EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/146062
Temas del Padre 11 de Noviembre de 2017

Ser hermanos

El usuario es:
Padre Alberto Linero

Estoy seguro que Dios quiere que nos tratemos como hermanos. El ideal de la humanidad, en el plan de Dios, es la convivencia como hermanos. Hermanos no nacidos del mismo padre ni de la misma madre pero sí hijos del mismo Padre Dios. El gran pecado de la Biblia es romper mi fraternidad con el otro y llegar hasta eliminarlo (Génesis 3). Nadie es buen creyente si está constantemente insultando, maltratando al otro, al que debería tratar como hermano. Algunos se atrincheran en sus miedos a la diferencia, en su creerse superior, en sus vacíos interiores para construir relaciones jerarquizadas en las que se marginan a otros y se les trata como enemigos.

La Biblia deja constancia de lo difícil que es vivir fraternamente. La historia de Salvación es la historia cotidiana de los hombres que viven de cara a Dios, por eso encontramos en las Sagradas Escrituras parejas de hermanos que expresan -a manera de paradigmas- los motivos y las razones por las que pelean los hermanos,

Caín y Abel (Génesis 4, 1-16) son expresión de la incapacidad de comprender que el otro, aunque sea diferente, tiene la misma dignidad. El que no es capaz de asumir la diferencia termina buscando la manera de eliminar al otro, ya sea con insultos, burlas o  violencia física contra él. No vale la pena criticar a Caín como personaje y actuar como él a diario a través de nuestras perores actitudes, algunas veces en nombre de la fe.

Jacob y Esaú (Génesis 27, 1-41), representan a los que terminan creyendo que las cosas valen más que la fraternidad y  se dividen siendo los peores enemigos. Hoy hay muchos hermanos que se matan por plata o cosas que no valen mucho. Un hermano vale más que todo el dinero del mundo, y todos nos tenemos que tratar como hermanos. ¿Para qué rezas el Padre Nuestro si vas a tratar al otro como un enemigo?

José y sus hermanos (Génesis 37, 4) representan a los que se dejan llevar por le envidia ante los triunfos del otro y creen que la única posibilidad de sentirse bien es ver a los otros perdiendo y sufriendo. Nuestras relaciones diarias están llenas de estas situaciones. Hombres y mujeres que hacen infelices a los que están a su lado ya que abdicaron la posibilidad de ser felices en sus proyectos personales.

Lía y Raquel (Génesis 30, 1-24), expresan a los que pelean por el amor de pareja. Esos que no han entendido que no se puede obligar a nadie para que lo ame a uno. Que si uno no puede entender que alguien no lo ama es porque está enfermo emocionalmente. Sería más fácil si dejáramos ser a cada uno y buscáramos la manera de comprendernos desde una buena empatía.

Jesús nos deja claro que tenemos que vivir como hermanos. Ahora, esta fraternidad está marcada por la escucha y la puesta en práctica de la Palabra de Dios (Mc 3, 31-35). No podemos forzar a los otros a ser como a nosotros se nos ha ocurrido. Tenemos que buscar la manera de ayudar a vivir dignamente, tener espacios para realizarse y vivir en plenitud. El verdadero pecado es dañar al otro. Centrarse en buscar relaciones de fraternidad en nuestras comunidades. Comunidades que se reúnan a adorar a Dios y no se comporten como hermanos entre sus miembros no conocen la voluntad de Dios manifestada en Jesús. 

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com
 

Etiquetas

Más de revistas
-->