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Perfil 08 de Abril de 2017

La decisión de Cindy Durán de trabajar por los más vulnerables

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Foto: Orlando Amador Rosales

Cindy vive en el norte de Barranquilla junto a sus padres santandereanos y su hijo Sebastián, de 10 años.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Entre su trabajo, su rol como madre y otras actividades, esta barranquillera cuenta cómo transcurren sus días como Directora Ejecutiva de la fundación Nu3.

No todas las personas de 16 años, al salir del colegio, tienen claro qué quieren estudiar, o a qué se quieren dedicar en su vida. Para Cindy Durán Lizarazo fue diferente, ella sabía que quería ser ingeniera industrial, sin saber las vueltas que le traería la vida.
 
Esta barranquillera de 28 años, de familia santandereana, cursó su carrera profesional soñada en la Universidad del Norte. Le apasionaba, y aún le apasiona “todo lo que tiene que ver con los procesos internos y externos de una empresa”. Con esa premisa fue que emprendió viajes y recorridos por el mundo, en busca de la mejor preparación para poder traerla a la ciudad y “aportar un granito de arena” al crecimiento de ella. Y aunque se le presentaron varias situaciones que pudieron afectarle sus metas, ella luchó por sus objetivos. 
 
“En segundo semestre quedé embarazada. Tenía 18 años y estaba enamorada”, confiesa Cindy sobre sus inicios en la universidad. Pero esto no impidió que siguiera con sus estudios. “Sé que hay mujeres que por un hijo frenan sus estudios, no consiguen sus objetivos, se estancan mentalmente y  se dedican a cuidarlo. Pero Sebastián era, y es, mi motor y mi motivación para seguir cada día, para poder brindarle un mejor futuro y poder impactar en el entorno en el que me encuentre”, cuenta de su experiencia como madre joven.
 
Hoy en día tiene bajo su manga diplomas de diferentes lugares e instituciones alrededor del mundo. Como el intercambio que hizo en España en quinto semestre, el curso de inglés de Negocios que realizó en Sydney, Australia, y el MBA (Máster en Administración de Empresas) que escogió hacer, entre las miles de opciones que existen, entre China (donde aprendió mandarín), España y Estados Unidos. Honores que evidencian que su mentalidad “va más allá de los límites”.
 
En el centro integral de esta fundación ubicado en el barrio Santa María, Cindy comparte con 12 de los 1.200 niños que alimentan en este sector.
 
Nu3. Al volver del MBA, Cindy no dudó en buscar trabajo en una empresa privada. Se sentía segura y completamente preparada para seguir su camino como ingeniera industrial, esta vez desde una gran organización, pero el destino le tenía preparado otra cosa. 
 
“Me llamaron de la oficina de egresados de la Universidad del Norte a decirme que había una vacante en la fundación Nu3, (una empresa social que le apuesta a la transformación de las comunidades vulnerables de la región caribe), pero que no sabían si lo tomaría por mi enfoque y mi profesión”. Sin embargo ella aceptó. Y hoy, luego de un año de haber dicho que sí, es la Directora Ejecutiva de esa fundación.
No era el trabajo que pensaba. Por supuesto, tampoco sería la remuneración que ofrece una multinacional. Pero si le preguntan por su salario ella asegura que “tiene dos componentes. La parte monetaria y la personal, porque es muy gratificante saber que le estás aportando a la sociedad”. 
 
 Con esa visión es con la que está en una búsqueda constante de alianzas con empresas privadas, resuelve cómo maximizar y optimizar los recursos, y viaja para encontrar posibles destinos donde ubicar centro integrales para alimentar a más niños.
 
“Hay que hacerles entender a las empresas privadas que no es una donación, no es una obra de caridad, es una inversión”, explica Cindy sobre su trabajo diario. “Es cambiarles la mentalidad y mostrarles que todo el dinero que se lleva a lo social no es un gasto sino una inversión, que tarde o temprano va a recibir su retorno”.
 
Desde el barrio Santa María, donde está uno de los tres comedores comunitarios que Nu3 tiene en Barranquilla, Cindy estuvo leyendo y compartiendo junto a 12 niños, de los 1.200 que alimentan en ese sector. Dice que disfruta su trabajo, pues siempre ha tenido sensibilidad por lo social. “Soy una persona sensible ante las problemáticas sociales del mundo. Siempre estoy buscando cómo retribuir, porque pienso que si la vida te ha dado tanto, ¿tú cómo lo puedes devolver?”, pregunta. 
 
Descomplicada y de ‘looks’ casuales se define Cindy. Le gusta lucir pantalones, blusas cómodas y andar descalza mientras está en su casa.
 
Esa es solo una de las tantas actividades que hace, además de jugar tenis, entrenarse, en ocasiones tocar el violín, compartir con su familia y su hijo Sebastián. No está casada, pero tampoco cerrada a las oportunidades.
 
“¿Cómo hace?”, dice Cindy que sus amigas le preguntan frecuentemente, pero ni ella misma tiene la respuesta. Solo responde: “la energía con la que nacemos los barranquilleros es única, nadie la tiene en todo el planeta”. 
 
Si su tiempo en Nu3 va a ser corto o largo, aún  no lo sabe. Ella sigue siendo la niña de 16 años con sueños y metas. Como poder ir a visitar los 194 países que tiene el mundo. Entre risas confiesa que es una de las tantas cosas que quiere hacer antes de morirse, pero por lo pronto asume con propiedad su cargo. Quiere seguir aportando de manera positiva a la ciudad donde nació, creció y en donde desea tener más hijos, crear un nuevo hogar y envejecer. “Siento que en estos momentos estoy en el lugar donde tengo que estar, en Barranquilla”.  

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