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Latitud 19 de Marzo de 2017

‘Déjala Morir’, el regreso de las series costeñas a la pantalla chica

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John Better

La miniserie sobre la vida de ‘la Niña’ Emilia, que emite el canal regional Telecaribe, abre el camino a la exploración de una narrativa audiovisual costeña que por décadas ha tenido como epicentro los canales del interior del país.

La música del Caribe colombiano se ha cantado y se ha contado a través de juglares y géneros musicales como el vallenato, la cumbia, el chandé, la chalupa, la champeta o el bullerengue. La fauna y flora de la región, el paisaje, el amor, los ríos, la mujer han sido los temas frecuentes de una serie de músicos y compositores salidos de los más remotos lugares de nuestra geografía caribeña. Estos hombres y mujeres –poetas románticos e irreverentes–, que en algunos casos nunca pisaron un aula de clases, ejecutaron con maestría su arte, y muchas de sus composiciones son himnos que se cantan de generación en generación, un mapa genético transitado por sonidos de tambores, gaitas, maracas, acordeones, guacharacas y tantos instrumentos melancólicos de nuestro folclor.
 
Se dice que quien toca un tambor, toca el corazón de África. La herencia negra, asentada principalmente en el departamento de Bolívar y las riveras del Magdalena, nos ha entregado una potente muestra de músicas que han cruzado el océano y han vibrado en lejanas latitudes. Pero mucho antes que esto sucediera, antes de que Totó, Etelvina o los Tabalá pusieran a bailar los ritmos autóctonos del Caribe a los arrítmicos europeos, existieron voces que, aunque tardíamente, llegaron a los estudios de grabación. Son las primeras placas que dan fe de una tradición oral que lleva siglos haciéndose camino entre los montes y parajes más apartados de esta región de Dios llamada Caribe colombiano.
 
Parafraseando al poeta antioqueño X504, se puede afirmar que de Juana Emilia Herrera –‘la Niña’ Emilia–, no se puede hablar sin conservar el ritmo. Su música está en el inconsciente de muchos de nosotros, con solo acercar hasta el oído la caracola de la memoria, puede oírse la voz de aquella mujer flaca, entonando: “Coroncoro se murió tu maee” y seguido, el “Déjala morir”, esa respuesta entonada en coro que invade cuerpos llenos de una alegría que ni la muerte puede menguar.
 
Y con el recuerdo de su voz viene a la cabeza su imagen estrafalaria: ‘la Niña’ Emilia con su esponjoso corte de pelo, sus raros vestuarios, mezcla de santera y freak; sus gafas oscuras y sus uñas de oro, un personaje que solo podría salir de las entrañas de un lugar como Evitar, corregimiento de Mahates (Bolívar), tierra de brujas e historias fantásticas retratadas en las composiciones de sus más antiguas cantadoras.  
 
Si bien el legado de Herrera está escrito y no necesita de promotores, no está de más reprochar que su música se limita a ser radiada solo en temporada de carnavales. A pesar de ello, la música de ‘la Niña’ y otros intérpretes del Caribe ha tenido una influencia directa en proyectos musicales alternativos como Bomba Estéreo o los coloridos Systema Solar, quienes han desempolvado estos sentires y bien han sabido fusionarlos y expandirlos en sus propuestas estéticas y musicales.
 
No la dejen morir 
 
Pero vayamos a la génesis de Déjala morir, nombre de la miniserie que marca la llegada de ‘la Niña’ Emilia a las pantallas de televisión. El productor cartagenero Juan Manuel Buelvas, gerente de Telecaribe, tenía en mente hacer una serie para el canal. Para ello concertó al libretista Andrés Salgado (El Joe, Celia), quien no dudó  un segundo en proponerle a Buelvas el nombre de ‘la Niña’ Emilia como personaje para dicho proyecto. 
 
Años atrás, Salgado había escrito una pequeña aparición de Juana Emilia Herrera en una escena de la telenovela El Joe, actuación que corrió a cargo de Nelly Herrera, hija de la cantante. Al terminar de grabar, Nelly le sugirió a Salgado hacer un trabajo acerca de su madre. A falta de registros, Nelly fue la encargada de esbozar la historia emitida en diez capítulos. 
 
