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Temas del Padre 28 de Abril de 2018

#Eres valioso

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Padre Alberto Linero

En estos días he podido compartir algunas conferencias en distintas ciudades con todo tipo de personas. Ha sido una riqueza el encuentro con seres humanos que sin importar su afiliación religiosa, política, ideológica, tienen una búsqueda de sentido en sus vidas y de profundidad para su cotidianidad que nos ha permitido coincidir. De hecho, algunos conocidos abiertamente ateos y otros de esos que viven su vida al margen de las cuestiones religiosas, los que comúnmente llamamos agnósticos, asistieron al reciente encuentro que tuvimos en Barranquilla en el que estuve compartiendo desde la idea del valor incalculable que todos tenemos como seres humanos independiente de las etiquetas, que a veces parecen separarnos, y que con frecuencia hacen que otros nos perciban con un mayor o menor valor simplemente por obediencia al prejuicio.

La experiencia que he venido trabajando en algunas ciudades se llama #EresInvaluable, y tiene de fondo la reflexión a la que me condujo todo el trabajo previo a la redacción del libro Dios es mujer. Todo lo que pude ver y escuchar, lo que me encontré en la búsqueda de las razones para ese evidente desequilibrio entre los roles, los impactos, los reconocimientos entre hombres y mujeres me hicieron percibir que de fondo tenemos unas estructuras sociales que suelen hacer que perdamos de vista nuestro valor como seres humanos, y que olvidemos el valor de los que nos rodean, especialmente de  aquellos con los que la discriminación se ha ensañado con mayor fuerza.

Creo profundamente en el valor incalculable, innegociable y absoluto de todos los seres humanos. Un valor que no puede definirse por las condiciones de vida con las que nacimos o en las que nacimos; pues ya es tiempo de que dejen de existir los primeros, segundos y terceros mundos, tanto a nivel global como local. Basta ya de patrocinar que haya ciudadanos de tercera categoría en nuestras regiones, en nuestras ciudades, e incluso al interior de nuestras propias casas. Hogares en los que el señor de casa es un monarca absoluto y su esposa es la última en la cadena de su corte real son una pesadilla que ya debemos superar y que no podemos seguir elogiando. Familias que tienen hijos que se llevan toda la dedicación del mundo mientras que otros se dejan a su suerte y hacen parte de un pasado que pronto tendremos que erradicar de nuestra realidad.

Pero además, es preciso recuperar el reconocimiento de lo más humano de los otros, de sus rasgos más geniales, de sus actuaciones llenas de coraje o de bondad. Por eso he querido invitar a todos los que han compartido o compartirán esta experiencia, a que recuerden que su sacrificio diario es válido. Que las madrugadas para asegurar el bienestar de sus hijos son actos heroicos, que su sonrisa en medio de las dificultades es absolutamente necesaria, que su determinación a enfrentar la injusticia hasta en su más pequeña manifestación es vital para ser una mejor sociedad. Que ninguno de nosotros importa poco, y que cada uno vale todo eso que hace por ser feliz.

@Plinero 
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#Eres valioso

Sábado, Abril 28, 2018 - 00:00
Padre Alberto Linero

En estos días he podido compartir algunas conferencias en distintas ciudades con todo tipo de personas. Ha sido una riqueza el encuentro con seres humanos que sin importar su afiliación religiosa, política, ideológica, tienen una búsqueda de sentido en sus vidas y de profundidad para su cotidianidad que nos ha permitido coincidir. De hecho, algunos conocidos abiertamente ateos y otros de esos que viven su vida al margen de las cuestiones religiosas, los que comúnmente llamamos agnósticos, asistieron al reciente encuentro que tuvimos en Barranquilla en el que estuve compartiendo desde la idea del valor incalculable que todos tenemos como seres humanos independiente de las etiquetas, que a veces parecen separarnos, y que con frecuencia hacen que otros nos perciban con un mayor o menor valor simplemente por obediencia al prejuicio.

La experiencia que he venido trabajando en algunas ciudades se llama #EresInvaluable, y tiene de fondo la reflexión a la que me condujo todo el trabajo previo a la redacción del libro Dios es mujer. Todo lo que pude ver y escuchar, lo que me encontré en la búsqueda de las razones para ese evidente desequilibrio entre los roles, los impactos, los reconocimientos entre hombres y mujeres me hicieron percibir que de fondo tenemos unas estructuras sociales que suelen hacer que perdamos de vista nuestro valor como seres humanos, y que olvidemos el valor de los que nos rodean, especialmente de  aquellos con los que la discriminación se ha ensañado con mayor fuerza.

Creo profundamente en el valor incalculable, innegociable y absoluto de todos los seres humanos. Un valor que no puede definirse por las condiciones de vida con las que nacimos o en las que nacimos; pues ya es tiempo de que dejen de existir los primeros, segundos y terceros mundos, tanto a nivel global como local. Basta ya de patrocinar que haya ciudadanos de tercera categoría en nuestras regiones, en nuestras ciudades, e incluso al interior de nuestras propias casas. Hogares en los que el señor de casa es un monarca absoluto y su esposa es la última en la cadena de su corte real son una pesadilla que ya debemos superar y que no podemos seguir elogiando. Familias que tienen hijos que se llevan toda la dedicación del mundo mientras que otros se dejan a su suerte y hacen parte de un pasado que pronto tendremos que erradicar de nuestra realidad.

Pero además, es preciso recuperar el reconocimiento de lo más humano de los otros, de sus rasgos más geniales, de sus actuaciones llenas de coraje o de bondad. Por eso he querido invitar a todos los que han compartido o compartirán esta experiencia, a que recuerden que su sacrificio diario es válido. Que las madrugadas para asegurar el bienestar de sus hijos son actos heroicos, que su sonrisa en medio de las dificultades es absolutamente necesaria, que su determinación a enfrentar la injusticia hasta en su más pequeña manifestación es vital para ser una mejor sociedad. Que ninguno de nosotros importa poco, y que cada uno vale todo eso que hace por ser feliz.

@Plinero 
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