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Temas del Padre 04 de Noviembre de 2017

Criando niños

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Padre Alberto Linero

La infancia es fundamental en la construcción del proyecto de vida. Lo que se vive y se aprende en ella marca el derrotero a seguir a lo largo de la existencia. Por eso se hace necesario que los adultos acompañen de la mejor manera a los niños. Este acompañamiento tiene que estar caracterizado, por lo menos, por cuatro actitudes:

1- Cercanía y ternura. Los niños merecen todo el cuidado de los adultos que están a su lado. No se les puede abandonar en sus procesos de exploración sino que se les debe guiar con mucha atención. Ellos necesitan de un referente que les permita ubicarse en medio de todas las posibilidades y preguntas a las que se enfrentan. Requieren de una palabra que les ayude a interpretar el sentido de las experiencias que van teniendo. Pero sobre todo necesitan mucho amor, mucho reconocimiento, que les haga saber lo valiosos que son, sin olvidarse de lo valiosos que son los que están a su lado. Para ello la ternura es pertinente, porque solo se pueden sentir valiosos si reconocen que los adultos los tratan con respeto, cuidado y amor.

2- Disciplina y control. Una manera de mostrarles que se les ama y se confía en ellos es estar atento a lo que hacen y mostrarles que, para poder convivir con los demás, hay que saber respetar a los otros y asumir las consecuencias de los actos. Sin disciplina en la infancia los niños quedan mal preparados para la convivencia, porque tropezarán con límites que no conocían y que les generan restricciones necesarias para la vida. Los padres y los adultos tienen que ser claros en las reglas y las consecuencias de infringirlas. Ellos no pueden sentir que están tirados en el mundo para dejarse llevar por sus impulsos sino que tienen que aprender a controlar esos impulsos y a usarlos en función de la realización de sus sueños.

3- Escucharlos y dejarlos ser. Los niños no son adultos chiquitos. Ni tienen por qué comportarse como los adultos lo desean. Ellos están en la etapa de explorar todo y lo deben hacer con libertad. Se les debe dejar expresar y manifestar lo que sienten y piensan, sin reparos ni miedos. Si aprenden a comunicarse con libertad podrán interactuar mejor en su adultez. Ellos tienen una manera de ver el mundo que debe ser comprendida. No hay que obligarlos a decir lo que no quieren, ni forzarlos a hacer lo que a ellos no les parece. Siempre hay que exponerles argumentos y tratar de seducirlos inteligentemente para que asuman lo que les proponemos. Nunca desprecien lo que dicen ni los rechacen de una, es necesario analizar bien y comprobar por qué lo están diciendo.

4- Provocarles espiritualidad. No creo en las imposiciones. No me gustan las experiencias religiosas impuestas a gritos o amenazas. Pero creo que en la realización del proyecto de vida de todo ser humano el desarrollo de la experiencia espiritual es fundamental, por ello se hace necesario que se les ayude a descubrir que el sentido está más allá de lo evidente. Momentos de silencio, contemplación y contacto con la naturaleza, saber meditar, son caminos para desarrollar esa inteligencia espiritual que todos necesitamos para ser felices. Enseñarles sin mitos y leyendas, mostrándoles el amor de Dios en lo cotidiano es básico para que ellos puedan tener una buena experiencia religiosa.

Acompañar y cuidar a los niños es un deber primordial para todo adulto. No podemos dejar que se vuelva costumbre el maltrato a los niños. Y tenemos que propender por una sociedad que castigue duramente a quienes dañan a los infantes. 

@Plinero 
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