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Perfil 17 de Diciembre de 2016

A la defensa del tití cabeciblanco, patrimonio del Caribe

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Foto: Orlando Amador Rosales.

Anne y Rosamira posan en la casa de la barranquillera, durante la entrevista que le concedieron a Gente Caribe.

INGUEL DE LA ROSA VENCE

La estadounidense Anne Savage y la barranquillera Rosamira Guillen unieron sus fuerzas en 2004 para sacar adelante la Fundación Proyecto Tití.

En 1985, Anne Savage pasó “de vivir en un congelador a un horno” cuando abandonó Wisconsin, en su natal Estados Unidos, y se vino a vivir a Colosó, Sucre, en el Caribe colombiano. Lo hizo justo en época de invierno en Norteamérica, cuando la temperatura allá “estaba en -20°C” y en este pueblo de Colombia, arriba de los 30°C, como es natural. Aun así, contra todo pronóstico y sin tener idea de cómo hablar español, esta bióloga arrancó con su misión: estudiar al mono tití cabeciblanco, una especie colombiana, cien por ciento caribeña, por la que más tarde lucharía en cuerpo y alma para conservarla.
 
“La primera vez que vi a un tití fue en el laboratorio de mi profesor cuando hacía el doctorado en Biología, en la Universidad de Wisconsin. Después de dos años estudiándolo en cautiverio, pensé que lo mejor era conocerlo, explorarlo en su hábitat natural”, recuerda Anne, quien una vez se enteró que esta especie estaba en vía de extinción, se vio preocupada por su conservación y quiso “crear conciencia en la gente para que entendiera el peligro”.
 
Los titíes cabeciblancos son endémicos de la Región Caribe, es decir, solo habitan en esta zona y en ningún otro lugar en el mundo es posible hallarlo. Para sorpresa de Anne, aquí pocos conocían esta realidad (y aún hoy muchos la desconocen), por eso se empecinó en dar a conocer y luchar por la recuperación de esta especie durante los seis meses que permanecía en Colombia cada año, desde finales de los 80. Un proyecto ambiental que alternó con las clases de inglés que dictaba en la escuelita del pueblo, donde también ella aprendía español. 
 
Eran épocas en las que se internaba en el bosque con algunas personas nativas y se comunicaba con señas con tal de estar cerca a los titíes y estudiarlos. Un proceso que en 1998 por poco se ve quebrado por la violencia, cuando la guerrilla la obligó a salir de ese territorio que poco a poco venía abonando para los monos de cabeza blanca, esos pequeñitos de gran instinto territorial. 
 
Anne siempre supo que este proyecto de investigación y conservación no podía quedar solo en manos de un extranjero. Fue así como en 2004 consolidó ante el Estado colombiano la Fundación Proyecto Tití de la mano de  Rosamira Guillen Monroy, entonces directora del Zoológico de Barranquilla y hoy coprotagonista de esta historia.
 
“Esta es una especie de Colombia, así que necesitaba gente colombiana que se apropiara de la conservación, por eso me dediqué a capacitar a las personas aquí con las técnicas que usamos en Estados Unidos para estudiar a los animales, para que ellos se quedaran al frente de la fundación”, dice Anne, quien volvió a su país y ahora dirige el Fondo de Conservación de Walt Disney World, organización que apoya a 10 especies del mundo en vía de extinción, como el tití cabeciblanco.
 
Cuatro pilares, una misión. Cuando Rosamira Guillen acabó su maestría en paisajismo, el primer trabajo que obtuvo fue la remodelación del Zoológico de Barranquilla en 1995, ahí fue  donde se enamoró de los titíes y se le despertó el interés por la conservación de la fauna. 
“Me pareció increíble que yo siendo de Barranquilla, criada y estudiada aquí, nunca en mi vida había sabido que teníamos un animal tan importante como el tití, que era un patrimonio del Caribe. Eso me impresionó mucho y me motivó a hacer algo al respecto”, dice la arquitecta que dejó atrás su profesión –e incluso la dirección del Zoológico, en 2008– para dedicarse de lleno a proteger el tití.
 
