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Temas del Padre 22 de Abril de 2017

Me vale…

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Padre Alberto Linero
Una tendencia del hombre moderno es querer decirle al otro qué debe y no debe hacer. No es extraño que escribas algo en una red social y al instante muchas personas te digan que es mejor que lo escribas como ellos creen y no como tú lo piensas y lo sientes. Creemos que nuestra opinión es absoluta y tiene que ser asumida por los demás sin chistar. Esto hace que no falte el que critique tus formas de actuar y de hablar sin haberse preocupado por entender tu intención ni tus objetivos de vida. Otros se obsesionan contigo de tal manera que a diario y sistemáticamente te critican y te atacan, como si tú fueras el centro de su vida; hablan de Hegel y terminan criticándote; filosofan sobre la vida en la nueva galaxia y terminan en tus maneras de ser; sí, están obsesionados contigo y tus acciones. 
 
Es un afán porque el mundo sea como ellos lo ven y lo entienden. Es la dictadura del ego y sus formas. Solo es bueno lo que ellos entienden, sienten y creen. Todos tenemos que ser como ellos imaginaron que tenemos que ser. Buscan imponerse a través de la crítica y de los ataques despiadados.  Lo peor es que existen personas que se dejan golpear por esas críticas y comienzan a vivir para complacer a los otros, y evitar sus comentarios. Normalmente fallan porque esos que quieren que sean como ellos no se satisfacen con nada y siguen criticando; nada los calma.
 
¿Qué hacer? La verdad creo que tenemos que saber quiénes somos y cómo qureremos vivir. No se puede pretender agradar a todos. Hay que vivir auténticamente y realizar los sueños que se tienen. Se escucha, se discierne en qué pueden tener razón pero no se cambia la esencia de uno. Seguro muchos nos critican porque quieren que mejoremos, y otros simplemente porque no les caemos bien, o les recordamos sus fracasos y errores con nuestros éxitos. Que nos quede claro, el que no nos quiere como somos no nos quiere y punto. Ser genuinos, coherentes con los propios principios y valores, claros y transparentes en nuestras intenciones, y hacernos los sordos a aquellos que expresan sus incapacidades y sus miedos interiores criticando a los demás. 
 
No puedes dejar que las obsesiones de los otros te hagan infeliz. Hay que tener la armadura lista para que sus críticas no te impacten, o estar ungido por el aceite del Espíritu Santo para que todo eso resbale. Solo serás feliz siendo tu mismo, tienes que mejorar, aceptar tus errores y trabajar en superarlos, pero siendo tú mismo. Quien te quiera amar que te ame tal cual eres, y que te ayude a mejorar, no desde el reproche, sino desde el diálogo amoroso y cordial. 
 
Cuando esto me pasa quisiera volver a mi niñez en las calles del barrio Olivo, en Santa Marta, dónde simplemente se gritaba “me vale...”. Y ya. Pero no, hay que ser asertivo y tratar de dar la respuesta más educada posible, o simplemente ser indiferente y dejar que todo siga su curso. Por eso, para concluir este diálogo te digo: ten claro que cuando alguien se obsesiona por criticarte no está mostrando tus errores sino que está mostrando toda la envidia, la amargura y la enfermedad interior que tiene.  Te bendigo y te deseo lo mejor en tu proyecto de vida. gc

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