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Temas del Padre 12 de Agosto de 2011

Asustao, pero libre

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Leer el libro de los Números me ha posibilitado volver a reflexionar sobre una de las situaciones humanas más fuertes: el miedo a la libertad. Sí.

Los relatos teológicos de este libro, que buscan mostrar la experiencia del pueblo bíblico por el desierto y su encuentro permanente con el Dios que los ha liberado, deja constancia de la continua queja y rebelión del pueblo ante la necesidad de asumir las consecuencias de ser libre.

En su travesía por el desierto es normal que el pueblo tenga que enfrentar muchas dificultades. Igual que nosotros. Esa es la condición humana: enfrentar dificultades y luchar para vencerlas y solucionarlas. La reacción del pueblo –que retrata bien la de muchos de nosotros- es rebelarse, quejarse, maldecir y añorar la tranquilidad de la esclavitud. Una manera de no querer asumir las consecuencias de ser libre. Esa es la paradoja, queremos ser libres, luchamos por serlo, pero nos da miedo asumir las consecuencias de serlo ¿Cuáles son estas? Planteamos algunas:

1. Tenemos que ganarnos el ‘pan’ cotidiano: El esclavo recibe migajas. Estas nunca faltan. No alcanzan, no llenan, pero no faltan. El libre tiene que caminar el sendero de la incertidumbre, del esfuerzo valeroso y del fracaso para conseguir el pan. No tiene nada asegurado. Comprobará que a veces tanto esfuerzo no alcanza para obtener lo deseado. Aún así es mejor ser libre.

2. Tenemos que asumir las consecuencias de lo que hacemos: Normalmente el esclavo sabe que el culpable de todos sus males es el amo, del cual reniega pero quien sirve como consolador de cualquier sentimiento de culpa que lo presione. El libre no tiene esa posibilidad, sabe que es dueño de sus decisiones, de sus emociones y que tendrá que responsabilizarse de ellas sin usar el espejo retrovisor para culpar a otros. Si fracasó es su fracaso. Si triunfa es su triunfo. Esa incertidumbre es la que le da mucho sentido a la vida libre.

3. Tenemos que construir nuestro propio destino: El destino del esclavo no le pertenece sino que está decidido por el amo. El no es más que un actor que tiene que interpretar el libreto escrito por el amo. El libre tiene que hacer su propia vida, la cual se le presenta como una página en blanco que tiene que llenar con sus propias decisiones y acciones. Será lo que decida ser. Siempre es más calmado saber que todo está decidido, que tener que sentarse a discernir qué hacer y medir bien las actuaciones.

4. Tenemos que enfrentar las duras condiciones del camino: El esclavo normalmente está seguro, cómodo y dispuesto a seguir la rutina. Su vida, aunque gobernada por el amo, trascurre en cierta tranquilidad, la de hacer lo que le toca hacer. El libre tiene que enfrentarse a las incomodidades de tener que decidir qué hacer, a la fragilidad de su inteligencia que muchas veces le permitirá equivocarse, a la lentitud de la dinámica de la vida que muchas veces le privará de lo que necesita ya, a los ataques de los ‘otros’ y del viento en contra que muchas veces le mostrará un camino espinoso.

Por estas razones no me extraña que muchos prefieran ser esclavos y vendan su libertad al mejor postor y prefiera decir como el pueblo de Israel anhelando la esclavitud de Egipto: “Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos, y melones, y puerros, y cebollas, y ajos…” (Números 11,5).

O prefieran la muerte en la tranquilidad de la esclavitud que las luchas de la libertad: “! Ojalá hubiéramos muerto en Egipto o en este desierto, ojalá muriéramos! ¿Por qué nos ha traído el Señor a esta tierra? ¿Para qué caigamos a espada y nuestras mujeres e hijos caigan cautivos? ¿No es mejor volvernos a Egipto?

No sé, hoy a pesar de todas las consecuencias que tengo por ser libre, doy gracias a Dios por la libertad y me afirmo en ella para seguir luchando y salir adelante. GC

POR
Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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