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Temas del Padre 07 de Octubre de 2017

Nos está faltando Dios

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Padre Alberto Linero

Estoy convencido de que sin la posibilidad de trascender, el ser humano se hunde en un proceso de autodestrucción. Creo que los fanatismos, las barbaries, las manifestaciones más perversas de violencia son consecuencia de la incapacidad humana de ir más allá de lo material, de lo útil, de lo económicamente valioso. Son consecuencia de haber perdido la habilidad de encontrar lo sublime y vivir desde ello. Una sociedad que hace del dinero lo único valioso, y que lo absolutiza, tiene que terminar en la autodestrucción. Si lo único que mueve al ser humano es codiciar, retener y acaparar, lo que queda es eliminar al otro porque es un competidor para quien experimenta el avaro deseo de tenerlo todo; este puede así mandar y ser famoso.

Tenemos que volver a valorar lo que no pesa, lo que no brilla, lo que no tiene una utilidad pragmática pero da sentido a la vida. Necesitamos con urgencia que la vida esté más llena de experiencias valiosas que no se puedan comprar en los supermercados ni en los almacenes de cadena. Hay que volver a apostar por las experiencias sublimes, que no hacen crecer nuestra cuenta bancaria, pero nos dan la satisfacción interior de ser humanos. Besos, sonrisas, respeto por el otro, estima de la palabra dada, tiempos y espacios de un compartir con calidad, conversaciones por el simple placer de escucharnos y comprendernos, relaciones de amistad basadas en el goce de descubrir lo diferente que es el otro. Son experiencias que llenan nuestra vida y nos hacen disfrutar el existir.

Cuando todo queda apostado a lo económico, a poder mandar y doblegar al otro, a ser famoso, a creer que únicamente hay que vivir en el presente y que soñar es una pérdida de tiempo, se pierde el sentido de la vida y todo vale poco o nada. Da lo mismo matar, suicidarse, ser corrupto, etc. Una sociedad sin valores sublimes es un infierno. No nos extrañen las noticias de este mundo: ellas son fruto de una sociedad que cree que el sentido último de la existencia está en sí mismo y se niega a trascender hacia el otro, hacia el gran otro: Dios.

Mi abuela Cleotilde lo decía con sus palabras untadas de salitre cienaguero, así: “Se ha perdido el sentido de Dios y por eso pasan todas esas vainas tan feas”. Sí, hemos perdido a Dios, lo hemos expulsado de la vida, lo hemos conminado al ostracismo, lo hemos exiliado del corazón y lo hemos decretado inútil, improductivo, ridículo y hasta estúpido, y con su marginación hemos marginado el sentido de lo sagrado, el sentido de la trascendencia. Hemos olvidado que el ser humano, simplemente por ser y estar, es sagrado y merece nuestro respeto; hemos olvidado que “la casa común”, el planeta tierra es sagrado y lo tenemos que cuidar. En una frase, hemos olvidado que no somos los dueños de la vida sino administradores.

El Papa Francisco en Colombia nos animó a “ir a lo esencia, a lo profundo, lo que cuenta y tiene valor para la vida”. Habló de que “en la esencia de lo humano está la necesidad de ser sostenidos por Dios” y pidió que realicemos la cultura del encuentro, centrada en la persona humana y el bien común.

Te invito a cultivar una buena y sensata experiencia espiritual. Es necesario hacer más silencio y viajar hacia dentro de nuestro ser para conocernos mejor. Apuesta por lo sublime, que seguro no te hace más rico, pero te llena de felicidad. Respeta al otro en sus pensamientos y decisiones. Construye relaciones más fraternas donde el otro no valga por lo que tiene ni por su estrato social, sino porque su corazón late igual que el tuyo. Apostemos por lo espiritual para poder entender que el sentido de la vida está en Dios. 

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com
 

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