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Latitud 13 de Agosto de 2017

Alfredo Gutiérrez, acordeón de vanguardia

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Alfredo Gutiérrez, el acordeón como exploración musical.

Fausto Pérez Villarreal

A sus 74 años, el tres veces Rey vallenato sigue más vigente que nunca. Dos importantes festivales de música de acordeón le rinden homenaje en los próximos días.

A sus 74 años recién cumplidos, Alfredo Gutiérrez tiene la certeza de que es poco lo que le queda por hacer en la vida.

No vacila en asegurar que las tres coronas obtenidas en el Festival Vallenato y los dos títulos consecutivos como campeón mundial de acordeón en Alemania, no su superan lo que, a su juicio, constituye su mayor proeza en este mundo: haber conquistado el cariño de la gente.

Muchísimos años atrás, cuando era un niño que se montaba en los buses a cantar, acompañado de su acordeón en busca de dinero, soñaba con brillar en la música y acumular una inmensa fortuna. Sus ilusiones eran darle una lujosa mansión y tranquilidad a su madre, para que no tuviera más que lavar ropa ajena, en procura del sustento diario, en su nativa Paloquemao.

“En la madurez de mi vida he llegado a la conclusión de que la meta suprema que debe de tener el ser humano es la trascendencia, siempre haciendo el bien, obrando con bondad. El dinero es secundario, no es lo esencial. En verdad, yo a lo único que aspiro es a que se me recuerde como una persona buena que le aportó alegría a sus semejantes con lo único que sé hacer bien: la música”.

Alfredo de Jesús, el tercero de los siete hijos de Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, un acordeonero andariego proveniente del Magdalena Grande, y Dioselina de Jesús Almanza, abnegada ama de casa de Paloquemao, nació el 17 de abril de 1943 en la finca Palmasola, ubicada en predios de Sabanas de Beltrán, mejor conocida como Paloquemao, entonces corregimiento de Corozal (Bolívar); en la actualidad jurisdicción de Los Palmitos (Sucre).

“Con el paso del tiempo logré forjar un nombre y una carrera; he viajado por casi toda Colombia y he tenido de la fortuna de conocer varios países. Eso me ha permitido conquistar muchos corazones”, evoca Gutiérrez.

Semanas atrás, su nombre fue tema de candente conversación debido a que la Fundación de Leyenda Vallenata reveló que el homenajeado de la edición número 51 del Festival Vallenato, en abril del año próximo, será Carlos Vives.

Un considerable número de estudiosos del vallenato, músicos,  periodistas y simples melómanos mostraron, a través de la radio, la televisión, la prensa escrita y las redes sociales, su inconformismo por esa determinación, pues consideraron que ese honor, por trayectoria y aporte al género, debía recaer en Alfredo Gutiérrez. No obstante, el juglar de Paloquemao apaciguó la polémica con una sensata declaración.

“Carlos tiene todo el derecho de obtener tan importante distinción, gracias a su valiosa labor de internacionalizar el vallenato, y que miles de personas en todo el mundo pudieran conocer este hermoso género que es el más representativo de Colombia. Por supuesto que a mí me hubiera gustado ser homenajeado, pero soy respetuoso de lo que decidió la Fundación. Otra vez será”.

Tras disiparse el humo de las controversias, dos festivales de acordeón de relevante envergadura en Colombia, el Bolivarense de Arjona (Bolívar), y el Cuna de Villanueva (La Guajira) divulgaron que este año el gran homenajeado es Alfredo Gutiérrez.

El próximo domingo 20 de agosto, en Arjona, se clausurará la edición número 41 de Festival Bolivarense de Acordeón con el gran homenaje a Alfredo Gutiérrez en el Polideportivo del municipio.

Un mes después, el sábado 23 de septiembre en la tarima Escolástico Romero de la Plaza Simón Bolívar de Villanueva, los máximos honores recaerán en Alfredo, en la jornada final del trigésimo noveno Festival Cuna de Acordeones.

“Desde niño le escuché decir a mi abuela materna Julia Almanza que a quien le van a dar siempre le guardan, y que lo que es pa´l perro no se lo come el gato. De modo que si no se dio lo de Valledupar, ahora salgo premiado por partida doble, en los dos festivales más importantes del país después del Festival Vallenato”, afirma con tranquilidad el músico.

Y como aperitivo de los reconocimientos, este viernes 18 de agosto, en el teatro José Consuegra Higgins, los amantes de la música sabanera se reunirán para tributar al ídolo en una velada inolvidable en la que alternará con su colega y amigo Lisandro Meza, otro de los últimos juglares de nuestro Caribe colombiano.

“En respuesta al cariño de la gente solo puedo ofrecer mis canciones y todas mis energías. En cada presentación, bien sea pomposa o sencilla, doy lo mejor de mí. Siempre me esmero por dejar una imagen de un músico tremendista”, señala Alfredo.

El porro Majagual, el pasaje La paloma guarumera, la guaracha Sombrerito panameño, el joropo La torada, el guararé Festival en Guararé, el son Chiquita, pero cumplidora, todos de su propia autoría; el pasebol Ojos verdes, de Rubén Darío Salcedo; la cumbia La cachuchona, de César Castro; el paseo La cañaguatera, de Isaac Carrillo; el merengue El compadre Tomás, de Rafael Escalona, y la puya La fiesta de los pájaros, de Sergio Moya Molina, son simples referencias de los abundantes aires melódicos abordados por Alfredo Gutiérrez, y que reafirman sus cualidades de artista versátil. 

Leandro Díaz, ‘El Ciego Maravilloso’, refiriéndose en cierta ocasión a como el acordeón era pequeño para las manos de Alfredo Gutiérrez, afirmó: “En este país no hay otro como Alfredo en la ejecución del acordeón”.

Auténtica autoridad en materia de investigación juglaresca, el compositor, coleccionista y escritor Julio Oñate no duda en asegurar que “Alfredo Gutiérrez se atrevió a poner los dedos de su mano sobre el teclado del acordeón donde nadie jamás había osado hacerlo, porque sencillamente solo él fue un superdotado y un revolucionario”.

La música de acordeón ha tenido decenas de juglares que han brillado con luz propia a lo largo de la historia. Y entre tantas figuras legendarias, de antes y de ahora; activas, retiradas o fallecidas, Alfredo Gutiérrez compendia los aspectos artísticos, técnicos y repentistas que caracterizan al músico completo: compone, arregla, ejecuta, canta y tiene identidad propia, con una sorprendente capacidad de imitar, con su acordeón, el sonido del río para anidarlo en los corazones de quienes lo escuchan.

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