EL HERALDO
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Perfil 17 de Junio de 2017

De Fabio, para su papá Fabio Poveda

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Foto: Archivo particular

Fabio Poveda Ruiz

Viejo querido:
 
Toda la vida me enseñaste que los días del padre y la madre son todos, pero es inevitable que en esta fecha, cuando todos están homenajeando a sus padres, te recuerde más que nunca. ¿Y cómo no hacerlo, si fuiste mi amigo, mi confidente, mi héroe, mi ejemplo a  seguir?
 
Son tantas cosas las que quisiera decirte que no sé por dónde empezar. En estos casi 20 años sin tu presencia, he vivido cada segundo para hacerte sentir orgulloso, para, de alguna manera, mostrarte que toda la formación y ejemplos que me diste sirvieron de algo. Muchas veces me he visto indeciso a la hora de tomar una decisión y el camino que tomo es el que creo que tú habrías tomado. Todos siguen a su maestro, a su guía, pues yo sigo al mío. 
 
Estoy seguro de que muchas rabias te habría hecho coger por lo exigente que eras. A veces, mientras manejo, me veo riéndome al imaginarme una de tus rabietas porque no estarías de acuerdo con alguno de mis conceptos, como aquella vez durante el Mundial de EEUU 94, mientras viajábamos desde Los Ángeles hacia San Francisco junto a Ernesto McCausland y Jaime De La Hoz. Ellos criticaban fuertemente a Francisco Maturana por la eliminación de Colombia, y tú, fiel a tus convicciones, defendías con vehemencia al hombre que partió la historia del fútbol colombiano en dos. Aún recuerdo cómo pretendías bajarte del carro a más de 100 kilómetros por hora, porque estabas indignado ante la posición de Ernesto y Jaime. Así fuiste siempre y eso lo heredé, a veces en exceso, lo reconozco.   
 
Cuando tengo la oportunidad de dialogar con estudiantes de Comunicación Social y Periodismo les enseño las tres leyes que me recitabas casi a diario. Sin ellas no se podría ejercer esta profesión. Así, a través de mí, sigues dejando una huella indeleble. Me lleno de orgullo al darme cuenta que esos muchachos, que eran unos bebés, algunos, o no habían nacido cuando aún nos deleitabas con tus entrevistas y crónicas ¡saben quién eres!
 
 
Cómo me hubiera gustado disfrutar a tu lado de tantas alegrías que nuestro deporte nos ha dado, como los títulos de Junior, las medallas olímpicas, el éxito de nuestros futbolistas en Europa, el Mundial de Brasil y los batazos de Rentería.
 
Cuántas lágrimas de felicidad no habrías derramado al ver el nacimiento de tus nietos, pero sé que allá en el cielo cuidas cada uno de sus pasos. Es imposible no asegurar que te tendrían locamente enamorado. 
 
Cada día de mi vida trato de ser el padre que fuiste tú. Quiero que mis hijas tengan la fortuna de sentir y disfrutar de lo que yo viví. Fue una verdadera bendición de Dios tenerte como mi padre.  
 
Por eso, viejo querido, no me cansaré jamás de decir ¡gracias! Gracias porque lo que soy te lo debo a ti y a tus enseñanzas. Te sigo amando infinitamente. Hoy, casi 20 años después no me acostumbro a tu ausencia. Dicen que el tiempo cura todo, pero en mi caso, no ha podido sanar la herida y el vacío que dejaste en mi corazón.

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