EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/144077
Latitud 18 de Junio de 2017

“El acto de la memoria es una gimnasia enigmática”

El usuario es:

Foto:

Paul Brito

Esto piensa de su proceso creativo Orlando Echeverri Benedetti, el escritor cartagenero autor de ‘Criacuervo’. Entrevista.

En Criacuervo (Editorial Angosta, 2017), la segunda y reciente novela del escritor colombiano Orlando Echeverri Benedetti (Cartagena, 1980), hay un personaje que pierde un ojo y le toca usar un parche. Bien mirado parece una metáfora de esa oscuridad que inevitablemente habita el punto ciego de todas las personas, esa mancha, ese límite que no nos permite tener el dominio completo de la visión. Lo mismo pasa con nuestras mejores intenciones: por más buenas que sean, hay una franja oscura de fuerzas que nadie puede controlar y que muchas veces termina inundando todo lo demás. De esa zona imprevisible de la naturaleza humana habla la novela de Echeverri.

El autor desarrolla las partes de la historia hasta el exacto punto en que le interesa para lo que quiere contar o hasta el punto fronterizo en que sirven para configurar el abismo de la historia completa, ni una palabra, ni un evento más. Le interesa describir más los intersticios, los vacíos, los silencios, los precipicios, los desiertos, las zonas negativas del relato, que sus contornos concretos, positivos y conocidos. Eso define un rumbo, una estética propia, una compresión coherente consigo misma: mantiene los fragmentos de la granada juntos y, al mismo, su explosión en cadena. Su materia prima es el espaldar de la realidad, su hilo negativo, su trasfondo invertido, como si Orlando hubiera escrito su obra del lado de adentro, y luego le hubiera dado la vuelta, igual que una camisa. La novela se aleja de los esquemas trillados de otras que no arriesgan maneras diferentes de contar, que no tratan de redefinir o definir en sus propios términos la esencia de la escritura.

P  ¿Cuáles son tus ambiciones como novelista? ¿Para ti qué debe intentar una novela, más allá de contar una historia?

R Ahora mismo estoy concentrado en terminar una novela y en corregir un libro de cuentos que tuve abandonado durante un año. Por el momento es, digamos, mi única ambición. Tarde o temprano uno entiende que todo eso de la ambición debe volcarse en la construcción escrupulosa y sin concesiones de una historia que valga la pena. Lo que viene después, la búsqueda de una editorial, por ejemplo, es un ejercicio de otra naturaleza. Quizá de paciencia. Al respecto de la segunda pregunta, diría que toda novela debe buscar cierta lúdica en su estructura. No me refiero a un arbitrario juego experimental, sino simplemente al hecho de correr riesgos en el hallazgo de una dinámica entre la forma y el contenido. Hay casos excepcionales. Recuerdo que La soledad del lector, de David Markson, me pareció un experimento extremo que, sin embargo, funcionaba. Por otra parte, creo que la voz e incluso el vocabulario determinan la atmósfera de la historia.

P  En ‘Criacuervo’, tu nueva novela, lo que no cuentas es más importante que lo que cuentas, o por lo menos, mantiene al lector más enganchado y desencadena la tensión del relato. ¿Siempre tuviste claro que querías hacer eso o fue una manera intuitiva de trabajar y de desenvolver la historia?

R  En Criacuervo la sensación que describes es tal vez una consecuencia de la expectativa confusa de los personajes frente a los eventos. No saben a qué atenerse, caminan a tientas entre el pasado y el presente y están desamparados. En esas circunstancias espirituales habita un peligro en potencia; una amenaza que al principio se anuncia sutilmente y luego se precipita como un alud. Cuando escribí la novela tenía, desde luego, un plan trazado, una idea fundacional que, no obstante, iría mutando a través de la escritura. Lo cierto es que casi nunca termino escribiendo lo que había planeado.

P  Tanto en esta novela como en la anterior hay un interés tuyo en los destinos rotos, en las sendas equivocadas, en la forma en que la vida se obstina en desintegrar la vida de las personas y malograr cualquier interés de salvación y de reconciliación con el pasado. ¿Qué piensas de eso?

R  Son los personajes que entiendo y cuyas historias me interesa contar. En mi propia vida he descubierto lo erráticas y peligrosas que pueden llegar a ser las elecciones que se toman en un momento de desesperación, y en la cantidad de posibilidades imprevistas que ese hecho termina planteando. Tengamos en cuenta que, a la larga, lo que define a un personaje es el conflicto con el que se enfrenta. En las dos novelas que he publicado suelo abordar individuos cuyos conflictos tienen un origen nimio, que luego se sale de control. Por otra parte, intento que la riqueza y la complejidad de los personajes se alimente de la memoria. Imagino la memoria como una casa sin luz llena de ecos. El acto de recordar, de querer ir cada vez más hondo en determinada remembranza para explicarte en qué momento se desmadró tu vida, siempre me ha parecido una gimnasia mental enigmática y sombría.

P  Pasajes de tu novela, ciertos nudos, recuerdan la aproximación que hacía Roberto Bolaño en su obra hacia el mal como algo concreto y nuclear. ¿Qué es el mal para ti?, ¿cuál es su importancia en la literatura?

R  El mal en la obra de Bolaño me dejó una impresión ligeramente distinta. Lo percibí como una fuerza ubicua, de la que solo se presencian las consecuencias y casi nunca los actos. Es como si el mal estuviera siempre un paso adelante y solo pudiéramos ser testigos perplejos y asqueados de su rastro. En lo personal, entiendo el mal como un apetito contenido. Un fuego que en las condiciones adecuadas puede esparcirse y devorarlo todo. En cuanto a la última pregunta, creo que el mal es un elemento orgánico de la literatura, de la misma forma que lo es el amor o la muerte.

P  ¿Te sientes parte de una tradición literaria? ¿Qué escritores del Caribe han influido en ti y cuáles de otras partes?

R  Nunca me he preguntado si hago parte de una tradición literaria y ahora que lo pienso, ni siquiera sabría qué responderte. En cuanto a las influencias, en mis años universitarios leía cuanto encontraba del Tuerto López, Jorge Artel y Raúl Gómez Jattin. Pero fue al descubrir a Baudelaire que algo cambió para siempre. De hecho, en relación con la pregunta anterior, con Baudelaire uno se acerca a la idea del mal como oposición a toda clase de valor dentro de la sociedad. El mal en Baudelaire es una impostura, un desafío que, a fin de cuentas, se limita a atentar contra lo que llaman las buenas costumbres. Finalmente, y para no alargar la respuesta, recuerdo con especial cariño las novelas y cuentos de Carson McCullers y Flannery O´Connor. Creo que, para alguien del Caribe, la literatura del sur estadounidense es sumamente cercana.

P  Has vivido en zonas geográficas y culturales muy distintas, y tu novela también es muy inquieta, muy movediza. ¿Cómo opera la distancia y el exilio en tu ficción y también en tu vida como escritor?

R  Es inevitable que mi experiencia fuera del país no permee en los temas y los personajes que elijo. Digamos que vivir en el extranjero ha establecido un vínculo literario singular con mi país. Colombia siempre ha estado presente en lo que escribo, pero me cuesta trabajo limitar las historias al contexto nacional, porque el material del que dispongo involucra mi experiencia en otros lugares. En cuanto a España, es un país que aprecio mucho y donde me siento a gusto, y donde además se han presentado las condiciones mínimas para que pueda escribir tranquilo. Y eso es un alivio.

Etiquetas

Más de revistas