EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/141880
Latitud 12 de Marzo de 2017

Contra el feminismo ‘pop’

El usuario es:

Foto: Archivo particular.

Laura Estrada Márquez

La veracidad de las luchas feministas, o cómo evitar caer en el feminismo vacuo.

Algo está pasando con el feminismo que nos están queriendo vender, el que ignora los entramados de opresión desde la clase, el género, las discapacidades, las orientaciones sexuales, es decir, ese feminismo que no es interseccional. Ese que ignora que hay muchos feminismos: negro, islámico, indígena, Abya Yala, trans, queer, etc. Pero, ¿cuándo se empezó a despolitizar el feminismo para convertirse en una moda, en un producto más de la industria capitalista? Uno de los motivos de este fenómeno puede ser la complicadísima convivencia con la era de las comunicaciones en la que estamos inmersos. Y ya está más que aceptado que somos los desgraciadísimos hijos de la industrialización, que nos tocó adaptarnos con más o menos resignación a este sistema que casi siempre parece un chiste de mal gusto. Y es normal que los modos de hacer política cambien y vayan acorde con este nuevo modo, a veces muy violento, en el que la información nos llega a diario.

Un ejemplo de esto es el caso de Beyoncé. En uno de los shows de la afamada artista apareció un megaletrero que decía «Feminist». El decorado de este ícono del pop no trascendería de lo anecdótico de no ser porque la cantante se ha visto envuelta en un reciente escándalo: las operarias de su marca de ropa en una fábrica de Sri Lanka recibían, según el diario inglés The Independent, un pago de 4,30 libras esterlinas diarias. Como quien dice, la esclavitud del siglo XXI, hecho que hace pensar en que se esperaba mucho más de una mujer que tiene en su piel muchos siglos de opresión racial.

Sumémosle a estas ‘ídolas’ pop que nos venden ese falso feminismo, la falta de lectura y formación, la oleada de desinformantes que vienen en formato Youtube, el marketing violento que responde a los mandatos de las grandes corporaciones y un excelentísimo gusto criollo-burgués por despreciar las luchas sociales. Y mientras todo esto pasa, se nos olvida que las manifestaciones feministas empezaron en el siglo XIV (con la obra de la italiana Cristine de Pizane La ciudad de la damas) y que además, históricamente, el feminismo se divide en tres olas principales: la primera desde la Ilustración a la Revolución Francesa. La segunda, llegada con las peleas sufragistas a mediados del siglo XIX hasta la década de los cincuenta del siglo XX en Colombia, en donde hubo mujeres maravillosas que pelearon a capa y espada por nuestros derechos civiles, de quienes lastimosamente se habla poco. (¿Se imaginan que en vez de las gigantescas vallas publicitarias de supermodelos, publicitaran a las heroínas que libraron batallas históricas? Mujeres como Betsabé Acosta, Ofelia Uribe, María Cano, Geogina Fletcher, deberían estar en nuestro ideario colectivo). Por último, la Tercera Ola (desde los años 60 hasta ahora) comenzó cuestionando los roles de género, adhirió a nuestro vocabulario feminista el majestuoso lema de «lo personal es lo político», y se enfocó, por fin, tajante y firmemente en el patriarcado. Hoy existen distintas formas de teorizar el feminismo y llevarlo al campo de acción, como el feminismo decolonial desde Latinoamérica. 

En nuestra caótica era internáutica nos cuesta mucho salir a la calle y agarrar una pancarta. Pareciera ser un acto exclusivo de estudiantes combativos, quienes, por supuesto, son satanizados  por la opinión popular, controlada por hegemonías políticas que son más bien (muy) conservadoras. Esta inacción no debe ser óbice para la movilización en una Colombia en la que cada 13 minutos una mujer es víctima de alguna clase de agresión, cada cuatro días una mujer es asesinada por su pareja, y de los 47.248 casos de violencia de pareja, el 87% recae sobre mujeres víctimas, siendo nuestros principales agresores nuestros ex o compañeros sentimentales.

Por eso es necesario que nos apropiemos de nuestras luchas feministas. Que nos fijemos en lo que están haciendo distintos colectivos que trabajan para la equidad y la justicia social en Colombia y Latinoamérica: esferas que compartan rasgos culturales y sociales con nosotros. Porque ahí sí estamos jodidas si creemos que lo que hacen las chicas de Femen –grupo feminista ucraniano– va a cambiar algo para nosotras; y no es cuestión de rechazar y criticar mordazmente las luchas de otros colectivos feministas, pero sí de descolonizarnos de la idea de que después de tantos siglos de opresión y de hegemonía blanca, estos personajes sigan dirigiendo y siendo modelos de organización. Tenemos que apropiarnos de nuestras raíces, de nuestra historia, de nuestra herencia indígena y africana de resistencia. Debemos entender la opresión desde nuestras realidades, así como nuestros privilegios ante cualquier otra mujer o grupo social. Los feminismos son extremadamente maravillosos, y los son más cuando nos empoderamos desde nuestras raíces históricas, y no desde lo que la ‘youtuber’ blanca burguesa de turno nos diga. 

Etiquetas

Más de revistas