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Temas del Padre 01 de Abril de 2017

Un mar que se abre

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Padre Alberto Linero
Nada más cotidiano que la relación con Dios. El misterio de la encarnación nos expresa la absoluta decisión de hacernos uno en su hijo Jesús (Juan 1,14). Por eso al querer relacionarnos con Él es propicio buscarlo en nuestra propia historia, en las relaciones que sostenemos a diario con todo lo que coexistimos. Es en la calidez de los abrazos y besos que damos donde lo podemos sentir presente. Es en las tensas soluciones de los conflictos, que generamos o padecemos, donde sabremos qué quiere de nosotros. Es en las preguntas filosóficas, que nos acuchillan el alma y nos hacen apostar, donde encontramos su Voluntad. Ese es el testimonio de la historia de salvación –diálogo de amor entre Dios y su pueblo- que como referente absoluto se nos ofrece en los relatos de la Biblia donde encontramos la verdad de salvación para nuestra vida.     
 
La cotidianidad es el mar en el que existimos y en el que al sumergirnos  encontramos a Dios. No es deseando lo excepcional, lo que nunca está, como podremos sostener con Él una relación que le dé sentido a la vida y nos impulse a ser los mejores seres humanos;  su ser absoluto se esconde, con una gambeta seductora, en lo singular de lo pequeño y lo simple; y por eso nos cuesta encontrarlo porque nos encanta lo extraordinario, lo espectacular y allí se hace más complejo encontrarlo, porque hay otras realidades que nos omnubilan.  
 
No es extraño que quien lo encuentre y lo experimente en esa sencillez, se arme con las mejores y más profundas imágenes literarias para contarlo, desde la más preciosa admiración a sus compañeros de vida, y testimoniarle lo grande y poderoso que es el Dios de lo simple y sencillo. Eso es lo que hace el autor sagrado cuando nos cuenta cómo, en él, poder escapar de la peor encrucijada de una persecución del poderoso ejército (Éxodo 14 1-31), que lo empujaba contra el mar. La manifestación de Dios fue abrirle ese mar para que pasaran. Cuando el corazón late a mil por el miedo a perder la libertad, un charco que nos cierra el paso y se alía con el esclavizador para cercenarnos la posibilidad de decidir libre y autónomamente nuestra existencia, es un océano, y si podemos atravesarlo, con la ayuda de Dios, entonces es el milagro más grande que podemos experimentar, y seguro es poco decir que el mar se abrió a nuestro paso y las aguas nos hicieron muralla para que pasáramos.   
 
El milagro del mar que se abre sigue aconteciendo todos los días, como un día aconteció en la historia del pueblo bíblico. Pero a veces, por andar esperando que el mar caribe se abra y nos permita pasar, no nos damos cuenta de los mares de dificultades que, a diario, Dios abre para que podamos vencer. Hoy te invito a abrir los ojos de tu corazón y a encontrar todas esas manifestaciones maravillosas del amor de Dios en tu vida cotidiana. Estoy seguro que Él te acaricia todos los días, y que si te percatas de eso podrás ser mucho más feliz de lo que eres. Ese ánimo que necesitas está en tu cotidianidad, porque es allí donde Dios te sigue diciendo que te ama, que eres importante para Él y donde sigue actuando en tu favor. Descúbrelo y sé feliz. 

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