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Latitud 15 de Enero de 2017

Bauman, adiós al teórico de la modernidad líquida

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Foto: patryk mogilnicki

Efraín Villanueva

“De hecho, estuvimos a punto de perder la vida por la honestidad de mi padre. En 1939, huíamos desde Poznan mientras los alemanes invadían –el pueblo estaba casi en la frontera con Alemania–. Tomamos el último tren hacia el este, pero nos detuvimos en una estación que estaba siendo bombardeada por los alemanes. Deberíamos haber estado huyendo de la estación porque ese era el objetivo del bombardeo, pero él quería encontrar a un inspector para pagar nuestros boletos”. Así relató Zygmunt Bauman, renombrado sociólogo polaco, la huida de su familia hacia la Unión Soviética –al principio de la Segunda Guerra Mundial– en una entrevista que le realizó Madeleine Bunting, en 2003, para el periódico inglés The Guardian.

La obra de Bauman es reconocida por su especial interés en la brecha entre el mundo de la modernidad                       –aquel en el que se contaba con una explicación para todo, en el que el conocimiento permitía predecir con cierta certeza lo venidero y controlar y mejorar todo aquello que rodeaba a las personas–, y el mundo de la posmodernidad, un lugar demasiado intrincado para ser entendido con claridad, de una impredecibilidad tan desmesurada que impide controlarlo, mucho menos predecirlo. Para Bauman, el mundo de hoy es tan complejo y se presenta tan frágil que nos aferramos a todo aquello que se nos presente como beneficioso y novedoso y así vivimos en perpetuo miedo de perderlo.

En la década del 90, Bauman acuñó un término vigente hasta hoy, ‘modernidad líquida’, para explicar la inestabilidad de este mundo en constante cambio. “En la vida moderna líquida, no hay lazos permanentes, y si llegase a haberlos, el nudo no debe ser fuerte para que pueda ser deshecho más tarde, tan fácil y sin esfuerzo como sea posible, cuando las circunstancias cambien, como seguro lo harán en nuestra sociedad moderna líquida, una y otra vez”. Empezando en 2000 con Modernidad Líquida, Bauman extendió sus referencias a lo maleable de nuestras vidas en libros, en los que trataba temas específicos y su estado actual en nuestra posmodernidad: Amor líquido, Tiempos líquidos, Vida líquida, Mal líquido, Miedo líquido, Vigilancia líquida. 

Pero mucho más importante que la vigencia y la exactitud del trabajo de Bauman, es el enfoque con el que lo dirigió y lo que constituye una de las tantas razones para leer su obra: cómo la inestabilidad y maleabilidad del mundo tiene impacto real en el hombre ordinario, aquel que “lucha en su condición de ser humano”. La capacidad de Bauman de reconocer la otredad que identifica a los demás, en aceptarla, y su preocupación por entenderla y respetarla, puede que venga de sus propios orígenes. Bauman nació en Poznan, una ciudad a la orilla del río Warte, en el occidente polaco. Como judío de una familia de recursos modestos, vivió en carne propia los malestares de ser diferente, de ser inferior, de ser excluido.

Con la crudeza que le otorga haber sido él mismo un refugiado, Bauman explica la razón por la que muchos ciudadanos de países europeos ponen trabas a la recepción de refugiados de Siria y Libia. Hace uso de un término de su propia invención, ‘precariat’, a partir de la palabra francesa précarité (precariedad), para denominar a la masa de gente, que somos todos, viviendo vidas precarias. “(Los refugiados) simbolizan, encarnan, los temores del ‘precariat’. (Los refugiados) solían ser poderosos en sus países, felices, como lo somos nosotros aquí y ahora. Pero miren lo que ha pasado: no tienen hogar, no tienen medios de subsistencia”. Los refugiados son la inestabilidad cuya existencia el ‘precariat’ se niega a reconocer, mucho menos a enfrentar.

La percepción del mundo que tiene Bauman es la de la inevitable interconexión humana, en la que las acciones de los unos afectan a los otros, pero también el de un mundo que se nos da hecho, estructurado, organizado de una forma específica, al que nos acostumbramos con la rutina y, por ello, fallamos en cuestionarlo. Muchos desechan la sociología porque su propio y limitado sentido común les es suficiente. Pero al leer a Bauman, esta ciencia se convierte en una oportunidad para reconocer que el mundo es más grande que nuestro barrio, nuestra ciudad o nuestro país, para conocer que hay reglas que nos rigen sin que las conozcamos y que bien valdría la pena conocerlas, y entenderlas, para estar mejor informados. El pensamiento sociológico, en palabras del propio Bauman, es una posibilidad para “entender completamente a quienes nos rodean, sus anhelos y sueños, sus preocupaciones y miserias. Tal vez así podamos apreciar mejor al individuo humano que hay en el otro e incluso tener más respeto por su derecho a hacer lo que nosotros hacemos y disfrutamos: el derecho a la autodeterminación y defender vehemente su dignidad”.

Y aunque hay quienes califican los textos de Bauman como demasiado pesimistas, para el sociólogo, “existen otras formas de encontrar satisfacción, recetas para la felicidad, el disfrute y la dignidad humana y una vida gratificante, significativa, más allá del incremento del consumismo y la producción”. En un mundo en el que el poder económico es regla máxima, las palabras de Bauman son una afrenta. Con seguridad aquellos que prefieren los memes de redes sociales acompañados de sentencias cursis que explotan los lugares comunes de los sentimientos y las relaciones humanas, no encontrarán satisfacción en Bauman. Pero para quienes sospechan que el mundo en el que vivimos está estructurado bajo una complejidad en el que hay blancos y negros, pero también todas las tonalidades intermedias de grises, leer a Bauman proporciona una visión entendible de la complejidad que nos rodea y nos golpea la cara, pero que aun así no logramos ver.

Hace solo unos días, el 9 de enero de este 2017 que apenas comienza, Bauman falleció en Leeds, Inglaterra, en donde vivió desde principios de la década de 1970. Tenía catorce años cuando huyó de la guerra y noventa y uno al morir. Su legado no son solo los más de cincuenta libros que escribió y las postulaciones que en ellos consignó, sino también el hecho de que su trabajo, aunque académico en su metodología, estuvo siempre dirigido y pensado para el público en general. En su entrevista a Bunting, Bauman aseguró: “¿Por qué escribo libros? ¿Por qué pienso? ¿Por qué [mi necesidad de] ser apasionado? Porque las cosas podrían ser diferentes, podrían ser mejores”.

Efraín Villanueva: escritor barranquillero MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Iowa. 

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