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Sin Photoshop 14 de Octubre de 2017

Menena Cottin, en busca de lo esencial

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Foto: Alexandra Blanco, del Nacional de Caracas

Clarita Spitz

Nació en Caracas, escribió ‘El libro negro de los colores’, que ha sido traducido a 19 idiomas, y fue una de las invitadas de lujo en el Día Uninorte Incluyente 2017.

Hay algo de poesía y de filosofía en las imágenes que Menena  Cottin plasma en sus historias. De humor y sorpresa. Títulos como El libro negro de los colores, Doble historia de un vaso de leche, o Cierra los ojos que vamos a ver, con su timbre de contradicción, invitan al lector a explorarlos, a saborearlos,   “… quiero que mis libros sean para despertar, para emocionarse, no para dormir”. 
 
Esta diseñadora, ilustradora y autora, estudió Diseño Gráfico en el Instituto de la Fundación Neumann de su natal Caracas y realizó cursos de escritura e ilustración de libros para niños en Parsons School of Design, y de animación tradicional en el Pratt Institute, de Nueva York. A través de sus diseños, ilustraciones y textos, busca comunicar un concepto, una idea o una emoción. 
 
Su formación le ha permitido incursionar en todas las áreas del diseño en busca de una vía para lograr esta comunicación. Así llegó a los libros, a las herramientas digitales y al lector. 
 
Su obra manifiesta el infinito poder de la metáfora como figura literaria y medio de expresión artística. Lo más importante para ella es llegar a la síntesis y captar lo esencial utilizando un mínimo de recursos, para que su mensaje sea limpio, directo y transparente. Que sus ilustraciones sean minimalistas, el texto diga solamente lo necesario, y que texto e ilustraciones se complementen. Ha escrito e ilustrado  más de 30 libros infantiles e incursionado también en la narrativa para adultos.
 
 P  Sus libros son muy poéticos y filosóficos ¿Algo en su formación tiene que ver con esto?, ¿cómo llega a la literatura infantil?
 R   Profesionalmente, como diseñadora gráfica, tuve una maravillosa escuela.  Hice de todo, logotipos, empaques, carátulas de libros, afiches, pero un día me cansé y comencé a ilustrar y a escribir, a crear libros sencillos que terminaron siendo para niños, aunque sigo pensando que son para todas las edades. Esta parte humanística que me salió de repente, me la ha enseñado la vida, el tener una familia, entender la vejez, la discapacidad, las diferencias, entender que todo tiene distintos puntos de vista. He viajado mucho, caminando por el mundo, explorando, viendo las cosas desde distintos ángulos. Soy muy sensible, detallista, me fijo en cosas que los demás no ven, y a veces doy más importancia a un detalle que al todo.  Vengo de una familia muy sensible desde el punto de vista artístico. Desde niña jugaba mucho, jugaba sola, me distraía, me ponía a pensar… hasta la fecha disfruto con el juego intelectual. 
 
 
 P  ‘El libro negro de los colores’, es quizás su obra más conocida ¿Cómo nace este libro? 
 R  Nació sin yo imaginarme que era un libro. Surgió de la inquietud que me ha producido toda la vida el hecho de que alguien viva sin tener la posibilidad de ver, porque justamente me muevo y me comunico con imágenes visuales y no soportaría la vida sin ver.  No conocía a una persona ciega, pero me preguntaba, alguien que nunca ha visto el mundo, ¿cómo lo entiende, cómo lo disfruta, cómo se puede adaptar?  Un día imaginé que era un niño ciego y trataba de explicar qué entendía yo cuando mis amigos me hablaban de los colores. Tomé el elemento de los colores como un reto, ya que son un estímulo absolutamente visual, no hay manera de tocarlos o sentirlos. Fui buscando paralelos, traduciendo sensaciones visuales a otros sentidos y escribí un texto donde, según Tomás, el amarillo sabe a mostaza pero es suave como las plumas de los pollitos, el verde sabe a helado de limón y huele a césped recién cortado y el rojo es dulce como la patilla pero duele cuando se asoma por el raspón de su rodilla. Acababa de conocer a Mónica Bergna, editora de libros infantiles Me había contratado para hacer las ilustraciones del libro Píntame Angelitos Negros, pero tenía mucha curiosidad por conocer más de mi trabajo.  Le mostré ese texto y apenas lo leyó,  me dijo “Yo quiero hacer este libro”. Mónica, quien tiene un hijo con parálisis cerebral, entiende muy bien de discapacidad. Su visión editorial nos llevó a concebir un libro negro, en braille, con dibujos en relieve. Se lo ofreció a Cristina Urrutia para su Editorial Tecolote que prácticamente se lo arrancó de las manos. Es el más conocido y, curiosamente, el único de mis libros no ilustrado por mí, sino por Rosana Faría.  Ha sido traducido a 19 idiomas, recibió el Premio Bologna Ragazzi New Horizons, 2007; fue seleccionado por The New York Times como uno de los 10 mejores libros ilustrados del 2008 e incluido en la lista de libros de justicia social para niños.
 
 P  En 2013, en el Hay Festival de Cartagena, presentó el que, en ese momento era su último libro, ‘Cierra los ojos que vamos a ver’.Te acompañaron Lucero Márquez y el editor, Sergio Dahbar. 
 R  Cierra los ojos que vamos a ver resulta de una vivencia muy personal que se inició en 2006 en Ciudad de México, durante el lanzamiento de El libro negro de los colores, donde conocí a Lucero Márquez, una joven mexicana invidente que me impresionó por sus hermosos ojos verdes. Conversamos y ella me dio su dirección de correo electrónico. “Por si acaso algún día necesitas algo”, me dijo.   A la semana me fui al Himalaya a caminar con mi esposo. No podía dejar de pensar en esa chica de los ojos verdes y en cómo podría ella sentir lo que yo estaba sintiendo. De regreso a Caracas escribo un cuento que se llama Esencia de Bután y se lo envío a Lucero. Así iniciamos un intercambio de correos donde le cuento cómo es el mundo que descubro en mis expediciones y ella me habla de lo que siente y de su afán por superar sus limitaciones.  Cierra los ojos que vamos a ver recoge estas cartas.  Son dos visiones de la misma historia: la mía a través de mis ojos,  y la de Lucero a través de su oscuridad.  
Allá en Cartagena, en el Hay Festival, Lucero explicó que antes de leer El libro negro de los colores, no se había preocupado cómo era el mundo de las personas que ven. “Cuando lo leí, sentí la metamorfosis de un sentido que no tengo, algo que estaba dormido…”. Cada vez que recuerdo estas frases, se me eriza la piel. 

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