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Perfil 01 de Marzo de 2014

David Ibern, un maestro de las olas y el emprendimiento

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Foto: Orlando Amador

Pasa el mayor tiempo del año recorriendo las corrientes del mar.

José Luis Rodríguez R.

Observa el mar por unos segundos y vuelve en sí. Para David Ibern Díaz, de 35 años, surfear es establecer una conexión con la naturaleza, aunque sea por unos segundos o  en la marcha de una sola ola. Advierte que no puede estar más de una semana fuera del mar, pues comienza a buscarlo para poder navegar con algunas de sus tablas.

Este barranquillero, ingeniero industrial, especializado en Logística Empresarial de la Universidad del Norte,  también es instructor de deportes náuticos, nivel II, certificado por IKO (International Kiteboarding Organization).

Aplica los conocimientos de ingeniería en su propio proyecto. Montó hace cinco años una escuela de deportes náuticos para compartir su pasión con los aficionados por el viento y las olas, llamada Kiya Kitesurfing.

Su nombre viene del Kitesurfing, una disciplina muy popular en el mundo, que consiste en la navegación de la persona por medio de una tabla y una cometa sobre el mar. Esta es la rama deportiva más fuerte de su escuela.


En los saltos hay que aprender a coordinar la postura del cuerpo.

“Siempre soñé con hacer del deporte mi estilo de vida. Me encanta estar en el agua, es algo que no puedo evitar”, comenta mientras alista una cometa para hacer lo que mejor sabe: deslizarse sobre el agua.

En 2006, a los 19 años de edad, comenzó a practicar los deportes náuticos  gracias a unos amigos que gustaban del surf.

Navegó cinco año sobre esa tabla, pero luego se retiró para terminar su carrera de ingeniería industrial y se especializó.

Entonces se fue para Cartagena a gerenciar la empresa familiar de transportes, San Carlos. Sin embargo, el mar lo llamaba. Un amigo le sugirió convertirse en un profesional del kitesurfing, ya que veía buenas aptitudes en él. Después de un año, confiesa, renunció  a la empresa y se quedó a vivir en Cartagena para aprender y  ayudar en la escuela náutica, Acuanáutica.

“Luego de un tiempo decido volver a Barranquilla porque veo el potencial que había en la ciudad y la oportunidad de negocio’, señala el hábil surfista.

En su escuela, la cual básicamente es un camión con implementos y equipo necesario para navegar sobre las olas, consta de 4 instructores más para las enseñanzas de los interesados.

En ella las personas, además del kitesurfing, pueden aprender a hacer bodyboard, que consiste en la navegación acostado sobre una tabla; SUP (Stand up Padellboard), que se enfoca en deslizarse de pie sobre la tabla; el Windsurf, que trata cuando hay una vela incrustada en la tabla y el Surf, que es la navegación popular solo con la tabla. El tiempo de aprendizaje es de máximo 12 horas.

“La mejor temporada para navegar es desde diciembre hasta mediados de abril. Entre junio, julio y agosto hay un corto verano, pero en general se puede navegar siempre, excepto en noviembre por las lluvias”, apunta.

A los pocos minutos David eleva una cometa de tamaño 9, y con la tabla en su pies sale disparado por la fuerza del viento. Mantiene las dos manos firmes  sobre la barra. Inclina su cuerpo hacia atrás y se desliza sobre el mar con velocidad. Cuando salta, por momentos parece un pez que sale desde el fondo del agua para torcerse en el aire. Con sus maniobras toca la superficie del mar con las manos, da giros y hasta alcanza alturas considerables. 

David demuestra porque al principio de nuestro encuentro, aseguró ser uno con la naturaleza cuando está en el agua.


 

MUY PERSONAL
Amo... A mi familia
Pasión... Deportes náuticos
Hobby... La vida
Detesta... La mentira
Comida... Frutas y vegetales.
Música... Reggae, jazz y hardrock. Depende de mi ánimo.
Libro... El santo, el surfista y el ejecutivo

SOBRE ÉL...

“Me gusta estar activo y la adrenalina. Siempre quise que el deporte fuese mi estilo de vida.”.

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