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Temas del Padre 18 de Marzo de 2017

Una mirada que nos ve y nos reconoce

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Padre Alberto Linero
En estos días estoy impresionado con las miradas de Jesús. Me conmueve revisar los textos de los evangelios y descubrir que solo fijándome en las miradas del Señor, en la forma como ve a las personas con las que se encuentra, podría aprender muchas cosas que no había notado previamente. Jesús en los evangelios es el hombre que mira, es el que se fija en lo que los otros no, es el que ve a cada uno como es, con lo que trae, con lo que le falta, con lo que cada uno no puede ver de sí mismo, pero Él sí.
 
Pienso en el episodio en la orilla del lago, justo antes de llamar a Pedro. El Señor ve las barcas, y al verlas le da inicio a la historia de amistad más impresionante que hayamos podido conocer: La de Jesús con Pedro. Bastó con ver las barcas para entrar en su mundo, en su mar, en sus redes y en sus miedos. Jesús no mira por mirar, él quiere descubrir lo que somos, lo que vivimos, quiere darse cuenta y a la vez hacer que podamos darnos cuenta de nuestra esencia, nuestra profundidad, la verdad de nuestra existencia, esa que a tantos le hemos ocultado o disfrazado, pero que a él no podemos negarle.
 
¡Pasamos inadvertidos para tantas personas! Son muchos los que nunca se darán por enterados de nuestro paso por la tierra, otro tanto los que sabrán pero no les importará demasiado, sin embargo, Jesús nos ve. Para Él somos esenciales, vitales para su camino. Jesús no sabe seguir de largo, siempre mira, siempre se fija, siempre se detiene, y cuando lo hace nos vemos en sus ojos, somos alguien para Jesús, y él nos tiene en cuenta. Su mirada nos hace SER.
 
Pienso en la escena, de nuevo con Pedro, cuando han capturado a Jesús y en medio del inicio de su tortura lo interrogan, también afuera de allí algunos criados interrogan a Pedro y él dice tres veces que no conoce a aquel hombre. Jesús mira a Pedro, Pedro mira a Jesús y se aparta de allí a llorar. Pienso en la amistad, en la cercanía, en la necesidad que los seres humanos tenemos del otro, de su lealtad, de su cumplimiento de lo prometido. Nuestra fragilidad siempre será rescatada por la mirada de Jesús, nuestra debilidad siempre será salvada por su forma de vernos, siempre compasiva, siempre llena de misericordia, siempre con la esperanza pues sabe que podemos ser más, que podemos ser mejores.
 
Durante mucho tiempo se nos habló de un Dios que “todo lo ve” como una manera de advertir sobre la vigilancia, casi como una auditoría, que desde el cielo se ejerce sobre nuestros comportamientos, pero cuando me encuentro con la mirada de Jesús, que es el rostro visible de Dios Padre, me doy cuenta que Dios “todo lo ve” con una mirada de bondad, y eso significa que no está calificando nuestra vida, sino haciendo lo posible porque la vivamos plenamente, porque no estemos condenados a la mediocridad, a la soledad, al vacío, por el contrario su manera de vernos es inspiración para que nosotros podamos tener la convicción de que es posible vivir de una manera distinta y ser felices.
 
Dejemos que nos encuentre esa mirada de Jesús, y dejemos que nuestra mirada se encuentre con la suya. Entonces podremos darnos cuenta que somos más de lo que sabemos de nosotros mismos, somos lo que Dios hizo, somos lo que Jesús ve. 

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