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28 de Octubre de 2017

"La tendencia más importante es la que la novia tenga": Francesca Miranda

Francesca posó para Gente Caribe desde el salón Magdalena del Hotel El Prado, luciendo una camisa de su casa de diseño y pantalones de la marca KIS.
Leonor es el ‘jumpsuit’ (enterizo) que la diseñadora muestra en esta colección como otra alternativa para sus clientas.
Francesca opta por telas italianas, pero admite que la mayoría de sus vestidos llevan combinaciones de varios materiales. Este lleva por nombre Magdalena.
Chifón, encaje francés y flores bordadas hechas en tul es la combinación que compone este vestido, llamado Simonetta.
Wilhemina es el nombre de este diseño. Las flores bordadas a mano sobre la tela es lo más llamativo de su confección.
Al momento de buscar los materiales para confeccionar, Francesca se enfoca en que estos sean ligeros. Este se llama Adelaide.
La diseñadora confiesa que los encajes franceses son sus predilectos, como los vemos en este vestido llamado Theodora.
"Lo más importante para una novia es su vestido. Es con lo que más sueña".
Daniela Fernández Comas @danielaferco
Elegancia es lo que transmite Francesca Miranda. Ese es su estilo. Como dice ella “sencillo, sin tanta cosa”. Todo lo que luce es hecho por ella, excepto uno que otro 'blue jean', sus zapatos y carteras, pues dice que desde hace 15 años no compra más que accesorios. Le encantan los anillos y aretes, aunque estos últimos los pierde con frecuencia. También como su vestido de novias, el que usó en 1984 cuando se casó en su natal El Salvador, y que le prestó a una amiga. De ese día recuerda la felicidad con la que lo lució. Felicidad con la que toda novia se debe casar, y la misma que espera ver siempre a las que viste. 
 
En esta entrevista exclusiva para Gente Caribe no solo contó lo nuevo que trae. Habló también de su inspiración, de todo el trabajo detrás de hacer un vestido, las discusiones que se generan durante el proceso y la realidad del precio de sus diseños. Recordó cómo fue confeccionar el de su hija y la divertida moda que llevó ella misma. Ahora está enfocada en otro proyecto. Dentro de los próximos días abrirá su almacén, donde exhibirá su última colección matrimonial, de la que hoy pueden deleitarse un poco en este especial de bodas. 
 
¿Por qué comenzó a ser diseñadora de vestidos de novia?
 A mí lo que más me gustaba hacer es 'pret-a-porter', ropa para todos los días. Después, cuando abrí mis almacenes, una clienta me dijo que me veía haciendo alta costura. Yo nunca lo pensé, pero dicho y hecho. Me invitaron a hacer una colección de novias en Nueva York. Una persona vio mis vestidos de fiesta y me dijo: si tú logras transmitir lo que transmites con tus vestidos de fiesta, pero con vestidos de novia, te va a ir muy bien. Y así empecé con novias, hace seis años. 
 
¿Cuál es el primer paso para hacer un vestido de novia? 
Tú llegas y me dices que te vas a casar, que quieres que tu vestido esté bordado con tulipanes nada más, por ejemplo, entonces ahí es donde yo empiezo. Me gusta que la persona me diga cuáles son sus sueños y esos sueños se multiplican en inspiración. Entre más inspirador sea lo que quiere la novia más desarrollo yo. Y eso me encanta porque cada vestido termina siendo un cuadro, una pieza de arte, además de totalmente personalizado. 
 
¿Qué piensa cuando diseña? 
Me pongo siempre en los zapatos de lo que quisiera una novia. Soy una persona que cuando entro en una idea no me pueden hablar de nada más. Me encierro en un mundo. Y tengo que pensar en darles a las novias alternativas, como el 'jumpsuit' (enterizo) que hice con chaqueta. Sigo mucho mi instinto. Todas las novias son diferentes. Uno va aprendiendo de todo lo que ve en la vida. Todo es una nueva experiencia.
 
Y ¿qué es lo más importante en el momento de la confección? 
Que no sea pesado, por eso trato que los materiales sean livianos. Eso es parte de la creación, que no te pese, que te puedas mover, que puedas bailar, etc. 
 
¿Cómo es el proceso de escoger las telas y los materiales para confeccionar?
¡Uy! Para mí eso es como si dijeran ¡feria de juguetes (risas)! No hay nada que me guste más que ver una tela. Pero nunca es cortar y coser. El 90% de lo que hago es a mano. Las telas italianas son espectaculares, también los encajes franceses y los bordados suizos, pero lo más importante es la mano de obra colombiana. 
 
¿Qué les dice a las mujeres que les encantaría tener un vestido suyo, pero piensan que es muy costoso? 
Que no es así. Siempre he tenido esa fama, pero no es así. Se sorprenderían. Yo te puedo decir que uso telas como las usa Elie Saab, pero la realidad es que todo lo llevo al nivel colombiano. 
 
