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Temas del Padre 17 de Junio de 2017

Ser papá

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Padre Alberto Linero

Desde mi experiencia de fe, la paternidad es un regalo de Dios. No se es padre simplemente por las funciones fisiológicas que tenemos, sino por un conjunto de decisiones y acciones muy concretas que permiten acompañar al hijo en su gestación, nacimiento y desarrollo. Creo que la paternidad no es simplemente depositar un gameto masculino en un óvulo, sino que implica una decisión amorosa de darle vida a un ser único e irrepetible, también es necesaria la determinación de acompañarlo en todos sus procesos de la vida y de ayudarlo a ser alguien autónomo y feliz.

Los hijos deben ser deseados y planeados. No pueden ser el fruto de un ejercicio egoísta de placer, sino que tiene que ser la decisión de abrirse al regalo de Dios de dar vida. Esto implica que de alguna manera los hijos se van procreando primero en el corazón y en la mente del padre que en el útero materno. Ser padres no se puede improvisar, ya que es una tarea difícil, que implicará todas las virtudes y esfuerzos posibles. No se es padre en un solo momento, sino en la vida. En el acompañamiento, en el compartir, en el entender lo que va sucediendo en el ser del hijo.

Ser padre implica un aprendizaje constante. Nadie está plenamente preparado para ser papá. No hay una universidad que enseñe todo sobre cómo ser papá. Por eso es en la experiencia, en la reflexión, en el análisis, en la continua comunicación, en el mejoramiento diario se debe aprender a ser el mejor papá. Esto implica dedicación y mucho esfuerzo. También es necesario que se desaprenda algunas actitudes que no son convenientes y que las apropiaste viendo a tu papa ejercer. El mundo ha cambiado y sus dinámicas sociales son otras y se requiere adaptarse y saber negociar, lo negociable, con el entorno. Siempre tienes que estar abierto al aprendizaje, ya que no es lo mismo ser papá de un bebé o de un adolescente, de un adulto. Son experiencias distintas que necesitan actitudes y comportamientos distintos.

En el ideario de papá no pueden faltar: autoridad, buena comunicación, disciplina y mucho amor. Un buen papá tiene que tener autoridad ante sus hijos, esto no es negociable. Sus hijos lo respetan, lo valoran, entienden que él ha vivido mucho más y que tiene razones para decir lo que dice. Esta autoridad no es poder, es reconocimiento de la coherencia que manifiesta el papá en su comportamiento diario. Un papá no es un amigo (esos se consiguen en la escuela, en el equipo de fútbol, por ejemplo). Un papá es alguien cercano, pero con autoridad, no es un par. Perder la autoridad ante el hijo es condenarlo a una crisis de principios que lo podrán perder en el laberinto de la vida.

Tiene que haber buena comunicación. Esto implica cercanía, capacidad de escucha, atención y tiempo compartido. No se puede ser papá por Internet, por correspondencia. Hay que estar presente. Hay que conocer las situaciones del hijo y saberle hablar y saberlo escuchar. La disciplina no puede faltar. Deben estar claras las reglas de juego, deben ser racionales y deben estar claras las sanciones para cuando las infrinja. Esto no se negocia. Si no hay disciplina, no hay felicidad. Flaco favor les hacen los padres complacientes y timoratos a sus hijos, ya que les hacen creer que todo el mundo los va a complacer y a aceptar sus errores y no hay nada más falso que eso. El amor no puede ser implícito, tiene que ser claro y manifestado contantemente a través de palabras, caricias y acciones. 

@Plinero 
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