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Temas del Padre 08 de Abril de 2017

Y ahora te sigo

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Padre Alberto Linero
Cuando me gusta una canción la escucho diez mil veces. Si todavía se usara el acetato seguro rayaría el acetato y tendría que gastar varias agujas.  La tarareo en todo momento, le cuento a mis amigos las frases que me fascinan y hago que ellos la escuchen y la disfruten. Eso me ha pasado con la canción Y ahora te sigo que interpreta Martin Valverde. Siento que en el diálogo que el compositor establece con Dios está expresada la historia de mi discipulado, de las razones por las que soy presbítero. Sí, esas frases también expresan lo que he sentido y vivido en mí relación íntima e intensa con Dios: “Cuando te vi por primera vez, te conocía sólo de oídas” tampoco yo sabía mucho de Él. Había oído tanto de Él pero no lo había encontrado, no había podido conocer esa fuerza que llena y da sentido a todo. Cuando lo vi comprendí que todo lo que se dice de Él es poco para su singular  poder. Mi vida fue otra al experimentarlo presente en mi corazón.
 
“Cuando pronunciaste mi nombre, te vi sonreír malicioso” ya que sabías todas las aventuras, las luchas y las dificultades que iba a vivir al aceptar tu llamado. Sabías que mi ingenuidad no me permitía ver lo profundo y grande de  sumarme, como discípulo-presbítero, a la misión de transformar el mundo.
 
“Cuando deje todo por ti, no te hiciste muchas ilusiones” porque conocías mi debilidad y el poder que en mi tienen mis miedo que me hacen apegarme a lo que es relativo y prescindible. Sabías que te podía negar y tratar de hacer la vida de una manera distinta a la que tú me has enseñado es la que lleva a la plenitud. 
 
“Cuando caí me esperaste”, y con tu ternura me ayudaste a levantar; no me acusaste ni me destruiste sino que me diste, desde tu amor una nueva oportunidad.  “Cuando te di la espalda, me dijiste: dónde vas”, recordándome que sólo tú tienes Palabras de vida eterna, que sólo me das la plenitud y que todos los demás “señores” de la coda me poseen para destruirme. Irme de ti es andar el camino que me destruye. 
 
“Cuando hice como que no te veía, viniste a habitar mi indiferencia” porque para ti lo importantes es estar conmigo, aunque a veces yo no quiera estar contigo y te abandone por realidades relativas que me deslumbran y me consumen. “Cuando a tientas busqué un amigo, estabas ahí, por casualidad”, sí, nunca me has dejado solo. Ni cuando la he embarrado feo y los juicios de mis compañeros de viaje me han destrozado, ni cuando ellos -mis superiores y jefes- han sentido vergüenza de mí, ni cuando nadie quiere ser relacionado conmigo tú me has dejado. Has estado ahí para mí. Siempre me has mirado con esa mirada de misericordia que me invita a recomponer todo y a ser mejor. Por eso puedo decir que “En el silencio más negro te sentía respirar”.
 
Y ahora, 24 años después de mi ordenación, te sigo “derrotado como tú pero ileso; condenado a la cruz como tú pero vivo; a menudo solo como tú, pero a tu lado, haciendo el bien como tú pero en tu nombre, dando vueltas como tú pero en tu barca, gritando en el desierto pero contigo... tan solo rico de ti”. Sí, así te sigo y así quiero seguirte el resto de mi vida. Te amo mi Señor, Jesús.

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