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Latitud 29 de Septiembre de 2012

3 grandes de la pintura

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Ejemplo importante de la acuarela contemporánea

Antes de que recién comenzara a andar en tratos con el acrílico y a meterse en otra aguas, luego de largos años fiel a la acuarela, el poeta Miguel Iriarte sentenció que la pincelada de Roberto Angulo tenía la fuerza para demostrar la celebración de un intimismo, de una profunda certeza y claridad interior, que probablemente solo pueda ser posible a través de piezas como estas, ante las cuales toda consideración explicativa resulta superflua y accesoria. Este artista nacido en Cereté, Córdoba, obtuvo este año en la IV Trienal Internacional de la Acuarela del Museo Bolivariano de Santa Marta, Premio a la Excelencia con Mención Especial, entre 162 acuarelas procedentes de 12 países. El jurado lo destacó como “ejemplo importante de la acuarela contemporánea”.

Creador maduro, con la paciencia de un sabio maestro

Con la firma de Fernando Guinard, curador y director del Museo de Arte Erótico Americano, Marea, un artículo titulado “Descarga de honor en la dualidad de Serrano Sanmiguel” sitúa a este artista como uno de los “pintores elegidos cuyos paisajes brillan con luz propia, conchas de los siete mares que navegan en las pieles tersas del mundo paralelo de la pintura”. Conceptúa, por su parte, Miguel Iriarte que el trabajo actual de este artista nacido en Girón, Santander, y radicado en Barranquilla desde hace más de 26 años, es una “declaración abiertamente sensual en la que su paleta alcanza exquisitas alturas de belleza y sugerente erotismo envueltos en atmósferas colorísticas ritmadas alternativamente por la sutileza y la evidencia”. Además de su obra, ejerce un importante magisterio desde su taller orientando a nuevas generaciones.

Una carrera creativa llena de saltos cualitativos

Según Miguel Iriarte, “si hacemos una revisión de lo que ha sido Carla Celia como artista, tenemos que admitir que es una carrera creativa con marcados cambios y saltos cualitativos que siempre han producido sorpresas y asombros en el contexto del arte en el Caribe colombiano. Desde sus iniciales acuarelas de tonos y formas atenuadas; la locura de sus fiestas musicales en el agua; el delirio colorístico de sus bodegones con flores y frutas; las cajas y objetos fabricados (casi altares), así como las pinturas que relacionan cosas distantes y aleatorias, y que de alguna forma prefiguraban el nuevo ámbito espiritual en el que Carla ha empezado a vivir y a pintar claramente la versatilidad, la soltura y la intensidad de la paleta”.

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