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Temas del Padre 19 de Agosto de 2017

Esclavos de las máquinas

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Padre Alberto Linero

Es común que en las películas sobre el futuro el mundo esté gobernado por las máquinas y las computadoras. Es como si el gran temor de los escritores de ciencia ficción, pero a su vez la mayor fascinación que tienen, es que les entreguemos el control de nuestras vidas a los computadores. Creo que en parte ya eso se está cumpliendo, con algunas cosas sin importancia y otras que pueden ser muy importantes.

Por ejemplo el dinero. Casi que lo usamos a través de máquinas todo el tiempo: cajeros automáticos que entregan dinero sin que tengamos que hablar con nadie, aparatos para pagar la cuenta en los restaurantes o las tiendas sin que tengamos que tocar una sola moneda o un billete. Y mientras que los aparatos funcionen bien parece que no habrá mucho problema. Si dejaran de funcionar pues ya nos las arreglaríamos, como hacíamos antes.

Pero también los aparatos están dominando un poco nuestra forma de crecer y de querer. Tenemos acceso a una cantidad increíble de opiniones y no es tan fácil hallar la verdad en ese mar de palabras en el que todos dicen lo que quieren y lo publican. Las relaciones de padres e hijos a veces se convierten en un chat sobre dónde estás y dónde te recojo. Y personas crecen pensando que todo lo que ven por ahí es cierto, y otras crecen queriendo a los otros a través de letras que no logran expresar del todo lo que solo la voz y el contacto pueden decir.

Las relaciones afectivas terminan viviéndose al ritmo de los WhatsApp y de los emoticones que a través de lo que ellos se puedan compartir. Se pierde el encuentro con el otro. Todo termina en unas frías palabras (cada vez más apocopadas) que distancian a los que están cerca. Nos quedamos sin poder disfrutar al otro en sus olores y en sus caricias. Es como si el estar conectado anulara el encuentro.

La tecnología, con su manera de invadir los espacios íntimos, de negar las fronteras entre lo  público y lo privado, de inmiscuirse en todos los espacios posibles, termina haciendo que no todo se vuelva trabajo y no haya espacios para ‘desconectarse’, retirarse de las acciones inmediatas del trabajo para poderlas ver de lejos y comprenderlas mejor. Se está trabajando todo el tiempo, porque como me decía una amiga: su oficina ahora es el celular.

No niego todas las bondades que las máquinas traen a nuestras vidas, ni me cierro a las transformaciones que van generando en nuestra manera de estar y de juntarnos con los otros. Pero sí me da susto que terminemos muy lejos el uno del otro y eso sea una de las causas de la indiferencia por el hermano. Emoción que me parece lo más contrario a lo esencial de los humanos, que es la empatía.

De alguna manera, como a los escritores de ficción, me da miedo un futuro en el que nuestro aprendizaje y nuestras relaciones estén dominados por las máquinas, que yo también uso pero que jamás quiero que me reemplacen ni te reemplacen, pues no tienen nuestra capacidad de ser humanos al vivir, ya que creo que un mundo así es un mundo sin libertad, sin privacidad, sin autocontrol y genera mucho vacío que seguro nos llevará a nuevas enfermedades emocionales. Hay que estar atento. Las usamos, pero no somos sus esclavos. 

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com
 

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