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Perfil 13 de Mayo de 2017

Emmita Buitrago de Lapeira, la suegra que convirtió en hijas a sus nueras

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Foto: Orlando Amador Rosales

En la casa de su hijo mayor, Emmita posa junto a su nieta Valentina Lapeira y su nuera Leticia Pumarejo.

Inguel Julieth De La Rosa Vence

Junto a su nuera Leticia Pumarejo y su nieta Valentina Lapeira, la reconocida decoradora de bodas de Barranquilla comparte las claves con las que aprendió a convivir con las esposas de sus dos hijos hasta el punto de compartirles su afecto maternal.

Tres reglas de oro tiene claras Emmita Buitrago de Lapeira para no ‘pecar’ como la malévola suegra: “no opines nunca, visita poco y regala mucho”. ¿Las cumple? “De vez en cuando”, sabe reconocer en medio de risas, con la elegancia que no compite con su amabilidad y buena vibra a los 72 años de vida.

“Aceptar la vida como venga y enfrentarla” es la clave “más importante” que tiene Emmita para llegar vigorosa y radiante a su edad. Habla con conocimiento de causa tras llevar “una vida bien sazonada, con días bellos y otros agridulces”, como esos en los que, uno a uno, fue perdiendo a su familia ascendente. Sepultó a su mamá, a su papá, a su hermana e, incluso, a la tía que quiso como a una segunda madre. Y no está sola.

Hace 53 años, Emmita unió su vida en matrimonio con José Lapeira. De ahí nacieron sus dos hijos, José Gabriel y Carlos Eduardo (de 52 y 50 años, respectivamente). Ser madre por segunda vez no fue más fácil que la vez primera. Parió cuando apenas tenía seis meses de gestación y sufrió el dolor de madre las cinco veces que a su segundo bebé le cambiaron la sangre. Fueron “tres cajones comprados y 22 clínicas visitadas en 24 meses”. Aquel recuerdo “dramático”, como su valentía para sacarlo todo adelante, hoy sigue intacto.

“Mis hijos son muy nuestros”, expresa Emmita con la satisfacción de que José Gabriel y Carlos Eduardo, después de años de casados, se mantienen apegados a sus padres. Una estrecha relación paternal que bien han sabido entender las esposas de los hermanos Lapeira. Ellas, Leticia Pumarejo y Silvia Gerlein, más que nueras, se han convertido en las hijas que no tuvo su suegra, y así lo sienten todas por exagerado que parezca.

“Nos vemos casi todos los días. Nos respetamos mutuamente y nos aceptamos, bueno, de vez en cuando (risas). Sabemos el carácter de cada uno”, dice Emmita sobre sus nueras. Leticia asiente sonreída, porque en 30 años –dicen– nunca han tenido un mal encuentro.

“Desde el principio, Leticia me encantó, porque es una mujer increíble, siempre echada pa’ lante, que se aguantó a mi hijo (risas), porque él es acelerado y ella lo ha tranquilizado y organizado”, valora Emmita con su señorío barranquillero, ante la mirada agradecida de Leticia por haberla aceptado en su familia.

“Desde que conocí a Emmita tengo dos mamás. Tenemos muchos gustos afines. Siempre estamos pendientes de las mismas cosas, amantes de las últimas tendencias en moda y decoración. Hasta en el carácter terco nos parecemos. Últimamente me preguntan: ajá, ¿y tu mamá?, y ya ni corrijo que es mi suegra, ya dejo que piensen que es mi mamá”, cuenta Leticia, la vallenata de 51 años que se casó con el mayor de los Lapeira hace 27 calendarios.

La madre de Leticia padece Alzheimer hace tres años. “Es el bebé de la casa” y ella se dedica a cuidarla y Emmita, a apoyarla. Ambas se han convertido en el mejor modelo de Leti para ser madre y sacar a sus dos hijos adelante.

“Hay que dar mucho amor, la familia ayuda muchísimo a tener seguridad, a tener un piso donde estar”, insiste Emmita cuando de educar se trata.

Emmita Buitrago de Lapeira ha dedicado 50 de sus 72 años a la organización y decoración de eventos sociales.

El legado de la abuela. Cinco nietos (dos hombres y tres mujeres) tienen dichosa a Emmita. El nacimiento de ellos –afirma– es de los mejores momentos que ha vivido: “Dios me ha dado la suerte de verlos, de ver cómo se ha prolongado mi vida a través de ellos”, expresa con una mano puesta en el pecho.

