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Sin Photoshop 28 de Octubre de 2017

Los documentales de bodas de William Torres

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Foto: Orlando Amador Rosales

Hoy día William trabaja en las ceremonias con dos cámaras, dos lentes y un monopod. “A veces, menos es más”, afirma.

Alejandro Rosales Mantilla

Es comunicador social de la Universidad del Norte y lleva cinco años registrando casamientos en el Caribe colombiano. Afirma que el éxito de cada pieza fílmica radica en que los novios demuestren su amor con autenticidad, “que sean lo que realmente son”.

Cada matrimonio es una historia y dentro de él se desarrollan muchas más. La ceremonia religiosa, antes de esta y en la fiesta posterior, las personalidades de los recién casados marcan el paso de su desarrollo hasta el final. Así lo registra William Torres Logreira en sus documentales de bodas, tal cual, Sin Photoshop, absolutamente real. 
 
William es comunicador social de la Universidad del Norte. De estudiante soñaba con desarrollar su profesión en el campo organizacional y trabajar en una empresa que le pagara un buen salario. Como él lo reconoce, nunca se le pasó por la mente ser un videógrafo de bodas, “jamás”. “Tenía un imaginario errado del fotógrafo y videógrafo de bodas, porque era algo que tenía de niño, los señores afuera de las iglesias,  en fin. Pero ahora que estoy aquí me gusta, manejo mis tiempos, vivo de esto y me hace feliz”, explica.
 
En este 2017 celebra cinco años con su propia empresa que tiene su mismo nombre. Los documentales de bodas que hace los lleva a otro nivel, de realidad emocional, de momentos únicos, de clientes que lo vieron como un proveedor y en muchos casos se convirtieron en amigos. Las uniones de Sebastián Viera y Sara Correa; o Jorge Enrique Abello y Marisabel Gutiérrez han quedado registradas bajo el lente de su cámara, que hoy por hoy lo sitúan como uno de los mejores en la ciudad.
 
 
Pero el trabajo no lo hace solo. Su novia Astrid Díaz-Granados lo acompaña en el arte de captar uno de los momentos más importantes en la historia de cualquier ser humano, la boda.
 
 P  ¿Cómo hace para ‘dar en el clavo’ y captar en video lo que quiere cada pareja?
 R  Lo fundamental es que cuando ellos vean el video digan: ahí estamos nosotros, así vivimos ese día. Al principio cuando comencé con lo de las bodas quería mantener un solo estilo que tomaba de varios mentores que son videógrafos de Europa y Estados Unidos y que yo quería traer a Colombia. Muchas veces choqué porque no sabía leer a las parejas. Por ejemplo, siempre quería hacer cosas muy románticas, pero después me di cuenta que el verdadero trabajo va más allá de hacer unas tomas bonitas, una edición movida, de tener una buena canción y unas palabras impactantes. Lo fundamental es que los novios se vean, que así estén llorando y hagan una mueca fea, digan: ese soy yo. Si no es así el problema es mío.
 
 
 P  Pero, ¿cómo lo hace?
 R  Después de varios años sé que les gusta y que no. Eso va de la mano con entrevistas a los dos, de cómo se vive ese día, de observar los detalles, de muchas cosas que pasan cuando ya estás presente en ese momento especial.
 
 P  ¿Hay que tener cierto tacto para que la filmación fluya?
 R  El día de la boda tratamos de que ellos sientan que nosotros somos una persona más. En el momento que introduces una cámara en tu día, sin querer queriendo empiezas a posar. La idea es decirles que mi trabajo es netamente documental, que sean lo que son. Hay momentos en los que los novios se quedan solos conmigo y ahí sí hacemos unas tomas más preparadas como agarrarse de la mano, hablarse al oído, darse un abrazo. Pero en el momento de la boda o en el momento de la fiesta yo trato de que ellos no piensen en mí. A veces me dicen que no se acuerdan en qué momento capté ciertos momentos. Hay que estar pendiente de cada cosa que esté pasando, cualquier acción tiene su reacción. 
 
 
 P  ¿Qué consejos les da a sus clientes para que transmitan lo que después ellos quieren ver en su documental?
 R  Lo primero que necesito es amor, yo les digo: pase lo que pase, ámense. De todas las bodas en las que yo he estado ninguna ha sido perfecta, y no lo digo como crítica, sino que siempre pasa algo que no se espera. Como que ella quería tulipanes y llegaron rosas, por ejemplo. Hay novias que son un poco rígidas en lo que quieren y por un pequeño detalle cambia su semblante, entonces, por más que yo quiera yo hago video, capto lo que es real, no puedo hacer photoshop, en video eso cuesta miles de dólares. Por eso yo les digo que pase lo que pase ámense, gocen de la fiesta, no piensen en nada distinto. Si tú tienes 150 invitados hay 148 personas que están pendientes de todo lo que vas hacer. En las fiestas de bodas los novios son los protagonistas, si no bailan nadie baila, o muy pocos lo hacen. Todo el mundo quiere casarse una vez en la vida, entonces vive ese día como si fuera el último. Eso para mí es el éxito de cualquier video de novias.
 
 P  ¿Cree que los documentales de bodas se están convirtiendo en una tendencia en Colombia?  
 R  Antes a mí me llamaban faltando un mes para la boda, hoy día tengo programadas 15 en 2018, ya firmé esos contratos. Cada vez toma más importancia el video, el registro fílmico de ese momento, la verdad es una tendencia que ha cogido un valor sentimental en las bodas. Antes eso era lo último que se planeaba y las fotos las tomaba un tío y el video lo hacía un primo. Hoy ya no es así. 

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