EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/131978
Latitud 07 de Septiembre de 2014

El día que abuchearon a Cerati en Barranquilla

El usuario es:

Foto:

Iván Bernal Marín

El líder de la emblemática banda Soda Stereo implantó su semilla roquera en los oídos de los barranquilleros hace décadas. Su sonido germinó y propició toda una cosecha musical. Tras su crisis de salud, El HERALDO publicó este artículo el 5 de mayo de 2010.

***

Por allá en 1995, el roquero que mantiene en vilo a todo un continente vino a Barranquilla con su banda de entonces, Soda Stereo, a presentarse como telonero de Rikarena. Gustavo Cerati salió abucheado en su intento de abrirle el concierto a unos merengueros que hoy ni siquiera el más nostálgico de los DJ de radio se atreve a sonar. Los guitarrazos del argentino hoy son legendarios, y suenan en cada emisora, aunque solo despertaran rechiflas entre los barranquilleros del 95.

La paradójica noche es recor- dada por Moncho Márceles, vocalista de León Bruno. El roquero de 34 años es de los pocos que estuvo allí para escuchar a Soda, no para bailar No puedo olvidarla. “Él fue quien nos metió en este problema de hacer rock en una ciudad a la que no le interesa”, dice Moncho acerca de la influencia de Cerati. Es admirador de su música desde los 11 años.

También desde esa edad es fanática Melissa Emiliani. Ella es estudiante de décimo grado. Tiene 15 años. Los últimos dos los dedicó a tapizar su cuarto con afiches de roqueros, prin- cipalmente de Cerati, que está en las cuatro paredes, desde la puerta al techo. Fue a su concierto en Bogotá, el primero en su vida, pero no sabía que él había venido a su ciudad. “Me da full rabia. No lo puedo creer. Qué falta de cultura”, dice.

La obra del ícono pop impac- tó las vidas de Melissa y Mon- cho en formas quizá parecidas, puesto que ella ha empezado a tocar guitarra y piano, a in- tentar crear su propia música. Pero la adolescente no para de llorar y rezar para que Cerati supere su crítico estado de salud.

En cambio, el roquero que con los rugidos de su León se ganó su propia secta de segui- dores, convirtiéndose en un referente local del género, está empezando a celebrarlo, en cierta forma. “Tampoco es que quiero que se muera”, sonríe.

SEMILLA
Cuando la hermana de Moncho regresó de Bogotá en 1985, adonde se había ido a estudiar fonoaudiología, trajo un casete con música de Miguel Mateos, Charly García, Silvio Rodríguez y otros. Había dos canciones de Soda, Nada personal y Cuando pase el temblor. Con ellas “empezó a develarse algo especial”, relata Moncho, sentado ante un pendón de unos tres metros en los que aparece roqueando con Ómar y Antonio Sánchez, sus compañeros de León Bruno.

Con ellos intercambiaba casetes desde la niñez, ya que vivían en su mismo edificio. Explica que tanto el sonido como las letras de las canciones que han compuesto juntos están inundadas de las “capacidades poéticas de composición musical” legadas de Soda.

Luego, más canciones como las que guardaba su casete empezaron a sonar todas las noches en el programa radial Frecuencia pop, dirigido por el argentino Alfredo Bendek.
“Nos mostró otro punto de vista. Al hacer rock en caste- llano, Cerati nos aterriza en cuanto a la posibilidad de hacer rock barranquillero”.

Incluso cuando León Bruno se empezó a abrir paso en el circuito de bares locales, hacía una versión de la canción Entre caníbales, del grupo argentino.

Con todo y eso, Moncho no está haciendo vigilia ni nada parecido por la recuperación del cantante. “Las muerte nos viene a todos. Oran porque se recupere, sale bien y viene y lo atropella un carro. Él no va a durar para siempre”. Lo que en cambio no muere es su obra.

Por el contrario, revive en la medida en que su autor cae en el infortunio. “Ahora hay un interés sobre este personaje, por saber por qué cruzó tantas fronteras”. Considera que lo más importante ya está hecho, “implantó su semilla, desde tan lejos, sin advertirlo”.

Solo se necesitaría darle play a sus canciones para revivirlo una y otra vez. En el altar roquero en que Melissa ha convertido su habitación, la devoción está más plagada de ilusión. “Sus letras son como metafóricas, como profundas, me siento identificada”. Tiene toda su discografía, descargada por Internet. A diario le manda a Cerati fuerzas para que se recupere, por medio de mensajes en Facebook.

“Siempre lo he amado, pero desde que pasó esto lo he escuchado más, y leo más de él”. Para ella no basta el legado imperecedero plasmado en su obra.

Confía en que todavía falta mucho por escuchar del argentino.

“Estoy segurísima de que se va a recuperar. Me puse full triste, pero tengo fe”, dice Estefanía Rossettes, amiga de Melissa, de 17 años. Guarda esperanzas de verlo en vivo. Aunque tiene claro que no volverá a Barranquilla, ni se podrá reivindicar la ofensa en nombre de Rikarena. 

Etiquetas

Más de revistas