EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/141849
Perfil 11 de Marzo de 2017

El rector de universidad que vendió chance

El usuario es:

Foto: José Puente

“Humildad es el equilibrio entre no humillar a nadie, y no humillarse ante nadie”, opina Pablo Vera Salazar, que posa en un pasillo de la Unimag.

Agustín Iguaran

Pablo Vera Salazar es el rector de la Universidad del Magdalena. En su infancia en Santa Marta vendió pescado, cerveza y ‘bolita’ entre otros oficios. Esta es su historia de superación.

Con el convencimiento de que los sueños se hacen realidades cuando se tiene el coraje de perseguirlos, Pablo Vera Salazar se abrió paso por el camino del éxito. Para ello debió sobreponerse a muchas adversidades, porque para él es duro fracasar, pero mucho peor “no intentar triunfar”.
 
Haber sido vendedor de chance, pescado y cervezas y ostentar hoy el cargo de rector de la Universidad del Magdalena, es el más evidente testimonio de que la pobreza no es excusa para dejar de alcanzar metas.
 
Parafraseando a un pensador inglés, sostiene que “los hombres no se hacen a partir de victorias fáciles sino en base a grandes derrotas”. Precisamente ese concepto lo aplica para el logro de sus objetivos.
 
Según Pablo Vera, la confianza que se tiene en sí mismo ha sido fundamental en sus triunfos, y manifiesta, con convicción, que haber luchado por lo que ha querido, le ha permitido no lamentarse por lo que ha perdido.
 
Aunque reconoce que tuvo en su vida un período de ateísmo “tonto”, manifiesta que es una “persona bendecida por Dios”. “Él me puso gente en el camino para que me dieran la mano”, precisó y miró al techo de su oficina.
 
Nació hace 40 años en Ibagué, Tolima, pero se siente tan samario como “El Morro de la Bahía”, pues aquí llegó a los 7 años junto con su madre Ana Salazar y su hermana menor Norma, huyendo del maltrato familiar. Se radicaron en una pensión del Centro Histórico, más tarde vivieron en el barrio San Jorge y después en el corregimiento de Gaira.
 
Por las mañanas estudiaba primaria en el colegio oficial Rotario, de ese corregimiento y por las tardes vendía chance en un puesto que su madre tenía frente a la bahía de Santa Marta.
“El trabajo infantil, cuando no hay otra alternativa, te ayuda a crecer y madurar”, afirmó con convicción.
 
Lo valioso de este jovencito fue que en sus espacios libres, en un hotel donde su madre guardaba la mesa del chance, el dueño le permitía ojear libros y allí fue donde logró leer los clásicos de la literatura universal, La Ilíada, El Quijote, La Divina Comedia, entre otros. Pero también se leyó el libro Drácula, de Bram Stoker y Cuentos de la Selva, de Horacio Quiroga. Increíblemente se aprendió de memoria Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez. Hoy todavía recuerda momentos claves, como el primer capítulo de la historia: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
 
La secundaria en la Normal de Varones, los pagó con la ayuda de su padrastro, Carlos Arrieta, pero también con el producido de su trabajo como vendedor de cervezas en El Rodadero y otras ensenadas adyacentes.
 
En este rol conoció, en el sector de Salguero, a ‘Arracacha’, un trabajador de la informalidad que le enseñó los trucos de la playa, incluso a manejar lanchas, pero también a personas que años más tarde lo ayudaron en temas fundamentales, uno de ellos, Alberto Narduchi, quien le costeó el primer semestre académico en la Universidad del Magdalena, a donde entró a estudiar Ingeniería Civil. En esta Institución no fue ajeno a los problemas sociales y académicos y en ese sentido, se le reconoció por su activismo estudiantil, llegando a ser representante ante el Consejo Superior.
 
Luego de graduarse con honores, trabajó en su profesión en empresas privadas, vinculado a importantes proyectos de infraestructura, uno de ellos la rehabilitación de la doble calzada del acceso al Aeropuerto Los Garzones, en la capital de Córdoba, Montería.
 
“La ingeniería le da a uno un sentido más práctico de la vida”, señaló.
 
Más tarde regresó a la Universidad del Magdalena desempeñándose como Jefe de la Oficina de Planeación y al mismo tiempo inició estudios de Especialización y posteriormente de Maestría en Administración, en la Universidad Eafit de Medellín.
 
Al cabo rato aplicó a la convocatoria de la Fundación Carolina de España, logrando una beca que le permitió cursar sus estudios de Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, donde su tesis fue calificada Sobresaliente Cum Laude, por unanimidad.
 
“Mi historia la veo repetida en muchos estudiantes, hombres y mujeres que son meseros, empacadores en supermercados, mensajeros y que al tiempo luchan por ser unos profesionales”, comentó.
 
Pablo Vera es sincero y reconoce que nunca pensó en llegar a ser rector de la Universidad del Magdalena. “De lo que sí estaba seguro era que no me iba a quedar como vendedor de cervezas en la playa”, concluye, sentado delante de su escritorio y minutos antes de recibir a varios estudiantes. 
 
Pablo Vera Salazar en una de las zonas verdes de la Universidad del Magdalena, en Santa Marta.
 
Además de terminar la carrera de ingeniería Civil en la Universidad del Magdalena, de la que hoy es rector, Pablo Vera Salazar es especialista en Administración de la Eafit. También cuenta con un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, en Dirección de Empresas y un Diplomado en Estudios Avanzados en Dirección de Empresas de la misma universidad, entre otros estudios.

Etiquetas

Más de revistas