Hoy Rosamira es la encargada de gestionar los fondos para Proyecto Tití, pero una o dos veces por semana cambia su oficina por los “pedacitos de bosque que le quedan a esta especie” para visitar a los animales o reunirse con las comunidades aledañas que, poco a poco, se unen a esta bonita labor.
 
Y es que en total son cuatro los pilares básicos en los que trabaja esta fundación. En primer lugar está la investigación científica, para ello los biólogos permanecen en los bosques de Santa Catalina y San Juan Nepomuceno (ambos, municipios de Bolívar) estudiando la especie. El segundo pilar es la creación de áreas protegidas, para tratar de contrarrestar la mayor amenaza que tiene el tití: la pérdida de bosque.
 
“Hasta ahora hemos logrado la creación de más de 1.800 hectáreas de bosques en tres áreas protegidas: Los Rosales (Atlántico), con ayuda de la CRA; Ceibal (Bolívar), con Cardique, y Los Titíes de San Juan, nuestra propia reserva en San Juan Nepomuceno  (Bolívar), donde volvimos porque el Proceso de Paz lo ha permitido”, explica Rosamira.
 
Al tercer pilar pertenecen los programas de educación ambiental que se desarrollan en las escuelas cercanas al bosque, para ayudarles a los niños a cambiar sus hábitos por unos que le aporten a la conservación de esta especie. Finalmente, el cuarto pilar es el trabajo comunitario. “La gente caza a los titíes y corta los árboles como un medio de ingreso, así que nuestro propósito es reemplazar esos ingresos por otros sostenibles. Para ello tenemos varios proyectos, siendo el de las ecomochilas el más conocido, en el que un grupo de artesanas tejen mochilas en croché con bolsas plásticas. A esto se le han sumado diseñadoras de la talla de Judy Hazbún y Francesca Miranda, quienes han trabajado sus últimos diseños con estas artesanas y la metodología del reciclaje”, dice Rosamira.
 
De esta forma es como Anne y Rosamira día a día luchan porque pronto se multipliquen los escasos siete mil titíes cabeciblancos que existen en apenas el 2% de lo que queda del bosque en nuestro Caribe.
 
“Yo soy muy optimista. Cuando llego a Barranquilla muchos ya conocen al tití y me siento orgullosa por haber contribuido en eso. Tengo confianza en que va a haber titíes en el futuro”, concluye Anne. 
 
 
 
SU LUCHA ES POR TODO EL MUNDO
 
 
Actualmente, Anne Savage también es directora del Fondo de Conservación de Disney, un nuevo programa para proteger al planeta, que escogió 10 de las especies más amenazadas del mundo para invertir en su conservación. Dentro de la lista el único animal colombiano que figura es el mono tití cabeciblanco, endémico de la Región Caribe.
 
 
 
  • La importancia del bosque.

Los titíes necesitan estar de árbol en árbol para alimentarse de los frutos y protegerse de los depredadores. Entonces, explican las expertas, como solo quedan pequeños fragmentos de bosque en distintas partes del Caribe, los titíes están aislados y no les queda sino reproducirse entre los de su misma zona, y así es como se empieza a deteriorar su genética y su salud. Por eso, el proyecto busca restaurar la tierra y conectar todos esos fragmentos hasta tener un gran bosque que garantice su reproducción.

Dice anne...
“En Barran- 
quilla muchos ya conocen al tití y me siento orgullosa por haber contribuido en eso. Confío en que habrá muchos titíes en el futuro”.
 
Dice rosamira...
“Hasta ahora hemos logrado la creación de más de 1.800 hectáreas de bosques en tres áreas protegidas”.
 
 
COMPROMETIDA CON LA CAUSA
 
Rosamira está casada con el arquitecto Freddy Oquendo y es madre de Sofía, de 12 años. Trabajó en el Zoológico de Barranquilla entre los años 1995 y 2008, siendo la directora del mismo desde el 2001 hasta el día de su retiro.
 
Día a día, la arquitecta Rosamira Guillen, con maestría en Paisajismo, trabaja en la fundación para “garantizar que el tití no se extinga, aun cuando está críticamente amenazado, a un paso de desaparecer del medio silvestre debido a la pérdida de bosque y a la caza ilegal”. 

 

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