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Perfil 25 de Noviembre de 2017

La sazón de tradición que conserva Carmen Nicolella

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Foto: Orlando Amador Rosales

Algunas de sus deliciosas pastas artesanales son cocinadas con zanahoria, pimentones y espinaca, ingredientes que les dan color.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

A 35 años de haber registrado Nena Lela en la Cámara de Comercio, esta dama barranquillera recuerda sus inicios en la cocina y el día que su mamá creó el primer restaurante de pastas a manteles de la ciudad.

Carmen Rosa Nicolella De Caro nació en Barranquilla en 1942, de padres italianos. Estudió en el Marymount hasta 4° de bachillerato. Los últimos tres años los hizo en Italia, pues en la Arenosa la educación no llegaba hasta ese nivel en esa época. De sus 75 años de vida  le ha dedicado, nada más y nada menos, que cuatro décadas a la cocina. Las pastas, como buena barranquillera de sangre italiana, es su especialidad. Le fascinan los espaguetis y los raviolis, estos últimos rellenos de carne, pero al estilo barranquillero. Dice que en Italia, “la lasaña es un pastel, una cosa seca, cuadrada y dura”, por eso hoy mezcla diferentes ingredientes en sus platos. Un sabor que deja claro que, como ella misma lo dice, “la experiencia no se improvisa”.
 
En Italia solo vivió tres años donde sus abuelos. De ellos, y de las bases que veía en casa de su mamá, afianzó su gusto por la cocina. Preparar pastas, cortas o largas, lasañas y demás era lo que veía día a día, actividad que ella también comenzó a poner en práctica. Espaguetis, canelones, raviolis, todo lo tradicional, que es lo que ha tratado de conservar hasta esta época. 
 
Tuvo dos hermanos hombres, ella era la menor. De ahí salió el nombre Nena Lela. Pero el lela no es de boba –aclara Carmen- si no por el final del apellido. “Así me decían, desde chiquita, y así quedé de por vida”. Siempre pensó que tendría un restaurante. Todo lo que le aprendió a su madre y a sus abuelos lo llevaría a un negocio propio. Se decía a sí misma: “cuando este más fortalecida pongo un restaurante”. 
 
Hoy, sus pastas son de las más apetecidas en la ciudad, desde hace más de 35 años cuando registró Nena Lela en la Cámara de Comercio, pues antes de eso empezó haciendo cosas en su casa, para la familia y sus amigas. 
 
Antes de ese tiempo recuerda cuando su madre abrió el primer restaurante de pasta, a manteles, en la ciudad, hace 70 años. Salerno era el nombre, recordando a una provincia de Nápoles. “Aquí no existía otro restaurante, de nada, yo estaba muy pequeñita. Jugaba con las pastas y las hacía bolitas. Y los barranquilleros creían que mi mamá se había inventado la lasaña, creían que no era italiana. Mira ahora cómo está de perrateada (risas)”. 
 
Pero su madre falleció, y con ella, Salerno. “Cuando mi mamá se murió lo dejé un tiempo, no le paré bolas. Mis amigas me decían que hiciera en mi casa, entonces así fue que comenzó (Nena Lela). Hace 35 años era el único restaurante de pastas, en la calle 84 con carrera 49C. Luego pasó a la 49C con calle 76 y hoy aquí (en la carrera 52 con calle 79). Pero siempre manteniendo la tradición y la atención personalizada”. 
 
Carmen es devota a la religión católica. A eso se dedica cuando no está en la cocina. “Imagínate, de papás italianos !cómo no!”.
 
En sus inicios, Nena Lela comenzó con platos tradicionales. Con el pasar de los años fue adaptándose al paladar costeño, fusionando sabores, a pesar de lo que su padre le decía. Él era un italiano “de verdad verdad”, acostumbrado al sabor de su tierra.  
 
“Mi papá me ayudaba mucho, le encantaba, y toda su familia tenía esos negocios, entonces me daba ideas. Pero cuando empecé a hacer los platos mixtos, se paralizaba. Gritaba ¡eso no existe en Italia! Porque yo pongo media lasaña con raviolis, o media pasta carbonara. Pero la gente lo fue aceptando y se fueron naturalizando, eso es lo que los barranquilleros quieren”. 
 
Año tras año sigue creando. Con Guillermo, su hijo mayor y chef de Nena Lela La Trattoria, la tradición ha pasado de generación en generación. Es un negocio de familia, donde hasta sus nietos están involucrados. “Anoche estaba hablando con ‘Fefi’, la que fue reina del Carnaval, y me decía: nona, pásame la receta del pavo que haces para Navidad. Y le gusta, lo siente. Esto es algo de familia”.
 
Hoy en día, Carmen sigue disfrutando de la cocina, opinando y aportando como si 35 años no hubieran pasado. “¡Ufff! Lo primero que hago cuando llego es ponerme la bata. Todavía me meto a la cocina, y digo ‘esto sí, esto no’, ‘qué le falta’, pero siempre he pensado que es muy fácil hacer un restaurante, lo difícil es mantenerlo”. 
 
Disfruta compartir en familia, salir con sus amigas y jugar burraco todos los sábados “imperdonablemente”. La mentira y la criticadera es lo que más le molesta. “¿Qué necesidad hay de eso? ¡Vamos a ver las cualidades!”. Alegre, activa y espontánea, así es Carmen Nicolella, de 75 años recién cumplidos y celebrados cual quinceañera en un crucero por el Caribe con sus amigas, y que deja en alto el sabor de la tradición italiana en Barranquilla. 

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