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Perfil 24 de Junio de 2017

“El mundo está saturado de excelentes profesionales”: Ramsés Vargas

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Foto: Cortesía Universidad Autónoma del Caribe

El rector Ramsés Vargas, su esposa María Helena Hernández de Vargas y su hijo Ramsés Eduardo. (Abajo) María Angélica, Daniel, Joshua, Nicholas y María del Mar.

Alejandro Rosales Mantilla

Así lo expresa el rector de la Universidad Autónoma del Caribe, institución que cumplió recientemente 50 años de vida. Para él, en la sociedad faltan más seres humanos con las competencias requeridas para ejercer la ciudadanía.

Ramsés Vargas Lamadrid no duerme tranquilo. Lo afirma con la espontaneidad del hombre caribe que es, con un habano Montecristo que agarra con la mano derecha y que lleva por la mitad, en la oficina blanca y espaciosa que le diseñaron sus estudiantes del programa de Diseño de Espacios. El rector de la Universidad Autónoma del Caribe, que por estos días celebra 50 años de vida, se acuesta tarde y se levanta temprano, es incansable, exigente a más no poder con él mismo y los que lo rodean. Tiene la fe del pescador del mar de Galilea y, como ese discípulo de Jesús, no le teme a los retos, los asume y los ataca como un “toro de lidia”.

“Yo voy es para adelante, llave”, contesta. Desde su llegada a la rectoría se enfrentó, literalmente, con una “red criminal” que él logró extirpar, según sus propias palabras. Antes de eso, como funcionario de carrera de las Naciones Unidas (ONU), le dio la vuelta a medio mundo y asumió misiones en países en guerra como Irak y Afganistán. Ahora, bajo su mando desde el 20 de mayo de 2013, la Universidad de la que me gradué nuevamente es en la Región y en Colombia “un referente de academia seria y rigurosa”, como dijo recientemente en una entrevista a Anuar Saad y que publicó la revista Pluma Caribe de esa alma mater.

En un diálogo en el que el humo de ‘Montecristo’ danzaba entre las palabras y conceptos, Ramsés habló ‘Sin Photoshop’ con Gente Caribe. Aquí dejamos apartes de esa conversación.

¿Cómo se hace para dormir con tranquilidad cuando se tiene en las manos una responsabilidad tan grande?

La respuesta es que no duermo tranquilo, duermo poco por la intensidad del trabajo y porque soy muy exigente conmigo mismo y con mi equipo. Soy afortunado en que he armado un equipo de primerísimo nivel, es gente que viene de tener responsabilidades importantes en otras organizaciones, están acostumbrados a la exigencia, a tener una reunión un sábado o un domingo.

¿Qué quiere decir cuando expresa que se necesitan “más que profesionales, personas”?

El mundo y Colombia están saturados de excelentes profesionales, lo que falta son seres humanos con las competencias requeridas para ejercer la ciudadanía, valga la redundancia, de una manera competente, eso es lo esencial. Gran parte de los problemas que se presentan en el trabajo, en el ejercicio de la carrera, los resuelves no propiamente con lo que aprendiste en una clase, sino con la forma como resolviste un conflicto, como integraste un equipo para trabajar en colectivo la toma de una decisión, como interactúas, como te relaciones con la gente. Esas virtudes humanas son tan o más importantes que saber mucho sobre un área específica del conocimiento.

Entonces, ¿para usted ser mejor persona es el gran plus del profesional del futuro?

Absolutamente, ser ciudadano. Nosotros en nuestro PEI (Plan Educativo Institucional), incluso lo dejamos escrito. Uno de nuestros pilares es formar ciudadanos globales, eso no es un eslogan ni un cliché.

¿Extraña su trabajo en la ONU?

Sí, es de las cosas que extraño con mi retorno a Colombia. Yo pensé que no iba a regresar al país porque al ser funcionario de Naciones Unidas tienes un trabajo para toda la vida, es muy buen empleador, estás en la diplomacia, viajas por el mundo, es muy agradable. Cuando se da la crisis de la Autónoma y se me da la responsabilidad de sacarla adelante, me enamoré del proyecto y pedí una licencia de un año en la ONU. Después me di cuenta de que la misión iba a demandar muchos años de esfuerzo y decidí quedarme.

¿Su padre (Eduardo Vargas) lo influenció en esa decisión?

Me dijo que no me viniera, él fue claro. La cosa surge así: la vieja guardia de la universidad buscó a mi padre para que los aconsejara en medio de la crisis que vivía la Autónoma; él había decidido marginarse, porque cuando creó la Autónoma con los fundadores decidieron hacer esto por filantropía, por ayudar a los sectores menos favorecidos a que tuvieran acceso a la educación, pero ellos no podían coadyuvar, estar en una institución tan mal manejada, pasaban cosas muy malas, gracias a Dios la justicia actuó y están condenados y condenadas. Mi padre nunca estuvo de acuerdo con que asumiera esa rectoría, pero yo sentí que tenía ese reto con él y con la Región. Esa experiencia que había ganado debía devolvérsela al país, y qué mejor manera que en la universidad.

¿Cómo distrae su mente?, ¿cómo se desconecta?

Me desconecto cuando viajo a reunirme con mi familia, más o menos cada 15 días viajo a los Estados Unidos a estar con ellos, cuando estoy allá me dedico a mis hijos completamente. Confieso que siempre he sido una persona con una vida social muy activa, mi trabajo hoy no me lo permite, eso lo extraño. Los jueves, cuando no estoy viajando voy a la tertulia de Armando Benedetti, es un rato de distensión con unos personajes muy interesantes.

¿Cómo está integrada su familia?

María Helena Hernández de Vargas, mi esposa, es psicóloga de la Universidad del Norte con especialización en Desarrollo Familiar de la Universidad de la Sabana. Es una guerrera, una mujer incondicional, muchas veces me tocó decirle que nos tocaba mudarnos para otro país cuando apenas estábamos asentándonos en el que estábamos, siempre estuvo lista para apoyarme. Tenía una carrera en gerencia de recursos humanos, fue profesora de la Autónoma por nueve años, antes de que yo llegara, y tuvo la valentía de desistir de su carrera para dedicarse a la formación de los niños y apoyarme. Tengo seis hijos, el mayor es Ramsés Eduardo, siguen María Angélica, María del Mar, Daniel, Nicholas y Joshua.

¿Qué es lo mejor de ser papá?

Que lo despierten los hijos, no hay nada mejor que despertarse con un hijo hablándole al oído a uno pidiéndole que le preste el celular o que le prenda el televisor, nada sustituye cuando llego a Estados Unidos a verlos y sale María Angélica o María del Mar a darme un beso y un abrazo.

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