“A mi abuela le he aprendido mucho cómo tener paciencia. Ella trabaja hasta con mil personas cuando organiza eventos y sabe cómo manejarlos a todos y que el tiempo siempre alcance”, admira Valentina Lapeira Pumarejo, la segunda hija de Leticia  y quien, a futuro, deberá encargarse del negocio de bodas y decoración que emprendió décadas atrás su bisabuela paterna.

Por cierto, es tal la comunión entre Emmita, su nuera Leticia y su nieta Valentina, que juntas han constituido la marca Lapeira Bodas y Eventos para continuar el legado que en materia de decoración ha venido dejando la mayor de esta familia. El buen gusto para la organización de grandes e importantes celebraciones se lo heredó Emmita a su madre, quien durante 35 años fue presidenta de la Sociedad de Mejoras Públicas y se hizo reconocida decoradora en Barranquilla, hasta tener a su cargo más de seis coronaciones de reinas del Carnaval. “Yo fui la ‘cargaladrillos’ y ‘patinadora’ de mi mamá, así aprendí”, comenta Emmita.

Leticia Pumarejo es profesional en Diseño de Modas y madre de dos hijos.

Valentina escucha atenta cada comentario que nos hace su Mamama (como todos los nietos le llaman a esta consentidora abuela). A sus 23 años es consciente de que ahora es ella quien debe aprender muy bien de su madre Leticia y de su abuela Emmita para tomar las riendas del negocio, a lo mejor, en compañía de su prima Catalina.

“Si con Mamama he conocido la paciencia, con mi mamá he aprendido a verle el lado bueno y bonito a las cosas. Cada vez que digo que algo no se puede, ella me dice: sí se puede, trata para que veas. Ella es la positiva del equipo”, afirma la estudiante de noveno semestre que pronto recibirá el título de Administración de Empresas en la Universidad del Norte.

Mientras tanto, en el negocio Emmita es la diseñadora creativa, Leti hace de todo un poco, cuadra reuniones, presupuestos y propone algunos diseños. Valentina da ideas nuevas y, sobre todo, aprende. Son tres generaciones que buscan aportar lo mejor de sí para atraer a todas las edades.

Emmita y Leticia saben que su legado quedará en buenas manos, confían en la mujer responsable que en Valentina  han formado. No había terminado sus estudios escolares en el Marymount cuando ya esta jovencita mostraba su talento culinario, ese que comparten todos los Lapeira sin distinción de género, con la firme convicción de que “la cocina une a la familia”.

En cada evento que organizan, Valentina hace su apuesta por la repostería y complace a sus clientes e invitados con los dulces manjares que aprendió a preparar de forma empírica desde que su padre la mandaba a trabajar junto a su hermano mayor en los restaurantes de su propiedad. Hasta la cocina llegaban como castigo, pero a ellos les resultaba el plan más divertido.

Valentina Lapeira tiene 23 años y estudia Administración de Empresas.

El modelo de mamá. El ejemplo que Emmita y Leticia le han dado a Valentina también ha despertado en ella el instinto maternal antes de convertirse en mamá. Los más pequeños son su debilidad y el bienestar de ellos, su prioridad. No busca presumir sus actos benéficos, pero a su lado, una abuela orgullosa no puede evitar hablar del niño monteriano que su nieta ha apadrinado. Se trata de un pequeño que sufre con la llamada ‘piel de cristal’ y por el que Valentina luchó para garantizarle un año gratis de medicina. No fue hasta conseguirlo que esta barranquillera pudo irse tranquila, durante seis meses, a vivir su vocación de servicio con niños en China.

“A los hijos hay que dejarlos volar, que sigan el orden de sus cosas, que se encuentren, que sepan lo que quieren hacer”, dice Leticia, quien no se ve “para nada como una mamá gallina”. Fue el apoyo de Valentina en su partida a China, aun cuando su papá se resistía. “Me encanta que mis hijos tengan ideas, siempre los invito a que las analicen y se tracen su objetivo. No hay que pararlos, hay que dejarlos, que ellos decanten lo que no sirve”.

“Mi mamá es la más alcahueta, mi abuela, la más consentidora”, opina Valentina. No se cambia por nadie, ella se puede dar el lujo de salir a ‘vitrinear’ para descubrir lo último en moda y decoración, a tomar un café o ir a la peluquería con mamá y abuela como un trío de amigas. Sin lugar a dudas, es justo eso lo que celebran y comparten en este fin de semana dedicado a las madres, la unión que fortalece a la familia y les alimenta el espíritu a los hijos para afrontar la vida. GC
 

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