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Latitud 05 de Noviembre de 2017

‹Bojack Horseman›: las grietas en la pintura

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Escena del capítulo «Fish out of water».

Álvaro Serje

Un análisis a la serie animada de Netflix, en la que se explora la complejidad del ser humano a través de personajes antropomorfos.

Todos estamos un poco rotos por dentro, y Bojack Horseman lo sabe. En esta serie no hay finales felices, no hay abrazos de reconciliación, no hay lecciones aprendidas y ninguno de los personajes puede ser realmente feliz, aunque lo intente una y otra vez. Una comedia con estas características suena como la receta para un desastre, especialmente si está protagonizada por un caballo que habla. Sin embargo, contra todo pronóstico, Bojack Horseman funciona, y lo hace muy bien. Precisamente, uno de sus logros es que se conecta con ese lado oscuro y deprimente del que no siempre estamos muy orgullosos, pero que a veces no podemos ignorar. Probablemente, los creadores de la serie cuentan con eso para conectar con el espectador y que este simpatice con su egocéntrico y autodestructivo protagonista. Esa es la gran apuesta de Bojack, hablar de aquello que somos, pero queremos ocultar, es decir, hablar de las grietas de la pintura y no de los bonitos colores que nos distraen.

Bojack Horseman, estrenada en Netflix en 2014, fue creada por Raphael Bob-Waksberg, basado en los diseños de la dibujante Lisa Hannawalt y con apenas 4 temporadas, ya se ha convertido en una favorita de la crítica especializada. La revista Time, por ejemplo, nombró su capítulo «Fish Out of Water» como el mejor episodio de la televisión norteamericana en 2016. La serie ocurre en un universo ficticio en el que humanos y animales antropomorfos se mezclan indiscriminadamente. Su protagonista es Bojack Horseman, un caballo actor, que tuvo una exitosa carrera en una popular sitcom de los 90 y que, al inicio de la serie, lucha por mantenerse vigente en el competitivo mundo del espectáculo. Sin embargo, el conflicto principal de Bojack no es el éxito, ni conseguir buenos papeles (Bojack es realmente millonario y varios de sus proyectos se han convertido en éxitos instantáneos), su conflicto es la incapacidad de ser feliz a pesar de tener todo lo que desea. El éxito llega, pero no es suficiente, en su camino se cruzan personas que lo admiran y respetan, pero tampoco es suficiente. Por el contrario, vemos cómo Bojack se sabotea a sí mismo en cada relación significativa que ha tenido. Hay una voz interna que constantemente lo obliga a dar la espalda a su posibilidad de ser feliz, que le hace dudar de su talento, de su valor, e incluso, de su capacidad para llegar a ser una buena persona. Bojack es su principal enemigo y lo sabe, peor aún, parece que no puede hacer nada para evitarlo.

Dime que soy una
buena persona

Bojack Horseman es una serie difícil de clasificar. A veces es una disparatada comedia, a veces, un drama intenso. Puede ser una oscura mirada a la depresión y la soledad o una serie animada de aventuras que parten de premisas absurdas. Realmente, la serie puede ser todo esto y mucho más, pero por encima de cualquier sello o género, Bojack Horseman es una serie muy bien escrita. Una historia con personajes complejos que pueden hacer reír y llorar al espectador. Usualmente, los protagonistas de comedias más tradicionales son superficiales, de una sola dimensión y con pocas características que los definan: el nerd torpe, el galán de buen corazón y la chica bonita y despistada, entre otros. Sin embargo, los personajes de Bojack Horseman tienen muchas capas de profundidad, lo cual es inusual en una comedia televisiva y, mucho más, si se trata de una serie animada.

En cada capítulo encontramos nuevas dimensiones de los personajes y nos adentramos en nuevos niveles de sus historias. Un claro ejemplo es la relación de Bojack con Beatrice, su madre. Al principio de la serie, ella se comporta cruel, fría y poco comprensiva con su hijo. El espectador puede llegar a odiarla y verla como una mala persona. Sin embargo, eso cambia en la más reciente temporada, ya que conocemos su pasado y nos damos cuenta de que a lo largo de toda su vida, ella también ha venido luchando contra sus propios demonios y, tristemente, esas batallas no resueltas son parte de la herencia que deja a su hijo. Al final de la temporada ya no podemos verla como una mala persona. Se ha transformado en alguien que ha sufrido de múltiples abusos y pérdidas, que no eligió la vida que le tocó. La que parecía ser una villana se convierte de repente en una víctima, y su hijo, ignorante del pasado, en victimario. Así, lo que era una terrible relación madre-hijo es ahora un retrato realista y conmovedor de cómo el abandono y el abuso pueden pasar de una generación a otra.

Otro ejemplo de los inusuales matices que la serie logra con sus personajes ocurre al final de la primera temporada. En este caso, Bojack lee el libro sobre su historia que ha escrito su amiga Diane. El texto lo muestra como todo lo opuesto al simpático personaje que interpretaba en televisión. Para lidiar con la frustración que le genera la publicación, el caballo intenta, desesperado, reescribir el libro con su propia versión de la historia, sin embargo, la reescritura se convierte en un frenesí de drogas y alcohol. Al final de su viaje narcótico, un Bojack frustrado y deprimido confronta a Diane para rogarle que, como su amiga, le diga que él no es ese del libro. «Necesito que me digas que soy una buena persona –le dice–. Sé que puedo ser egoísta, narcisista y autodestructivo, pero debajo de todo eso, en el fondo, soy una buena persona. Y necesito que me lo digas». Con esta escena Bojack pasa de ser un millonario y exitoso caballo a rogar por un poco de aprobación, por alguien que le diga que, en el fondo, no todo está perdido. Los millones y el éxito dejan de importar. Él solo quiere escuchar que todavía tiene esperanza, que todavía puede cambiar. La respuesta de Diane: un largo silencio y los créditos finales. Nada más.

No hay final feliz

En Bojack Horseman todos los personajes están un poco mal y la serie no teme mostrar esas fallas. Por muy extraño que suene, el hecho de que sean animales no los hace menos humanos. Son hermosos personajes con luces y sombras, con defectos y virtudes, con brillantes colores y profundas grietas en su interior. Así como Bojack, todos están tratando de encontrar algo que les dé un poco de esperanza, que les permita seguir adelante a pesar de sí mismos. Cada uno de ellos lucha contra sus demonios, y así como en la vida real, a veces esas batallas se pierden. Las palabras de Beatrice, la madre de Bojack, resumen el espíritu agridulce de la serie y nos recuerdan por qué se parece tanto a la vida. Al final de la segunda temporada le dice a su hijo: «Naciste roto por dentro, esa es tu herencia. Y ahora puedes llenar tu vida con tus proyectos, tus libros, tus películas y tus novias. Pero eso no te va a completar. Eres Bojack Horseman y no hay cura para eso». Y allí hay una gran verdad, todos somos un poco como Bojack Horseman y no hay cura para eso. 

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