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Temas del Padre 30 de Septiembre de 2017

Tiene razón Jesús

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Padre Alberto Linero

Nos cuesta el éxito del otro. El imaginario de que nuestra existencia transcurre en una continua competencia por sobrevivir nos ha hecho actuar de forma despiadada y egoísta ante el otro. Lo   vemos permanentemente como un enemigo, un rival, y suponemos que su triunfo es siempre nuestra derrota. Esto nos ha convertido en caníbales que se nutren del descalabro, del desprestigio, del fracaso del otro. Soñamos viendo destruído al otro. La musa del egoísmo extremo nos hace delirar ante la noticia de la debacle de quien suponemos nuestro adversario. Eso es lo que a diario exponen las redes sociales, algunas veces de manera explícita, otras veces trasvestidas en causas de justicia y crítica social, que solo buscan despellejar al que algún -siempre sospechoso y esperado- triunfo ha tenido.

No hago un juicio de valor sobre ese comportamiento. Pero sospecho que es una de las causas de la amargura, de la infelicidad y de muchas enfermedades mentales que abundan en nuestra sociedad actual. Sospecho que despellejar al otro con epítetos lacerantes o en sesudos juicios en contra de su dignidad lo único que hace es despellejarnos a todos y sumirnos en un ambiente de dolor, frustración y total insatisfacción.

Por eso me sigue seduciendo la propuesta de Jesús, el hijo de María (Marcos 6, 3), de que la única manera de ser felices es proexistir. Sí, he experimentado que su mensaje es liberador y plenificante; sigo confiando en su opción de ayudar y servir al otro como camino de realización personal (Juan 13, 17); sigo afirmando que es mejor no juzgar y no condenar (Lucas 6, 37) y que produce más felicidad perdonar y ser misericordioso (Lucas 6, 36); sigo creyendo que lo mejor es siempre hablar bien del otro y creer en las apuestas existenciales de Jesús (Juan 1, 47). Apuesto que lo mejor es siempre estar dispuesto a vencer el mal a fuerza de bien y no ceder a la tentación de volverse tan malvado como el que nos ataca (Romanos 12,14.17). Apuesto que vale la pena, como Jesús, pasar haciendo el bien y ayudando a las personas a sanar muchas taras, complejos, heridas (Hechos 10, 38).

No hay felicidad si el otro no es feliz, así queramos disfrazar la realidad. No hay alegría verdadera si el otro solo está lleno de amargura. Mientras compartamos la existencia con otros, nuestra felicidad estará determinada por la felicidad de los otros, nuestra plenitud de vida estará en relación con la de las otras personas. No se trata de eliminar al otro o negarle su realización, y tampoco de llenarnos de envidia y malos sentimientos. Se trata de ayudarlo a ser feliz  y de esa manera ayudar a construir un ambiente propicio para la felicidad de todos.

Hoy te invito a vivir con la actitud de Jesús. Habla bien de los demás. Responde con paz a las críticas y con algo de indiferencia. No dejes que la competencia y la rivalidad te muevan a dudar del valor del otro o echar sobre él un manto de duda o una sombra de oscuridad. Sirve, perdona y vuelve a dar nuevas oportunidades.  

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com
 

 

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