«Hay tanto por contar de este maravilloso viaje que no me alcanzaría una hoja». Quien habla es Aida Bossa, actriz cartagenera (El man es Germán, Celia) que da vida a la mítica cantante Juana Emilia Herrera en Déjala morir. A primera vista, parece imposible que Bossa, menuda y bella, pueda interpretar a una mujer tan físicamente opuesta a ella. Pero quienes vimos el capítulo de estreno de Déjala morir no solo presenciamos un cambio visual producto de un magnífico trabajo de maquillaje, sino que fuimos partícipes de una especie de transformación en la que, literalmente, Juana Emilia Herrera se apoderaba del cuerpo de Bossa para entregarnos una de las experiencias más frescas de la televisión regional y nacional en años recientes.
 
«Conocía de Juana Emilia algunas de sus canciones, temas que escuchaba de niña en casa, porque mi papá fue músico (bajista) de ella cuando cantaba con Los Soneros de Gamero. La escuchaba en fiestas familiares y en las fiestas de noviembre en Cartagena. Para la creación del personaje solo vi una entrevista que le hizo Ernesto McCausland, un fragmento de una presentación. El resto fue escucharla cantar en varios discos», comenta la actriz.
 
A pesar de los pocos registros fílmicos sobre la cantadora, Bossa logra captar toda su esencia y nos obsequia una actuación magistral, en donde deja claras sus capacidades histriónicas y como cantante al imitar –y en otros momentos entregarnos su registro natural– de esa voz tan peculiar de Juana Emilia, esa risa que parece la de un duende fiestero y que gracias a la actriz cartagenera podemos oír, con deleite, una vez más.
 
La serie sobre la vida de ‘la Niña’ Emilia es una mezcla de documental y drama festivo, en el que la música y los paisajes son protagonistas. En ese memorable primer capítulo vimos un detrás de cámaras donde Bossa se debate para entrar al cajón e interpretar a la cantante el día de su funeral, para después verle ya transfigurada, asistiendo a su propia muerte, al unísono de lamentos y tambores. 
 
«Le pedí permiso a su alma para interpretarla y contar su historia, era necesario. Hoy, cuando veo la serie, sigo sintiendo esos fríos acompañados de un tambor que no es más que mi corazón latiendo. Pero ya se cerró ese proceso, el alma de Emilia está tranquila y feliz por este homenaje que le hicimos», afirma Bossa.
 
Y es que Déjala morir no está concebida como un producto más de la telebasura que estamos acostumbrados a digerir en la televisión nacional. Es un trabajo en el que la materia prima es el arte, lo que le permite pasar a la posteridad. Lo poético y lo visual se funden en un relato en el que la música, la danza, el drama, los paisajes y cierta estética del videoclip cautivan al espectador.
 
«Lo más difícil de este proyecto, en donde más trabajamos, fue en lograr un tránsito claro por el delirio. En mi caso particular venía de muchos años como productor y me levantaba todas las mañanas de grabación con una mezcla de terror y anticipación que solo se me quitaba viendo ‘la verdad’ que conseguían los actores frente a los lentes. Ahí estuvo siempre el antídoto», comenta Alessandro Basile, director de la serie.
 
Con un guion que des-caricaturiza el retrato de la personalidad caribe de muchas propuestas audiovisuales producidas en el interior del país, Déjala morir hace un aporte antropológico al reflejar el sentir colectivo de poblaciones alejadas de las grandes ciudades de la costa, y de quienes, sin temor a errar, muchos de los costeños de la urbe ignoramos sus costumbres. 
 
Déjala morir pasará a la historia por ser un trabajo realizado con autenticidad. La ficción biográfica es casi nula y vemos a un personaje de mucha carne y hueso, rememorado con la más bella delicadeza y respeto. Sin duda alguna, ‘la Niña’ Emilia se pasea llena de garbo por estos diez episodios que esperamos ver una y otra vez para oír su voz, sus canciones picantes, su risa, ese espíritu burlón que a los nacidos en estas tierras nos sale desde lo más hondo del alma.

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