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Perfil 04 de Noviembre de 2017

“Estoy felizmente preso del arte”: Franco Caputo

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Foto: Orlando Amador Rosales

La sala Gabriel García Márquez, del Museo del Caribe, recibió a Franco, que posa al lado del ‘Gallo Acir’, una de sus obras favoritas.

Alejandro Rosales Mantilla

Con 16 años recién cumplidos este pintor sincelejano de paisajes marinos en miniatura tiene expuestas varias obras en un museo en España y el Buque Gloria. Hacer esculturas con chatarra es otra de sus pasiones.

Franco Caputo Hernández es el primer colombiano y el artista más joven en exponer parte de su obra en el Museo de Miniaturas, Carromato de Mijas, en España. Allá asistió con su colección Alba (en homenaje a su abuela Alba Baracchi, la primera persona a la que le mostró lo que hacía y la que más lo impulsó en un principio), que consta de cuatro obras en miniatura que él plasmó en monedas de 50 pesos. De hecho, sus creaciones durarán cinco años expuestas de forma permanente en ese espacio, el más antiguo del mundo especializado en obras de dimensiones milimétricas.
 
Pero los logros de este sincelejano de 16 años recién cumplidos no paran ahí. También participó en otra exposición con cinco obras en miniatura (Colección Caribe), en el Liceo de Málaga, en la Plaza del Carbón, también en España. Así mismo, en su tierra natal y el mismísimo Buque Gloria de la Armada Nacional, que posee de forma permanente dos de sus trabajos en la oficina ubicada en la cabina del capitán. La obra de Franco Caputo, literalmente, viaja por el mundo entero.
 
Todo esto le ha ocurrido en menos de dos años de carrera artística. Su obras en miniatura, que plasma en monedas  y piedras pequeñas, siempre llevan paisajes marinos que él imagina y convierte en reales con pinceladas en óleo. 
 
Pero, ¿cómo llegó a este punto?, ¿por qué hace también esculturas a gran formato usando chatarra? 
 
‘Su inicio’. Narra Franco que cuando era “más niño” dormía muchas noches en la casa de sus abuelos maternos. Allí prefería quedarse viendo las paredes vapuleadas por el tiempo y la humedad, y encontrar en ellas imágenes extrañas. Lo mismo le sucedía con “cafeteras antiguas, teléfonos, baúles” y otras reliquias de sus abuelos. Siempre le llamaban la atención lo bien elaborados que estaban esos objetos que para él eran “casi obras de arte”.
 
Ya en ese momento su abuela Alba le había regalado sus primeros lienzos y pinceles para pintar.
 
 
“Un día estaba en el cuarto de mi abuela, ya se me habían acabado los lienzos, iba a pintar en acuarela. Me quedé pensando que si la mayoría de artistas intenta pintar en espacios grandes, a nadie se le había ocurrido pintar en miniatura, ahí hice mi primera obra en una moneda de $50. En la noche le mostré a mi abuela el paisaje que había pintado, era más pequeño que una nodriza y ella se impresionó”.
 
Después de esa noche el arte invadió la existencia de Franco. Una cosa llevó a la otra. Primero le mostró su trabajo a las visitas que llegaban a su casa, luego hizo su primera exposición en la Escuela de Bellas Artes de Sincelejo, allí llegaron los medios de comunicación y sus obras en miniatura marcaron el gran inicio de su carrera.
 
 
 
“Toda mi obra en miniatura gira alrededor de paisajes marinos. Faros más que todo, barcos, todos son paisajes que salen de mi imaginación y ninguno es igual a otro”, explica el joven artista. Ante la pregunta de porqué la preferencia con los faros, él responde: “Los faros iluminan la ruta a los barcos que están perdidos en la tormenta. En la tormenta de esta sociedad actual, en la que hay muchas cosas malas, yo me considero un faro que quiero iluminar el camino a esos barcos que viene siendo la juventud, iluminarles el camino con arte, decirles que inviertan bien su tiempo, que no sigan malos pasos, que hagan lo que les gusta. Si yo he podido dar esos pasos, gracias a Dios, ellos también pueden hacerlo. Me considero un faro de cierto modo”.
 
 
‘Su llegada a la escultura’. Con 15 años cumplidos Franco llegó al taller de su abuelo Ricardo Hernández y le pidió que lo enseñara a soldar, le dijo que ya tenía la edad suficiente. ‘Rica’, como lo llaman cariñosamente familiares y amigos, accedió y luego descubrió el talento que le heredó a su nieto.
 
El joven hizo sus “primeros punticos y con unas cadenas” oxidadas empezó hacer una bota de militar. “Después salió la pierna, la otra pierna, todo por separado y después encajaban perfecto una con otra”. Finalmente y como se puede apreciar en la imagen, Franco terminó su primera escultura. “La obra pesa media tonelada y mide más de dos metros de altura, es mi más grande obra. El soldado se llama Divad, que al revés es David, la escultura que hizo Miguel Ángel y que es uno de los símbolos más relevantes del Renacimiento”.
 
Después del Soldado Divad, hecho de chatarra, bielas, balineras y cadenas, que en la rectificadora de su tío abuelo le guardaban, Franco hizo  El gallo Acir, otra de sus obras favoritas. De “expresión cósmica” y cabeza inclinada, como si estuviera vigilante de su gallinero. Lo construyó con las partes de una lata oxidada que se encontró en la calle. “Acir es el nombre inverso de Rica, así se llama mi abuelo que es muy madrugador (risas). Él se llama Ricardo, pero de cariño le decimos Rica”.
 
 
Franco Caputo está “felizmente preso del arte”. En la mañana estudia, en la tarde va al taller a trabajar en sus esculturas y en la noche se dedica a pintar sus obras de arte en miniatura. “A veces creo que llegó la hora del descanso y me acuesto, pero qué va, me levanto a las dos de la mañana con una idea y empiezo a pintar, ahí se me quita el sueño”.
 
Por el arte Franco es feliz, lo demás es secundario, así son los genios y sus padres lo entienden, apoyan y acompañan. Franco es arte de Gente Caribe.

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