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Perfil 17 de Junio de 2017

Carta de Camila Chaín a su papá Carlos

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Foto: Archivo particular

Camila, durante una visita a su padre en el parque principal de Granada, Meta, donde está radicado el barranquillero.

Camila Chaín

A papito

Cuando miro mis manos, veo las tuyas; cuando alguien me dice que tengo unos lindos ojos color miel, recuerdo que tú fuiste el autor. Siempre le has dicho a mi mamá que tú pusiste el pincel y tienes toda la razón. Qué hermoso es el milagro de la vida y qué increíble es descubrirme en ti. ¿Sabes? Tengo tanto que contarte, que esto será, seguramente, solo una introducción.

Dicen que cuando todos querían un niño, tú te morías por una niña, por eso, siempre seré tu pequeña, tu primer amor, tu negra grande, porque, a todas estas, jamás me has llamado por mi nombre. Si supieras lo que siento cuando te digo que te amo y tú contestas que me amas más. Es como si nada más importara, es una verdad que vale todo el oro del mundo.

No tengo cómo evaluar tu paternidad, porque no serás nunca un buen o mal padre, con que seas el mío es suficiente para agradecerte infinitamente por traerme al mundo. Es difícil verte como cualquier ser humano, porque eres el amor de mi vida, mi héroe, mi protector. A veces quisiera devolver el tiempo y quedarme dormida entre tus brazos fuertes, escuchando el latido de tu noble corazón, bañarme contigo en el patio o ir en el coche mientras sales a trotar. Me hiciste libre, me dejaste volar, me enseñaste todo lo que sé y me regalaste un par de neurosis, que, aquí entre nos, no me disgustan. 

Amo nuestras profundas conversaciones sobre lo jodido que está el mundo y me encanta cuando me llamas solo para contarme un chiste. Me enamora tu sentido del humor, tus carcajadas son música para mis oídos. Sí, quisiera tener una varita mágica y sacar de tu alma la tristeza. La vida a veces no es lo que esperamos, pero es una sola y te lo recordaré hasta el último día. Eres mi más fiel espejo y hoy, más que nunca, comprendo las razones por las que, muchas veces, tomaste decisiones que no me gustaron. Nunca te lo he dicho, pero tenías razón con el tema del pollo asado en cada salida familiar, aquí entre tú y yo, sale carísimo invitarlos a todos a un buen restaurante. Cada que me reúno con los tíos y los primos me río mucho, porque, si yo invito, ¿adivina cuál es mi única opción? Eso sí, odié cada que no me diste plata para unos tenis nuevos o los cuadernos de moda, debo confesarte que siempre confundí el ahorro con la tacañería.

Quiero pedirte perdón por las veces que te juzgué, por no haber estado para ti en algunos de los momentos más duros de tu vida. Los hijos no queremos que papá y mamá se separen y es imposible entender que, muchas veces, es lo mejor. Para comprenderlo bien, tuvieron que pasar muchos años. Dicen que nunca es tarde, por eso, hoy quiero decirle al mundo que mi alma está llena de ti, que estoy orgullosa de todos tus logros, de tu disciplina. No eres un pediatra cualquiera, eres el mejor. Gracias por todas las vidas que has salvado, por cada niño que hoy ríe, en vez de llorar. ¿Te acuerdas de las carreras de atletismo que ganabas? Tengo todos los recortes y fotos en las que aparezco contigo en el podio, con tu medalla puesta en mi pecho. Ese gesto siempre me ha inspirado.

Siempre me pides que tenga un hijo y yo prometo que tendrás más nietos, es solo que la vida me ha llevado por muchos caminos antes de crear mi propio hogar. Hablando de eso, hoy sé que no pude elegir mejor, que ser tu hija es mi mayor tesoro. Como te dije el otro día: “yo nací mujer en un mundo de hombres, zurda en un mundo de diestros y homosexual en un mundo de heterosexuales”, pero tú me aceptas tal y como soy, no cambarías nada en mí, cada día despierto y sé que soy la más afortunada y la más amada. Quiero que nunca olvides que soy muy feliz como soy y que eso también te lo debo en gran parte a ti.

Eres como un niño consentido y un poco caprichoso, mejor aún, eres un niño grande consentido y un poco caprichoso, por eso sé que, en ciertos momentos, no puedo prestarte mucha atención, porque te malacostumbro. Aunque hace mucho que no viajas a tu hermosa Barranquilla, quiero contarte que ha crecido mucho, que cada día avanza más, que la brisa sigue soplando fuerte y la luna y el río hace un buen tiempo se casaron. La casa de los abuelos, esa que tanto adoramos y en la que pasamos los mejores momentos de nuestra vida, ya no está. Van a construir un edificio, pero no te preocupes, los abuelos nos cuidan desde el cielo y nos piden que no sintamos nostalgia, ni nos aferremos a los ladrillos, porque lo realmente importante es llevar a la familia en el corazón.

Papito, elegiste irte lejos de todos, ayudar a los más necesitados, disfrutar del campo, los peces, los ríos, pero siendo egoísta y sincera, te extraño, quisiera verte más, que me rasques la espalda mientras me duermo, que me cocines carne con arroz, verduras y patacones todos los días. Quiero ver más amaneceres a tu lado, ir a buscar camarones debajo de las piedras en la madrugada, ir a tomar fotos de la luna y sentarnos a contemplar más puestas de sol.
 
Con amor, tu hija la mayor…

 

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