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Perfil 04 de Marzo de 2017

Marcela González creyó tener lupus por tres años

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Foto: Orlando Amador Rosales

Hoy Marcela practica yoga, una disciplina que a ella le ayuda a mantenerse en equilibrio y que complementa con su alimentación.

Sara Hernández C. @Sara_hernandezC

La barranquillera Marcela González Arteta contó el dilema de lo que fue su vida con lupus, noticia que tres años después llegó a ser, según ella, un falso diagnóstico.

Para el 2008 la barranquillera Marcela González empezó a presentar los síntomas relacionados con la enfermedad de lupus. Había perdido cabello y sentía dolores articulares. “Era como si se me partiera el brazo y no podía separarlo del cuerpo”. Había cosas que no entendía como los dolores en sus pies que le impedían levantarse. A ella le fue diagnosticado lupus y así lo creyó.

Su historia. Hace unos años vivió en Bogotá donde estudió Psicología e hizo la carrera técnica de Cocina y Pastelería. Allá –cuenta– consumía muchos productos light. A su vez trabajó de día como investigadora de mercados en psicología. “Allí conocí sobre la industria de la comida, cultivos de hortalizas y frutales a lo largo de Cundinamarca, Boyacá, Santander, Guatemala y noté cómo se producía la comida que creemos normal”, revela la mujer que hoy tiene 28 años.

Meses después, en una semana de receso universitario, ella viajó a Barranquilla y tomó bebidas energizantes en un viaje a La Arenosa. Pero al volver a Bogotá tuvo la recaída más fuerte que recuerda, la pérdida de apetito y fiebre por una semana fueron algunos síntomas. “Estuve en la cama varios días y no tenía ganas de hacer nada”.

Marcela fue por segunda vez al médico. Ella no se quedó con la valoración de un “simple virus” y buscó esta vez a una reconocida reumatóloga en Bogotá. El dictamen fue claro. Ella padecía lupus eritematoso sistémico.
“Entré en shock. Te dicen que nunca te curarás de una enfermedad que puede atacar cualquier parte de tu cuerpo, tu sistema inmunológico, el mismo que dispara anticuerpos (reconocen y bloquean virus, bacterias, hongos y hasta parasitos)”. Lo anterior significaba para ella toda una vida medicada, controles médicos, la zozobra de no saber si podría tener hijos y otras advertencias para una joven de 20 años.

Su vida cambió. Ella sabía que tenía que enfrentar la enfermedad que le aquejaba. Entonces llegó a un lugar bioenergético, en Barranquilla, y allí le sugirieron seguir una dieta de desintoxicación y eliminar productos como carnes rojas, enlatados, cerdo, lácteos y demás procesados.

Su ‘recuperación’.Tuvo la oportunidad de percibir que las cosas no eran como ella creía. Ella investigó y profundizó sobre su enfermedad y los hábitos culinarios que podría tener.

Después de año y medio ella siguió con las citas con la reumatóloga, quien le disminuía la dosis de medicamentos cada vez que la visitaba. “Cuando ella me dijo que iba bien pero que siguiera con mi baja dosis, yo dejé  a un lado el medicamento. Un mes después volví y todo salió bien. No creí la historia de padecer la enfermedad de por vida, mi cuerpo estaba sano”. Esto ocurrió en el 2011.

No se detuvo.  En medio de su proceso de exploración  vio el documental Dulce miseria en el que notó lo que puede ocurrirle a las personas al consumir productos light. “Estos tienen aspartame -endulzante con bajas calorías- que se va acumulando y te intoxica. El producto puede llevar a las personas a presentar síntomas de esclerosis múltiple, migrañas fuertes y lupus”.

Ahí Marcela se llenó de valor. Ella consumía productos light gran parte del tiempo por lo que para ella su diagnóstico fue que estaba intoxicada con aspartame. Hasta ese entonces no había un dictamen médico.
Marcela decidió ir más allá de la harina, el huevo, el azúcar y la mantequilla, ingredientes básicos para elaborar los postres que hacía. Tanto así que decidió montar una pastelería de comida saludable desde  el 2012. 

Ahora. En septiembre del año pasado y por lo dicho en una entrevista a EL HERALDO en la que explicó su caso, su abuelo psiquiatra le dijo que estaba en “negación de su enfermedad” y le sugirió hacerse chequeos. Además tuvo un accidente en su pierna y, ante su lenta recuperación y la insistencia de sus familiares, optó por consultar la incidencia del lupus en la herida.

El reumatólogo Mauricio Abello le mandó a realizar unos exámenes. Al obtener los resultados le dijo que no tenía lupus. “Lo que quiere decir que nunca lo tuviste. No es una enfermedad que se quite, por lo que tuviste otra patología con síntomas similares”, recuerda ella de la grabación de aquel día.

Los efectos del aspartame cobran valor para Marcela, aunque hoy no está comprobado médicamente.

Hoy entendió que comer saludable es más que una moda y lo complementa con el yoga, de hecho tiene un centro de estudios de yoga y prácticas saludables en Barranquilla. “Todos debemos despertar la conciencia y establecer qué es lo que le hace bien al cuerpo, así como lo que no. Compramos lo que consumimos y desconocemos su infestación de químicos”. 

Marcela divide su día en sus estudios de yoga y prácticas saludables y su centro de comidas.

Su misión

“Nunca he abusado de mi cuerpo, soy una persona tranquila. Me pregunté muchas veces por qué tenían que condenarme con ese diagnóstico y eso me hizo entender mi misión. Yo siento que lo mío es enseñarle a la gente a alimentarse bien, tener un estilo de vida más saludable. Eso lo hago hoy desde Kaivalya, centro de yoga, y Brownanas Repostería Saludable”.

Consejo

“A las personas que están hoy en esa búsqueda de mejorar la alimentación, recuerden que su cuerpo les acompañará por el resto de su vida, lo demás se va. El bienestar es lo único que te quedará y mantendrás después”, explica Marcela. Todo lo demás implica sacrificios que el cuerpo, tarde que temprano, agradecerá. Al menos así piensa Marcela desde su centro de yoga.

Al ser diagnosticada...
“Alcancé a pesar 42 kilos y sabía que tenía que hacer lo posible por aumentar mi peso corporal”.

El yoga en su vida le ayuda...
“Ahora tengo una mayor conciencia corporal y mi mente está mucho más calmada”.

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