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Temas del Padre 25 de Febrero de 2017

Soy libre, soy feliz

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Padre Alberto Linero
Somos responsables de nuestras emociones, no podemos culpar a nadie de lo que sentimos. Los demás nos pueden estimular pero la respuesta emocional es nuestra y tenemos que dar cuenta de lo que con ella nos causamos o le causamos a otras personas. Aprender a ser felices implica que seamos capaces de tomar conciencia de nuestras emociones, controlarlas y ponerlas al servicio de nuestro proyecto personal de vida. Es indispensable comprender por qué reaccionamos como lo hacemos. Responsabilizar o culpar al otro de lo que sentimos es una declaración de dependencia emocional, que nos hace muy difícil ser felices, porque la felicidad estaría en las manos de los otros y no en las nuestras.
 
En el Quijote, la pastora Marcela hace un bello discurso en el que nos deja claro que no se puede culpar al otro por lo que sentimos. Ante la muerte de Grisóstomo, que aparentemente murió de amor por ella al no verse correspondido, ella es culpada por su indiferencia ante este buen sentimiento: “Pues sabed -prosiguió el mozo- que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstomo, y se murmura que ha muerto de amores de aquella endiablada moza de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquélla que se anda en hábito de pastora por esos andurriales”.
 
La respuesta de Marcela, con brillante lógica y extraordinaria sencillez, les hace caer en cuenta que ella no puede ser la responsable ni la culpable de lo que ese buen hombre sintiera: “Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir “quiérote por hermosa; hazme de amar aunque sea feo”.
 
Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos”. No es ella responsable de su hermosura, es responsable de lo que su libertad le permite hacer y sólo de ella puede dar cuenta. No pueden hacerla responsable de las decisiones que desde su condición, su inteligencia, su búsqueda personal no ha tomado. Su argumento queda muy claro cuando ironiza: “decidme, si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades?”. Si ella fuera la responsable de las emociones de los otros, ellos estarían obligados a amarla así fuera ella fea, lo cual es una locura. 
 
“Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”. Ella dice que eligió y desde ahí quiere vivir y ser juzgada. ¿Cuáles son tus opciones? Esas son las que te hacen libre o esclavo, feliz o infeliz. De nuevo, es tu responsabilidad. gc

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