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Sin Photoshop 01 de Julio de 2017

“Aquí creen que las viudas deben llorar, llorar y llorar”

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Foto: Orlando Amador Rosales

Vive en el norte de la ciudad con sus cuatro hijos: Estefanía, de 10, Abel Eduardo, de 7, Emilia, que hoy cumple 4, y María, de 2.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

María Elvira Cuello comparte cómo ha logrado sanar poco a poco la pérdida de su esposo, al cumplirse un año de su fallecimiento, mientras cría cuatro hijos.

María Elvira Cuello Navarro es barranquillera, diseñadora industrial y madre de cuatro. Tiene 32 años y dice que aunque parece tener menos, siente que ha experimentado cosas de personas con más edad.
 
Ella, como todos, ha pasado por adversidades, pero asegura que “la actitud que uno tiene para afrontar las cosas, es lo más importante”.
 
El 3 de julio de 2016, para ser exactos, perdió al amor de su vida, el padre de sus hijos. Y hoy, a dos días de su primer aniversario de fallecido, comparte cómo ha logrado tener la fuerza para seguir su vida día a día y levantar a sus cuatro hijos sin él.
 
Cuenta desde la sala de su casa que Abel Carbonell, su esposo comercializador de carbón, tenía cálculos y que estaba listo para realizarse una cirugía y removerse uno de ellos. Fue en la espera a ser operado que sufrió un paro respiratorio junto con un derrame cerebral. Con esto, su cuerpo se bloqueó, dejó de respirar y de inmediato fue llevado a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) de la clínica Portoazul. Allí volvió a presentar otro derrame, con María Elvira a su lado. Le hicieron un drenaje, pero él ya estaba dormido. Había entrado en coma.
 
Alimentarse y dormir era lo último en lo que pensaba María Elvira durante esos días. Ella solo quería estar cerca de Abel. Tanto que buscó las maneras de poder estar en una habitación cerca, en la clínica, mientras él seguía en UCI. Pero fue el quinto día, un sábado 2 de julio, que supo que algo no estaba bien. 
 
Esa noche viendo el monitor, que ya había aprendido a leer, se dio cuenta que los niveles de oxigenación en la sangre de Abel estaban empezando a bajar, y que ahí empezarían los problemas. Se despidió de él y fue sacada de UCI, por emergencia de otro paciente.
 
Al día siguiente, 3 de julio de 2016, decidió ir a misa en horas de la mañana y, arrodillada, se desprendió de él, entregándoselo a Dios, y pidiéndole que hiciera lo que era mejor para su esposo. Al salir de misa y llegar a casa, su papá que es médico, le dio la noticia. Abel había fallecido, a sus 44 años.
 
“A pesar del dolor y la tristeza, sentí una paz, una tranquilidad, porque se lo había entregado a Dios. Pero me hace mucha falta, lo lloro todavía”, asegura muy calmada María Elvira.
 
 
El duelo. Sin soltar lágrima alguna María Elvira contó que la primera semana sin la presencia de su esposo fue muy difícil. Durmió en casa de sus padres, pero sabía que “la realidad” la esperaba, que tendría que volver a ella tarde o temprano. Por eso a los ocho días de duelo volvió a dormir en su casa, en su cama, pero sin él.
 
“Pensaba que tenía que lograr hacerlo en algún momento y entre más rápido, mejor para todos. Y lo logré. Y entre más rápido yo les enseñara a mis hijos que la vida continúa, era mejor”. 
 
Por supuesto, su vida se volvió en un proceso diario, una lucha constante. En retomar su rutina poco a poco, vistiendo con otros colores y hacer su papel de madre. De hecho, nunca le ocultó lo que pasaba a sus hijos. Desde que estuvo en coma hasta que Abel falleció ellos supieron qué pasaba.
 
“A ellos les dio muy duro, el proceso fue largo. Tenían rabia, sobre todo Abel Eduardo (su único hijo hombre), porque sentía que si él lloraba estaba haciendo algo malo, porque no me veía llorar a mí. Entonces me tocó dejarme ver una que otra vez estando con ellos. Hoy ya todo es diferente”, dice la madre de cuatro.
 
Hoy. La sonrisa radiante de María Elvira no se ve apagada en lo más mínimo. Suelta una que otra risa con algún comentario y, aunque la historia que relata tiene una base un poco triste, explica que es la resiliencia la que la hace ponerse de pie todos los días. 
 
Eso, y la escritura. Creó un blog  hace poco (meconline.blog) en el que ha ido contando por partes los acontecimientos de su “nueva vida”, como ella dice. Solo lleva cuatro entradas, pero escribe tal cual pasaron las cosas, sintiéndose uno, al leerla, viviendo con ella todo.
 
“Cada vez que contaba mi historia le daba fuerza a muchas personas. Algunas hasta me han dicho que las he ayudado con su matrimonio”, expresa la hoy bloguera, con hasta cuatro mil visitas, y que espera traducir al inglés sus publicaciones pronto.
 
Además, cree que su forma de ser, su carácter y sus hijos también la ayudaron. Pero dice convencida que “es la forma como afrontemos las situaciones que salimos de ellas. Por eso hay que dar gracias por todo, porque hasta las cosas malas traen cosas buenas”. 
 
Ahora se dedica a organizar lo que le dejó su esposo, hace decoraciones para fiestas (su hobby) y escribe en el blog.
 
Siente que quebró el molde de las viudas, pues considera que “aquí creen que es vestir de negro para siempre y llorar, llorar y llorar. Pero yo no. Yo dije: tengo que seguir viviendo”. 

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