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Latitud 24 de Septiembre de 2017

50 años de ‹What a Wonderful World›

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Louis Amstrong grabó por primera vez ‘What a Wonderful World’ en 1967.

Adriana Carrillo Silva

La historia de una composición que con una letra sencilla logró romper con la barrera de la raza y la cultura.

En 1970, el trompetista, cantante y compositor Louis Armstrong grabó por última vez el tema What a Wonderful World, como parte del álbum Louis Armstrong & His Friends. En esa versión, Armstrong, con su voz carrasposa, que con su profundidad reconforta, incluye una introducción hablada que trata de responder lo que significa un mundo maravilloso. «Y, ¿qué hay del hambre y la polución? –dicen algunos–. Me parece que no es el mundo el que es tan malo, sino lo que le estamos haciendo a él. Pero escuchen al viejo ‹Pops› por un minuto… amor, mis niños, amor. Ese es el secreto. Si más gente se ama la una a la otra, podremos solucionar muchos más problemas».

La canción fue grabada originalmente en 1967, y hoy, 50 años después, celebramos la maravillosa historia de una composición que con una melodía sencilla y una letra aparentemente inofensiva, sobrepasó las barreras de los colores de la piel y la diversidad de culturas, convirtiéndose en una oda a la humanidad y a la naturaleza. El tema, compuesto por Bob Thiele & George David Weiss, tenía la intención de volverse un mensaje de esperanza, cuando el mundo todavía no se recuperaba de los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el sencillo pasó desapercibido en los Estados Unidos y solo alcanzó éxito en Sudáfrica y en algunos países europeos; sobre todo en el Reino Unido, donde en 1968 se mantuvo en el primer lugar por 13 semanas consecutivas.

Louis Armstrong nació en New Orleans, y a principios de sus 20 años viajó a Chicago para tocar en la orquesta de su maestro Joe ‹King› Oliver. Aunque las leyes de segregación lo mantuvieron a él y a su banda de razas mixtas lejos de Louisiana por casi diez años –ya que en un discreto acto de activismo se rehusó a tocar hasta que no pudiera hacerlo con su banda completa–, Armstrong siempre mostró orgullo por el estilo de jazz que se tocaba en su ciudad natal. En su estilo vocal y de improvisación; en su jerga sureña, que en inglés se conoce como jive, se escucha la herencia del blues. Pero si bien a ratos solo se le reconoce mundialmente por su ancha sonrisa, Armstrong fue también un pionero en derechos humanos. A lo largo de su carrera se levantó de maneras significativas y a veces a través de su música ante las injusticias del mundo. Ya en 1929 había grabado el tema Black and Blue, convirtiéndose entonces en la primera canción de protesta. Incluso en una gira detrás de la llamada ‹cortina de hierro›, Armstrong se aseguró de cantar ese tema cada noche, cambiando la letra de I’m white inside (Soy blanco por dentro) por I’m right inside (Soy franco por dentro).

Así que la primera vez que Armstrong escuchó la melodía de What a Wonderful World y trató de tocarla en su trompeta, el tema pareció estar descalificado de inmediato. Sin embargo, cuando Thiele y Waiss le mostraron la letra, el gran Satchmo entendió el impacto que la canción tendría y la pertinencia de cantarla en ese momento. Además, en sus declaraciones agregó que la canción le recordaba a Corona, su barrio en Nueva York, donde vivió sus últimos 28 años. Para una entrevista a la cadena radial BBC de Londres, Armstrong dijo: «Hay tanto en Wonderful World que me trae de vuelta a mi barrio, donde vivo en Corona… Lucille y yo, desde que nos casamos hemos estado ahí mismo, en esa cuadra. Y todo el mundo mantiene su casa en pie como nosotros, y es como una gran familia... Yo he visto tres generaciones crecer en esa calle, y ellos vuelven a visitar al tío Satchmo y a la tía Lucille».

Hoy la canción es sin duda una de las más escuchadas y versionadas de Armstrong. Desde Tony Bennett, quien la grabó también en 1970, hasta varios artistas de Nueva Orleans, como el joven pianista Jon Batiste (2016), y el legendario Dr. John (2014); artistas del soul como Diana Ross (1992) y del rock, como Chris Martin, de Coldplay (2011) en concierto. No podríamos olvidar la versión del rey del blues B.B King, quien la incluyó como parte del álbum Reflections (2003). Incluso existe una versión interpretada por la cantante que puso la cultura latina en el mapa norteamericano y quien, entre otras cosas, cuenta hoy con una obra de teatro de Broadway, Gloria Estefan (2013). Otras más populares, como la del hawaiano ‹IZ› (Q.e.p.d.).

Aunque el tema fue lanzado originalmente en 1967, su éxito definitivo lo obtuvo 20 años después en 1987, cuando el público vio en la pantalla grande al entrañable actor Robin Williams interpretando su papel de conductor radial de guerra, en la película Good Morning Vietnam, quien en una escena programa What a Wonderful World en la radio. El personaje se da cuenta de que por más absurdo que suene hablar de esperanza en medio de las armas, el ser humano –y en este caso todos los actores de la guerra en Vietnam– necesitaba creer en las cosas buenas de la vida. La canción suena mientras las imágenes muestran el dolor del conflicto. Fue esta escena tan poderosa la que hace hoy a What a Wonderful World un mensaje que vale la pena repetir. Y por eso decimos ¡Qué mundo maravilloso!  

La Casa Museo de Louis Armstrong está ubicada en la 34-56 de la Calle 107, en Corona, Queens, Nueva York.

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