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Temas del Padre 27 de Enero de 2018

Discernimiento constante

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Padre Alberto Linero

Nos cuesta cambiar. Nos aferramos a las realidades y nos negamos la oportunidad de crecer. Algunos creen que todo tiene que ser como siempre ha sido. Volvemos absoluto todo y suponemos que nada puede cambiar. Nos resistimos a entender que lo humano es volverse obsoleto. Nada más dinámico que la vida misma, por eso es tan necesario que aprendamos a adaptarnos y a ser capaces de responder a esa condición humana.

¿Lo mismo pasa en la fe? Creo que sí. Estoy convencido que allí hay verdades absolutas que no podrán cambiar, pero también estoy convencido que hay muchas prácticas, disciplinas, maneras que pueden y deben ser distintas porque pertenecen al ser cultural y social del hombre que se pone en relación con Dios y trata de comprender su verdad. Me preocupa que el no poder entender el proceso como Dios se manifiesta en la historia nos lleve a volver absoluto lo que realmente es circunstancial, nos lleve a valorar más el “chócoro” que lo que éste contiene. Hay que tener claro que llevamos un tesoro en vasijas de barro (2 Corintios 4,7). Muchas veces terminamos asumiendo como si fueran dogma de fe algunos asuntos que realmente son apenas un medio para entender la opción amorosa de Dios por nosotros. Muchas de las discusiones que sobre la fe se plantean a diario se dan por esa confusión.

El papa Francisco nos invita a tener esto presente: “En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas.

Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida” (Evnagelii Gaudium 43). La actitud que nos pide el Papa es fundamental para poder ser un verdadero discípulo de Jesús en el siglo XXI: discernimiento. Eso supone una actitud de apertura, capacidad crítica, poder sospechar, tratar de leer más allá de lo evidente y sobre todo, en el contexto cristiano, apertura a la acción del Espíritu Santo.

En este tiempo sabático, en el que estoy dedicado a pensar, orar, cuestionarme y tratar de entender qué es lo que Dios quiere de mí, he estado trabajando un libro: dios es mujer (así se llama) que busca mostrar cómo esas lecturas erradas de la Biblia han servido de soporte para algunas actitudes machistas que entienden la relación hombre-mujer desde estructuras dominio-sometimiento. Lo cual equivale a creer que en la propuesta existencial de Jesús hay una invitación a la discriminación. Algo realmente absurdo de entender si consideramos su manera de comportarse frente a la mujer, o frente a las formas de discriminación de su época. Estoy convencido que tenemos que re-leer los textos y comprender que tanto lo femenino como la masculino expresan el ser de Dios que nos creó a su imagen y semejanza (Mulieris Digitatem No. 8). Te invito a revisar tus maneras de relacionarte con los que están a tu lado y entender que somos iguales en dignidad y que nadie tiene preferencia sobre nadie. Por eso lo mejor es vivir en continuo discernimiento de nuestra forma de estar con los otros. 

@Plinero 
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Discernimiento constante

Sábado, Enero 27, 2018 - 00:00
Padre Alberto Linero

Nos cuesta cambiar. Nos aferramos a las realidades y nos negamos la oportunidad de crecer. Algunos creen que todo tiene que ser como siempre ha sido. Volvemos absoluto todo y suponemos que nada puede cambiar. Nos resistimos a entender que lo humano es volverse obsoleto. Nada más dinámico que la vida misma, por eso es tan necesario que aprendamos a adaptarnos y a ser capaces de responder a esa condición humana.

¿Lo mismo pasa en la fe? Creo que sí. Estoy convencido que allí hay verdades absolutas que no podrán cambiar, pero también estoy convencido que hay muchas prácticas, disciplinas, maneras que pueden y deben ser distintas porque pertenecen al ser cultural y social del hombre que se pone en relación con Dios y trata de comprender su verdad. Me preocupa que el no poder entender el proceso como Dios se manifiesta en la historia nos lleve a volver absoluto lo que realmente es circunstancial, nos lleve a valorar más el “chócoro” que lo que éste contiene. Hay que tener claro que llevamos un tesoro en vasijas de barro (2 Corintios 4,7). Muchas veces terminamos asumiendo como si fueran dogma de fe algunos asuntos que realmente son apenas un medio para entender la opción amorosa de Dios por nosotros. Muchas de las discusiones que sobre la fe se plantean a diario se dan por esa confusión.

El papa Francisco nos invita a tener esto presente: “En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas.

Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida” (Evnagelii Gaudium 43). La actitud que nos pide el Papa es fundamental para poder ser un verdadero discípulo de Jesús en el siglo XXI: discernimiento. Eso supone una actitud de apertura, capacidad crítica, poder sospechar, tratar de leer más allá de lo evidente y sobre todo, en el contexto cristiano, apertura a la acción del Espíritu Santo.

En este tiempo sabático, en el que estoy dedicado a pensar, orar, cuestionarme y tratar de entender qué es lo que Dios quiere de mí, he estado trabajando un libro: dios es mujer (así se llama) que busca mostrar cómo esas lecturas erradas de la Biblia han servido de soporte para algunas actitudes machistas que entienden la relación hombre-mujer desde estructuras dominio-sometimiento. Lo cual equivale a creer que en la propuesta existencial de Jesús hay una invitación a la discriminación. Algo realmente absurdo de entender si consideramos su manera de comportarse frente a la mujer, o frente a las formas de discriminación de su época. Estoy convencido que tenemos que re-leer los textos y comprender que tanto lo femenino como la masculino expresan el ser de Dios que nos creó a su imagen y semejanza (Mulieris Digitatem No. 8). Te invito a revisar tus maneras de relacionarte con los que están a tu lado y entender que somos iguales en dignidad y que nadie tiene preferencia sobre nadie. Por eso lo mejor es vivir en continuo discernimiento de nuestra forma de estar con los otros. 

@Plinero 
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