¿Ha tenido clientas que llegan con un presupuesto en mente? 
Hay novias que dan su presupuesto, aunque no muchas se atreven a decirlo. Pero yo pienso: ¡díganlo sin pena! Cualquier vestido que tú escojas tiene que ser lindo. Nada tiene que ver que porque valga menos o más es que va a ser bonito o no. 
 
Hacer un vestido de novia es todo un trabajo. ¿Ha forjado vínculos con sus clientas? 
Sí, y es muy bacano. Uno termina siendo amiga de ella, de la mamá, se vuelve algo muy lindo.
 
¿Ha tenido confrontaciones?
Muchísimas veces. Lo que yo quiero es que la novia se sienta mejor, se vea mejor, y pueda reflejar cómo se siente. Soy muy firme en esa posición y por eso les digo: “esto es lo que mejor te queda, créeme, créeme, créeme”, y la termino convenciendo de qué es lo mejor. Pero a veces es difícil. 
 
¿Sigue alguna tendencia? 
La tendencia más importante es la que la novia tenga. La novia tiene que verse como novia. No como si llevara un vestido de fiesta. Esa para mí es la tendencia más importante. Ahora se ven vestidos más grandes, como los 'bow gowns'. Hace como cuatro años, por ejemplo, la tendencia era verse sexy, ahora la tendencia es verse más romántica.
 
¿Con velo o sin velo? 
Con velo. O capa. La capa es muy suntuosa. Pero, o capa o velo.
 
¿Cómo fue hacer el vestido de su hija? 
Me lo gocé. Lo más divertido es que estábamos camino a París, y en el avión, antes de llegar, me dice: mami, yo quiero mí vestido así, que se vean mis zapatos, y me lo pintó en una servilleta. Yo le dije que se quedara callada, porque faltaba un año, pero que así iba a ser su vestido. Ella lo tenía muy claro, escogió su tela, y lo más lindo es que cuando se lo puso se sentía realizada.
 
Y, ¿cómo fue el suyo? 
Mi vestido fue de los años ochenta (risas). Me casé después de Lady Di, entonces las mangas eran grandes como las de ella. Lo compré en Nueva York, de una diseñadora que se llamaba Ramona. Y fue el primer vestido que me medí, me encantó. Hoy no sé dónde está, porque lo presté, pero lo bailé bastante. 
 
¿Qué piensa de prestar vestidos? 
Eso depende, porque la que tiene un sueño muy específico quizás no le vaya a gustar usar el vestido de otra persona. 
 
¿Si hoy en día tuviera que escoger un diseño para casarse, cuál sería? 
Usaría capa. Algo sencillo, que caiga, que se mueva, no poquita tela pero nada grande, y definitivamente con capa. 
 
¿Qué no podría tener? 
Que tenga tanta estructura que tú no estés. Que haga que te pierdas en el vestido. Yo creo que siempre debes ser tú y el vestido, no el vestido y tú. 
 
Si Francesca Miranda no hiciera vestidos de novia, ¿quién se lo haría?
¡Me la pones difícil!
 
¿Qué trae bajo la manga? 
Una colección que evoca el renacimiento, a la novia medieval, vestidos muy trabajados, con mucho bordado y mezclas de material para lograr una tercera dimensión, que no se vean planos. Son 11 vestidos y todos tienen nombres de una reina que existió. Cada uno tiene su propia historia. 
 
¿Qué la hace diferente a sus otras colecciones? 
Lo más difícil como diseñador es marcar una diferencia. Es muy importante que las colecciones sean genuinas, diferentes, porque la realidad es que todo está inventado y es uno el que se tiene que reinventar. Yo siempre cojo un sueño, me meto en una película, y esta fue mi película. Por eso es diferente a la anterior, no es que una sea más bonita que la otra. 
 
¿Hay algún vestido que recuerde en especial? 
Una novia de Venezuela, de una religión muy fuerte. Tenía que estar toda cubierta, con manga larga y que no se le viera ni la oreja. Quedó divina. 
 
¿Qué les dice a las diseñadoras que la tienen como referente? 
Que uno cuando va a hacer algo no lo puede hacer como 'hobby'. Te puede gustar, pero esto es algo religioso. No importa si es un sábado o un domingo, hay que poner el 100%.
 
¿Qué piensa de los matrimonios? 
Hay que gozarse todo. Desde que se escogen las flores hasta cada prueba de vestido. Uno lo hace para gozárselo, no para que sea un punto de referencia para problemas.
 
¿Y qué cree que es lo más importante para una novia el día que se casa? 
El vestido. Es lo que todas las novias sueñan.
 
Fotos: Orlando Amador Rosales y archivo particular
Maquillaje y peinado: José Amarís 
Locación: Hotel El Prado
Agradecimientos: Nicolle Ospina

 

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