Simplemente deambula sin dirección, hasta que adquiere conciencia redentora. Desea limpiar la ciudad de toda perversión y suciedad. Travis asume una confusa posición y justamente es el propósito buscado por Scorsese y su guionista: un sujeto solitario, con problemas mentales, presentado como el benefactor de una sociedad enferma. Travis no se prepara espiritualmente, sino físicamente. Un antirredentor. Alguien que asesina ladrones de tienda e intenta matar a un aspirante al Senado. ¿Pero quién encarna el grado máximo de esta depravación?: Iris, la niña prostituta y su proxeneta. Travis, justiciero psicópata, asesino despia
dado, ángel exterminador con cresta mohicana, rescata a Iris de la calle tras una lluvia de sangre y gente acribillada, y es declarado héroe por la prensa. 
 
Taxi Driver sería la primera colaboración de Martin Scorsese y el guionista Paul Schrader. Igual que Scorsese, Schrader creció con una formación religiosa que definiría a fondo su obra. La familia Schrader profesaba una rigurosa educación calvinista. Su madre clavaba agujas en la palma de la mano de Paul para enseñarle cómo es el dolor del infierno, y cualquier falta propiciaba castigos diarios. Tenía prohibido ver películas y escuchar la radio. Schrader asistió por vez primera al cine a los diecisiete años. Siguiendo la idea de que Cristo nunca abandona, el mismo Paul comenta que antes de entrar al cine, dijo: «Cristo, si quieres esperar aquí en el bordillo, volveré en una hora y media».
 
Raging Bull (1980) es la segunda colaboración entre Martin Scorsese y Paul Schrader. En menor medida comunica valoraciones religiosas. Sin embargo, Jack La Motta peregrina gradualmente desde la autodestrucción hasta una culpa que objeta su pasado, a tal punto de abrazar el arrepentimiento. La película cierra citando el Evangelio de Juan, evocando a un hombre que era un ciego pecador y nuevamente recupera la vista.  
 
La exploración religiosa más profunda entre el dúo Scorsese-Schrader es La última tentación de Cristo (1988). Adaptación basada en la novela del Nobel literario griego Nikos Kazantzakis, constituye una pieza cinematográfica compleja en lo que se refiere a la desmitificación directa de Cristo. El supuesto Mesías resulta ser un hombre abrumado por una gran debilidad espiritual que pone en constante duda sus cualidades como mensajero de Dios. Jesús sufre angustias tanto físicas como interiores al experimentar tentaciones materiales. Más que salvar al mundo del pecado, busca una tranquilidad personal, y la única forma de hallarla es entregando su cuerpo a la crucifixión. En el momento justo del sacrificio aparece un ángel ordenando a Jesús bajar de la cruz y este se deja guiar a otra vida posible. La decisión tomada es temerosa. Deja a un lado los principios para casarse con María Magdalena, y al quedar solo debido a la muerte de su reciente esposa, no tarda en caer en los brazos de las hermanas de Lázaro. La carne, no el espíritu, es lo que hacen de Jesús un hombre libre. Scorsese y Schrader inmortalizan la vida de un profeta moral. 
 
Las siguientes películas de Martin Scorsese encuentran referencias implícitas en torno a la religión. Las inquietudes católicas toman formas de disputas morales. Scorsese no señala el camino ideal. Al contrario, cuestiona las acciones buenas y las malas. El comportamiento de sus personajes es regido sobre las circunstancias y conveniencias del destino a seguir. 
 
Tras concentrar su trabajo de los últimos años en diversas temáticas, Scorsese indaga nuevamente en sus obsesiones religiosas en Silence (2016), su épica más reciente en la que explora la inquisición budista a los jesuitas que difundían el cristianismo en el Japón del siglo XVII. En la aventura emprendida por una pareja de jesuitas portugueses que buscan en Oriente los rastros de su mentor que ha renunciado a su fe, Scorsese vuelve a pisar sendas ya transitadas en su habitual manera de tratar asuntos espirituales. Otra vez aparecen la redención acompañada del sufrimiento y el sacrificio y la idea de llevar al límite sus creencias. Lo llamativo del filme es la manera en que retrata a los cristianos como los perseguidos del paseo, en abrumador enfrentamiento de dos creencias. Las valiosas reflexiones ahondan sobre el fracaso del cristianismo frente al estoicismo japonés y la delicada posición asumida por el padre Ferreira, convertido ahora en un fiel budista, sentencian esta idea. Scorsese quiere generar una ve
hemente empatía con los moribundos campesinos. Pausa su relato en las torturas empleadas por los inquisidores y la duda resurge en el silencio de un Dios que no da señales a sus feligreses. 
 
Martin Scorsese entregó su alma en pena al cine. Y en cierto modo encontró una salvación. Del fracasado cura apareció un cineasta redentor. Las películas son su purgatorio personal que lo conducirá directo al cielo, que con tanta convicción han buscado cada uno de sus valerosos personajes. Así en últimas se arrepienta y no quiera tomar esta decisión. 

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