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Perfil 13 de Mayo de 2017

La pasión, convicción y acción de Lynda Sabagh de Lora

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Foto: Cortesía Yanbal

Alejandro Rosales Mantilla

Nació en San Jacinto, ha vivido casi toda su vida en Barranquilla y cree firmemente en que el poder de transformación, de descubrirse a sí misma, está en cada mujer.

Nació en San Jacinto, ha vivido casi toda su vida en Barranquilla y cree firmemente en que el poder de transformación, de descubrirse a sí misma, está en cada mujer.
 
El llamado de Lynda Sabagh de Lora a las mujeres es que se descubran, que saquen lo mejor de sí, incluso en los momentos más difíciles de la vida. Asegura que está por llegar a los 60 años, no específica cuántos tiene, sin embargo, deja claro que la edad de una persona no se puede asociar a su fuerza vital, a sus “ganas de salir adelante”.
 
Visita su pueblo de forma constante, cada vez que puede. También es esposa, mamá, abuela, creadora de una fundación y empresaria independiente. Además, tuvo un breve paso por la política, específicamente por el Senado (1999). 
 
Esta experiencia le dejó claro que en los hilos del poder político en Colombia, está todo por hacer y no todo puede ser concreto. Eso no siempre trae prosperidad, por el contrario atrae problemas, “por ejemplo cuando no se le da un correcto mantenimiento a las obras”, que es casi siempre.
 
“Hay que tener espacio para todo en la vida. Soy una persona que me levanto todos los días a las 4:30 de la mañana, me tomo el café con Alberto Lora, mi marido, a las 5 escucho el programa del padre Linero, oro y después estoy pendiente de que todo en mi casa y mi empresa funcione. Uno debe ser integral en la vida”, cuenta en una de las salas donde se reciben a los invitados que llegan a EL HERALDO. 
 
Hace 30 años comenzó a trabajar con la marca Yanbal. Recuerda que cuando empezó era “una esposa felizmente mantenida”, no tenía problemas económicos. Sin embargo, deseaba tener independencia económica, generar su propio capital. En el camino –recalca- descubrió que con su trabajo podía hacer feliz a otras mujeres que decidieran seguir sus pasos.
 
En esas tres décadas de abrir puertas, recibir miles de “no” que después se convirtieron en “sí” y también aceptar que algunas de esas puertas simplemente permanecerían cerradas, esta sanjacintera fue condecorada varias veces como la mejor representante de esa marca en Colombia, e incluso en el continente americano. Todo, asegura, gracias a que no le da pena trabajar con honestidad y vender un producto.  
 
“A mí me encanta ayudar a cambiar vidas, cada vez que veo una mujer, sin importar su estrato, me propongo que debo ayudarla. Ahora, a la gente le da pena abordar a una persona, le temen al ‘no’ porque ignoran que de ahí pueden obtener un ‘sí’. A mí no me da pena vender, tocar puertas (…) por eso yo le digo a las mujeres que crean en ellas, que se descubran. Mucha gente no se descubre, se casan, viven ahí, contentas, o al menos creen estarlo, pero que rico es poder aportar a ese hogar y darse sus propios gustos sin tener que pedir (…) Nuestras madres tenían un anillito con el que se casaron, un par de aretes y tres o cuatro vestidos. A los 40 años ya se les consideraba viejas. Yo ya estoy llegando a los 60 y me siento joven, productiva, que puedo dar más. Tengo actitud, sé para donde voy y lo expreso. Soy empresaria, independiente, manejo mi propio tiempo. Eso es lo que deseo transmitirle a las mujeres que me quieran escuchar”, expresa con total convicción.
 
Su fundación.
A Lynda se le ilumina aún más su rostro cuando habla de su fundación Abriendo Puertas. Esta fue creada, explica, para impulsar y apoyar el talento de niños y jóvenes. Comenta que en varias ocasiones políticos de la región se le acercan y le dicen que se dedique más a atender a la tercera edad, porque ahí sí hay votos, pero a ella eso no le interesa, “en las nuevas generaciones está el futuro”, el cambio que la sociedad requiere.
 
Fundamentalmente su fundación se dedica a darles apoyo a los niños en planes educativos, deportivos y culturales. Por ejemplo, a través de talleres que buscan mantener viva la tradición del tejido a mano en San Jacinto, así como también dar impulso a programas culturales relacionados con la herencia musical que dejan artistas como los gaiteros de San Jacinto. “Es un pueblo mágico, tiene su música, su gente bella y una gran riqueza artesanal”.
 
Lynda ha vivido casi toda su vida en Barranquilla. En un principio la idea era establecerse en Cartagena, pero el pedido de sus dos hijos, Alexandra, de 38; y José Alberto Lora, de 32 años, pudo más que su deseo familiar. Aquí vive contenta, tranquila, como una barranquillera más.
 
Este fin de semana celebrará el Día de las Madres como más le gusta, en compañía de sus dos nietas de 14 y 10 años, su hija y su hijo, que viajó especialmente de España, para compartir esa fecha. No necesitará de “hora loca”, porque como su esposo lo manifiesta, en el buen sentido de la palabra, con ella se pasan 24 horas locas todos los días. 
 

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