EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/145165
Perfil 16 de Septiembre de 2017

Una amistad en la que la unión es color

El usuario es:

Foto: Orlando Amador Rosales

María Patricia Marín Naranjo y Lía Margarita Tapias Oñoro, en la sede física de Unión Color, en el barrio Bellavista, en Barranquilla.

Alejandro Rosales Mantilla

Lía Tapias y María Margarita Marín trabajan por una iniciativa que busca llegar con color a sectores deprimidos. Ellas trabajan con amor por su ciudad.

La vida las encontró con una realidad que hoy las hace inmensamente felices. Se les nota, lo transmiten cuando se habla con ellas sobre su unión como amigas y el color que llevan a zonas descoloridas, caóticas, violentas.
 
Lía Margarita Tapias Oñoro y María Patricia Marín Naranjo son las cabezas de Unión Color, una organización sin ánimo de lucro que “a través de la experiencia estética de intervenir el espacio público mural y el espacio vital privado” de zonas vulnerables del departamento del Atlántico, busca transformar espacios físicos y el tejido social de las comunidades favorecidas. 
 
¿Cómo lo hacen?: con pintura cien por ciento acrílica, voluntarios (muchos de ellos estudiantes universitarios), la comunidad que se apersona del cambio de su propio entorno, y el aporte  de gobiernos distritales, departamentales y otras fundaciones.
 
¿Cómo empezó todo?. Lía es una exitosa abogada especializada en el tema comercial y de bienes raíces. Por motivos laborales llegó al barrio Primero de Mayo en 2013. Por esos días, como lo reportó EL HERALDO en varios informes de crónica judicial, el sector experimentaba una escalada violenta protagonizada por pandillas como Los 40 Negritos y los Grasa, que se disputaban el territorio entre Primero de Mayo (en Soledad) y el Ferry (en Barranquilla). A esa realidad aterrizó Lía.
 
“Había un cliente que tenía una bodega allá, obviamente no la arrendaba. La seguridad era demasiado difícil. Hicimos una lluvia de ideas con varias personas en las que nos preguntábamos cómo intervenir y obtener victorias tempranas, queríamos tener credibilidad en el barrio para después hacer otras cosas (...) Concluimos que nada más evidente que pintar las fachadas de las casas”, explica Lía. 
 
Agrega que contó con la asesoría de Terrón Coloreado, una fundación caleña que les transfirió toda su experiencia y que se relaciona mucho con lo que hoy hace Unión Color. “Ahí empezamos, ese año pintamos 350 casas en el sector de las Placas (el más violento del barrio, la línea imaginaria entre el ferry y Primero de Mayo y donde se daban los enfrentamientos más terribles). Nos dimos cuenta que cuando las casas eran intervenidas la gente cambiaba la dinámica, su ánimo, la percepción de su espacio. Los que dejaban tirada la madera en la calle y que usaban para cocinar dejaban de hacerlo y se cambiaron al gas natural, por ejemplo. Unión Color primero se
volvió un medio y después se convirtió en un fin”.
 
 
Luego, dos años después, llegó María Patricia a esa unión cultural y colorida. Recuerda que Lía fue a comprar un carro al concesionario donde trabajaba su esposo y ella se encargó de venderle el seguro. Un tinto llevó a otro, una reunión a otra y en las conversaciones “la pintora de brocha gorda”, o sea Lía, le hablaba de su fundación.
 
“Un día me hizo la propuesta de trabajar con ella, yo le conté a mi esposo, al principio a él le sorprendió y yo acepté. Me inauguró con la intervención en el Callejón del Hospital (va de la 17 hasta la 30, entre Rebolo y San Roque), para mí era el inframundo. Yo veía a Lía muy tranquila en ese lugar y yo me preguntaba por qué no podía estar así (...) Te empiezas a encontrar cosas muy hermosas, no había tenido la oportunidad de vivir eso, el contacto con gente distinta, muy agradecida, que se emocionan con los cambios, que son amables, que te dejan entrar a su casa como un familiar más”, expresa María Patricia. Ella es administradora de empresas, trabajó más de una década con la Sociedad Portuaria, tiene su propia agencia de seguros y hoy se encarga de ayudarle a Lía a montar los proyectos, los diseños, proyectar cómo van a ser las cosas, revisar los costos y por último presentar lo que desean hacer a posibles aliados.
 
Lía afirma que el trabajo que realizan une e influencia dos mundos alrededor del color y el progreso. Están los voluntarios, en su mayoría estudiantes universitarios que entran en contacto con esas comunidades y sus problemáticas, y, por otro lado, está el vecino del barrio beneficiado, que sabe que ese chico, “ese estudiante, podría estar ese domingo en la playa o con su familia y no pintando su casa, su cuadra”.
 
“Unión Color quiere extenderse a otros departamentos, visibilizar y proteger la riqueza arquitectónica, que se replique el modelo, queremos que la empresa privada participe con un verdadero aporte a la construcción de ciudad, más allá de la responsabilidad social de cada una. La cultura no es un gasto es una inversión”, concluye Lía. María Patricia la mira, la respalda con esa mirada, las dos saben que su complicidad por una ciudad más bonita y equitativa está dando frutos llenos de color. 
 
Intervenciones:
 
 
Unión Color ha llegado con sus intervenciones a varios lugares, entre esos los siguientes: el Ferri y 1 de Mayo (350 casas) Plaza Hospital (25 casas , 1 gigantografía), Santa Lucía (14 casas y 3 murales), Barlovento (10 casas 1 gigantografía y 1 mural), Avenida la María (25 casas y 3 murales), Museo del Atlántico (3 murales), Puerto Colombia (30 casas), Salgar (12 casas y 3 murales), Callejón del Hospital (15 casas, 1 gigantografía), Rebolo sector de los 3 postes (20 casas), Ciénaga de Mallorquín (30 casas y 18 murales) y Las Nieves (18 casas).

 

Etiquetas

Más de revistas