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Latitud 23 de Abril de 2017

Diablos festivos en el Caribe colombiano

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Etnografía ilustrada, en un libro que retrata una para muchos desconocida festividad de nuestro Caribe.

Por Adriana Díaz Alfaro

A propósito de ‘Los diablos de Uré. Ritual de un dios endiablado’, libro publicado por la editorial La Iguana Ciega.

En San José de Uré, Córdoba, tiene lugar una de las más importantes tradiciones culturales de ancestralidad afroamericana. En la fiesta del diablo dialogan a la perfección la tradición religiosa y cultural del cristianismo, construida en el seno de un antiguo palenque negro.

Los diablos de Uré. Ritual de un dios endiablado es un breve e interesante trabajo investigativo de naturaleza etnográfica en el que los autores revelan de nuevo el alma de una comunidad que persiste en depositar en sus tradiciones las razones de su resistencia existencial y su sed de trascender, poniendo en diálogo y en escena su realidad, su imaginario y sus raíces ancestrales.   

El libro es una muestra fotográfica documental que contiene 44 fotos a color de la periodista y fotógrafa Ángela Carabalí acompañado por una vívida narración –a cargo de los hermanos Esaú y Juliana Carabalí–, en la que se respira tradición, jolgorio, música, así como el espléndido colorido ancestral de una de las festividades más insólitas y desconocidas de Colombia.

En San José de Uré se dan cita dos rituales contrastantes en los que participan las mismas personas, quienes celebran después del acto sacro católico (Corpus Christi) una arrolladora fiesta pagana que tiene como figura central el diablo. En la procesión, las mujeres, en su mayoría mayores de cuarenta años, van cantando y golpeando las palmas al ritmo del tambor; los hombres cantan y tocan los instrumentos de percusión; se empiezan a congregar muchas personas alrededor de la música, con cierto aire de complicidad, miedo y alegría. En un momento de la celebración las personas empiezan a invocar, mediante gritos, al diablo, hasta que, sorpresivamente, este sale de la casa.

La dinámica consiste en ir a buscar a cada diablo a su casa, y así paulatinamente ir aumentando el grupo del cortejo, no importa si se avanza por las calles principales o secundarias, tampoco si hay que cruzar el puente o atravesar el monte. La comitiva se desplaza de manera fluida y espontánea por casi todo el pueblo buscando al siguiente bailarín. El primer diablo encabeza la caminata seguido por las cantadoras, los músicos y público en general que poco a poco se va sumando a la celebración.

La tensión de la fiesta se incrementa a medida que se encuentran todos los personajes protagonistas. La provocación del público desembocará tarde o temprano en una garroteada, que si bien genera dolor real, en el 90 % de los casos es consecuencia de una complicidad juguetona. Los diablos, las güevas y la Cucamba toman el control, y a veces se tornan implacables. Cuando alguno de los músicos quiere descansar, los diablos lo golpean para que siga tocando. Lo mismo ocurre con las cantadoras.

Sólidamente constituido, el grupo que baila cada año suele ser el mismo. En el interior de este se establecen jerarquías que aluden a una estructura monárquica. En primer lugar se encuentra el Diablo Rey, quien se gana ese estatus por descender de un linaje familiar, ser el participante de mayor edad o el mejor bailarín.

Por su parte, la Güeva es la compañera del diablo, su pareja o equivalente femenino, y es un personaje interpretado exclusivamente por hombres. Generalmente baila sola, aunque  acompaña permanentemente el grupo de diablos. Marca el ritmo, impone el orden y vela porque el espacio de baile de estos se mantenga despejado. El castigo para los que irrumpen inoportunamente es un golpe.

La Cucamba representa una figura sagrada que alude a las aves. Anteriormente el vestuario de la Cucamba estaba constituido por plumas de diversas aves. En la actualidad estas han sido reemplazadas por tiras de colores y hojas de palma. Su danza es exclusiva, como la de un ave que planea en el cielo despejado. Al igual que las güevas, la Cucamba es un personaje femenino, representado exclusivamente por hombres.

El festejo pagano del Corpus Christi ha dado lugar a muchas controversias: por un lado están los cultores, maestros y maestras ancestrales, quienes viven el ritual como una adoración a Dios; por otro, algunas autoridades eclesiásticas que lo han tildado de culto al mal, de festejo bárbaro o adoración al demonio. De cualquier manera, este registro visual, acompañado por una narración realista sobre una celebración del Caribe colombiano, busca transportar al lector a las fiestas religiosas de un pueblo de la geografía del Caribe colombiano.

* ‘Los diablo de Uré. Ritual de un dios endiablado’ será lanzado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en el Pabellón 3, Nivel 1, stand 347.

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