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Temas del Padre 17 de Diciembre de 2016

Es hora de pedir perdón

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Padre Alberto Linero
Dice San Pablo que los creyentes somos “Embajadores de la reconciliación” y nos da la tarea de ir por el mundo invitando a las personas a reconciliarse, a no vivir desde las lógicas del odio o la indiferencia. Siglos antes de que algunos personajes fueran denominados “embajadores de buena voluntad” ya los cristianos comprendían que el mundo necesita personas que representen el perdón, que tiendan puentes, que logren acercar a los hombres entre sí, y a los hombres con Dios.
 
Reconciliarse es un acto de enorme humanidad, que implica la superación del instinto vengativo y de la tendencia a la retaliación. Al ser una elección sublime, algo que implica estar por encima de lo que meramente nos nace o nos brota espontáneamente, la reconciliación es una invitación, una propuesta, nunca una ley. Para los creyentes esa propuesta es esencial, pues nos hace ser partícipes de lo más distintivo del amor del Padre de los cielos: su Misericordia.
 
Esto lo entendió muy bien Francisco de Asís y por eso en la disputa entre un gobernante y un eclesiástico, no descansó hasta que se hizo posible el diálogo y la reconciliación, y como fruto de esa experiencia, en su “Canto de las criaturas” añadió un verso en el que alaba al Señor “por aquellos que perdonan por tu amor”, señalando que entre lo creado, nada hay más grande o valioso que un ser humano dispuesto a perdonar, pedir perdón y empezar de nuevo.
 
Con este mensaje quiero invitarlos a todos a que en este tiempo de Navidad, tiempo de paz y amor entre nosotros, tomemos la iniciativa, vayamos al otro y nos demos una oportunidad de volver al corazón, sanar y pasar la página:
“Lo siento. Por todo lo que ustedes han debido recibir de mí y que aún no les he dado. Y por todo lo que recibieron que jamás debió salir de mí. Sepan que son muchas las cosas de las que no me siento orgulloso, y que son muchas también las cosas que he dejado de hacer estando a punto. A veces por pena, a veces por simple desaliento, a veces porque no quise. 
Hay muchas personas a las que quisiera pedirles que me disculpen, por estos días les diré de frente cuánto lamento haberles hecho sentir mal. Es Navidad y es tanto lo que he recibido que no puedo continuar sin detenerme a revisar lo que he quitado, lo que me llevé de otros sin necesidad: su paz, su tranquilidad, su ánimo de una mañana que dañé, o la perfección de su piel o de su alma, sobre la que tracé alguna cicatriz.
Perdón también porque aún cargo con algunos defectos que son astillas que incomodan a muchos, les pido que su cercanía y su indulgencia me ayuden a limarlas para fastidiarles menos.
Sé que no soy solo fallas... no es un ataque de baja estima lo que me hace decirles esto, es que pronto viene Jesús, y si algo he aprendido de él, es que nada somos cuando nos creemos demasiado, y que poco nos queda cuando queremos acapararlo todo. Yo le creo, y por eso siento hondo lo que he fallado, y de ahí que no tenga otra palabra más que decir: perdón”. 
 

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