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Perfil 28 de Abril de 2018

María Fernanda Mejía, una empresaria que ‘respira’ festival

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Foto: Néstor de Ávila

María Fernanda es la mayor de cuatro hermanos, madre de dos hijos y está casada con el médico Alberto Aroca.

Miguel Barrios

Esta valduparense se considera como una “promotora y embajadora permanente” del vallenato y de su tierra natal. Cada año hace de su casa un escenario donde predominan los acordeones, las mecedoras y las guacharacas.

Además de ser una reconocida empresaria en Valledupar, María Fernanda Mejía Ceballos se ha convertido en la ‘embajadora’ del Festival de la Leyenda Vallenata en esta capital. Su casa, en el barrio Novalito, en el norte de la ciudad, refleja el ambiente de la fiesta de los acordeones, la cual ha recibido en estos días al menos 50 invitados de otras latitudes.
 
“No hay placer más grande que disfrutar este certamen, desde noviembre o diciembre me pongo modo festival”, dice esta vallenata, profesional en decoración y dibujo arquitectónico que en 2017 fue distinguida por la Cámara de Comercio de Valledupar como empresaria del año, tras su trayectoria y liderazgo en diferentes ámbitos.
 
 Se considera una promotora permanente de su tierra y del festival. “Apoyamos siempre a la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, porque son ellos los que han hecho que esto crezca cada día más; entonces digo que soy una servidora de ese batallón”, manifiesta María Fernanda, quien tiene en la entrada de su casa un viejo campero Jeep Willys de los que antaño se usaban para movilizarse en las parrandas, adornado con un acordeón, sombrero vueltiao y flores; además en su terraza hay una decoración con caja, guacharaca y mecedoras, que le dan la bienvenida a la fiesta.
 
 “Soy una embajadora de nuestra cultura, de poder decir que tenemos que ponernos el vestido de pilonera, de hacer y conservar todo lo que en su momento Consuelo Araújo también inició, logró y que ha llevado a que esto toque todas las puertas internacionales”, puntualizó.
 
Esposa, madre y empresaria.
 
María Fernanda Mejía nació en Valledupar, en el hogar del valduparense Orlando Mejía y la samaria Carmen Ceballos, es la mayor de cuatro hermanos, de los cuales uno falleció. Está casada hace 29 años con el médico pediatra Alberto Aroca Saad, con quien tiene dos hijos: Alberto Mario, quien es médico y está especializándose en radiología en la Universidad Javeriana, y Juan Sebastián, quien terminó hace dos meses Administración de Empresas.
 
 Dice que su familia es prioridad, aunque considera fundamental en la vida a sus amigos, señala que su hobby es dedicarse a su vivienda. 
 
“Esta casa es mi reflejo, el mínimo grano puesto en ella es a gusto mío y cada cosa tiene una historia”, precisa.
 
 Además del rol de esposa y madre, María Fernanda Mejía es una líder empresarial en Valledupar, su pujanza, dedicación y espíritu de servir le han permitido destacarse en su actividad laboral. Ella integra la Junta Directiva de la Clínica Valledupar y el Condominio Residencial Sierra Laguna en Santa Marta. Es apasionada por la etiqueta en la mesa y la buena decoración y actualmente tiene la franquicia de la marca Carmiña Villegas.
 
María Fernanda Mejía posó en la terraza de su casa junto al Jeep Willys, adornado con un acordeón, sombrero vueltiao y flores coloridas. 
 
 Su primer empleo fue como delineante de arquitectura en la Secretaría de Planeación de la Alcaldía de Valledupar. En 1989 fue designada como gerente de la oficina de Financiamiento Comercial Diners Club, entidad que posteriormente se transformó en el Banco Superior, donde laboró en forma continua durante 17 años. Luego, por solicitud de su suegra, Isabel Saad de Aroca, entró a acompañar el manejo de una empresa familiar de la que son socios su esposo Alberto Aroca Saad y su cuñado Víctor Hugo Aroca.
 
 Frente a la exaltación que le hizo la Cámara de Comercio de Valledupar señaló: “a mucho honor a finales de 2017 recibí una distinción como empresaria del año; no me lo esperaba, porque honestamente hago las cosas por naturaleza y nunca pendiente de ningún reconocimiento y para mí fue muy grato y de mucha sorpresa, porque no pensé que la gente se daba cuenta de lo que uno hacía”.
 
 No obstante, dijo que lo recibió con mucho orgullo personal y el de muchas mujeres anónimas que hacen empresa en la ciudad y en el departamento, “porque en nuestro caso seguimos teniendo el papel de esposas, amas de casa, madres, profesionales y empresarias todo el tiempo, lo que modestia aparte es muy valioso”. 

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